Himno: «¡Oh tú fidelidad!» | Autor: Tomás Obadiah Chisholm

El profeta del Antiguo Testamento Jeremías escribió, «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grandes es tu fidelidad» (Lam. 3:22,23). Santiago, un «siervo del Señor Jesucristo», del Nuevo Testamento escribió, «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación». (Santiago 1:17).

Siglos después, Tomás Obadiah Chisholm estaba leyendo estos pasajes y se sintió inspirado a ponerlos en forma de verso. El llama a toda la naturaleza a testificar de la fidelidad de Dios en todas las circunstancias, en todas las estaciones y en todas las edades. El cita el perdón de los pecados, la paz que permanece, la divina presencia que alienta y guía, y la fuerza y esperanza diarias.

Tomás Obadiah Chisholm nació el 29 de julio de 1866 en Simpson County, Kentucky. Fue educado en una escuela de campo, y a los 16 años llegó a ser maestro de tal escuela. A los 21, Tomás llegó a ser el editor asociado de «The Franklin Favorite».

En 1893, mientras acudía a una reunión dirigida por el Dr. H. C. Morrison, Tomás sintió convicción de pecado y se convirtió. El Dr. Morrison se sorprendió de la sinceridad y de los talentos del joven hombre y lo invitó a mudarse a Louisville, Kentucky, para que fuera el dirigente y editor del periódico religioso del Dr. Morrison — «The Pentecostal Herald».

En Louisville, Tomás se sintió llamado al ministerio y fue ordenado en la Iglesia Metodista. Su primer pastorado fue en Scottville, Kentucky. Pero más tarde, a causa de una enfermedad, Tomás se mudó a Winona Lake, Indiana, para estar cerca de las facilidades ocupadas por el equipo evangelístico de Billy Sunday y Homer Rodeheaver. Aunque su trabajo primario era en el campo de los seguros, él predicaba tanto como le era posible.

Su siguiente mudanza fue hacia Vineland, New Jersey, donde otra vez combinó el ministerio con el negocio de los seguros. Además, Tomás tomó otro trabajo — escribir himnos y versos religiosos. En 1953, el ministro-escritor de himnos ya avanzado en años entró a un Hogar Metodista de Retiro en Ocean Grove, New Jersey, permaneciendo allí hasta su muerte, que fue el 29 de febrero de 1960.

A Tomás Obadiah Chisholm se le acreditan 1,200 himnos y versos devocionales. Sólo 800 himnos fueron publicados y a unos pocos se les puso música. Dos de los himnos más populares son «Vivo por Cristo» y «El Hijo Pródigo», ambos han sido traducidos a diferentes idiomas.

A los 75 años, el Dr. Chisholm le escribió a un amigo, diciendo, “Mi condición económica nunca ha sido una de abundancia debido a mi condición de enfermedad en los últimos años. A pesar de esto, no debo fallar en recordar aquí la infalible fidelidad de un Dios que cumple lo que promete, y que Él me ha dado muchas muestras maravillosas de Su provisión y cuidado, por lo cual estoy lleno de gratitud”.

El Dr. Chisholm envió algunos de sus poemas a William M. Runyan, un gran músico del Instituto Bíblico de Moody y un editor de la Hope Publishing Company. El Sr. Runyan fue profundamente impresionado con el himno «Oh, tu fidelidad» y oró, «Señor, ayúdame a componer una melodía que pueda transmitir el mensaje de una manera efectiva». La popularidad del himno prueba que la oración del músico fue contestada. La música de Runyan apareció primero en «Songs of Salvation and Service» traducido como, «Cantos de Salvación y Servicio», (publicados en 1923). Se le dió el título de «Fidelidad» en el «Baptist Hymnal», «Himnario Bautista» (publicado en 1956). Hoy en día la conocemos simplemente como: ¡Oh tú fidelidad!

¡Oh, tu fidelidad!

Oh, Dios eterno, tu misericordia,
Ni una sombra de duda tendrá;
Tu compasión y bondad nunca fallan,
Y por los siglos el mismo serás.

CORO:

¡Oh, tu fidelidad! ¡Oh, tu fidelidad!
Cada momento la veo en mí.
Nada me falta, pues todo provees,
¡Grande, Señor, es tu fidelidad!

La noche obscura, el sol y la luna,
Las estaciones del año también,
Unen su canto cual fieles criaturas,
Porque eres bueno, por siempre eres fiel.

Tú me perdonas, me impartes el gozo,
Tierno me guías por sendas de paz;
Eres mi fuerza, mi fe, mi reposo,
Y por los siglos mi Padre serás.


Publicado originalmente en: Literatura Bautista

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Categorías: Adoración Vital

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