Estos últimos días han sido bastante extraños en todo sentido. La ya bien conocida propagación a nivel mundial del Covid19 o Coronavirus en niveles pandemicos, ha ocasionado una cantidad de reacciones y actuaciones que nunca antes se habían visto o vivido. Por ejemplo escuchaba algunos relatos de partidos de Fútbol que se han jugado a «puerta cerrada», sin público y con exigencias higiénicas que son difíciles de llevar  a la hora de estar disputando encuentros de roce y movimiento deportivo. Los comentarios de reconocidos futbolistas hablan de la «simpleza» o «rareza» deportiva en medio de tales circunstancias, porque según ellos la emotividad o valor la brinda el público por un lado; y por el otro los «protagonistas» que vienen a ser los jugadores y superestrellas deportivos.

La iglesia no ha estado ajena a todo el tumulto de reacciones y acciones; sin embargo, cabría la pregunta de pretender siquiera pensar en la terminación de la iglesia al pasar por una situación como esta. Vamos a ver desde la biblia y a diferencia de eventos deportivos quien es el actor principal y el que brinda continuidad, fortaleza y dirige la comunión desde las más pequeñas esferas que componen a la iglesia:

1. La reunión de la iglesia gira en torno a Cristo

Mucho se habla de estar «dos o tres reunidos en nombre del Señor», sin embargo el pasaje va más allá de las muchas interpretaciones erradas que muestran simplicidad; ya que desde su contexto el texto bíblico habla de la responsabilidad que tiene y representa cada miembro de la iglesia en cuanto a la disciplina y orden dentro de los espacios como miembros de la iglesia; es decir, en pocas palabras el pasaje apunta a qué realmente el Señor será representado por aquellos que muestran santidad y capacidad de identificarse plenamente con Él, hasta el punto de velar por la sanidad de su iglesia. Si en esos términos nos reunimos dos o tres en nombre del Señor; allí estará Él.

2. El actor principal de nuestras reuniones es el Señor

A diferencia de los comentarios que los deportistas y la gente hizo estos últimos días, por la cantidad de juegos a «puertas cerradas» y sin público, donde mencionaban que necesitaban a la gente por un lado para animarse y por el otro a las «estrellas» deportivas; nuestra comunión la dirige, mantiene y preserva el Señor y su obra reconciliadora; quien como actor principal no dependerá de aplausos, actores secundarios o ambientes particulares; más bien desde las más pequeñas esferas familiares se harán lazos sólidos con el Señor, en la medida que dependamos y asumamos una posición de rendición que muestre una comunión verdadera como la describe el Apóstol Juan en su primera carta, capitulo 1 versículos 3 y 4; comunión y dependencia que traerá gozo y fortaleza cualquiera que sea la situación.

3. Nuestra comunión en el Señor crece en esferas que van desde lo familiar  hasta lo universal

Particularmente creo que la actual «crisis» traerá grandes beneficios a la iglesia si se entiende desde los parámetros bíblicos. Si nuestras familias aprovechan el tiempo de permanencia, cercanía y espacios para estrechar lazos; podremos aprovechar el escenario para orar, leer la escritura, cantar himnos, recitar y meditar salmos y escritos bíblicos que apunten al crecimiento, conocimiento y seguridad del Señor en tan difíciles momentos; recordando y atesorando pasajes como el de Romanos 8:28; el cual afirma que TODAS las cosas ayudan a bien a aquellos que son llamados conforme al propósito del Señor; y por supuesto, que detrás de todo esto, existe un propósito celestial, poderoso y majestuoso de Dios; contrastado con la fragilidad mostrada por las grandes «potencias» a nivel mundial y sus gobiernos que parecían ser  «superpoderosos» con economías sin aparentes fisuras; tambaleandose en tan solo unos pocos meses; siendo el gobierno y estabilidad del Señor al que se apunte y empuje desde los propósitos infinitos de Dios que para los «necios» e incrédulos, vienen a ser fantasiosos o sin razón.

Debemos entender los tiempos con cuidado, ser precavidos, atender y acatar las normas; sin descuidar la comunión intima con el Señor, sabiendo que el adversario y enemigo de Dios , también se maneja en esferas oscuras, usando todo su arsenal para aturdir mentes y provocar sosobra, desesperanza, ansiedad y muchas otras actitudes que traten de  quebrar nuestra fe y la hagan frágil y simple; no siendo está fe aquella que ha vencido al mundo y que representa al Señor. Es tiempo de ser leales representantes del Señor, sabios, amadores de Dios y de nuestros prójimos; momentos que vendrán a ser parte del fuego que purifica y nos hace sólidos y valiosos en manos del Señor.

Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en la tribulación. Salmo 46:1.

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