Los días oscuros siempre prueban la fe. Me refiero a la fe cristiana. Una fe que tiene sus implicaciones. Creer en un Dios al cual no ves. Creer en él aunque las circunstancias te sean adversas y te muestren lo contrario. Creer en él, aún en contra de lo que otros crean, y esto te produzca desafectos y te digan: «¡A quién le importa tu fe!».

Creer en él, más allá de tus pensamientos encontrados entre la duda, el temor y la fe. Creer en él sobre tu estado de ánimo y tu cuerpo indispuesto, de esos días en que tu fe pareciera no tan firme y el cielo se torna gris. Creer en él más allá de oraciones sin «aparentes» resultados. Creer en él, aunque tus fuerzas flaqueen y te digas:« ya no puedo más». Creer en él, aunque el camino parezca largo y a cuesta. Creer en él, en esperanza contra esperanza.

Porque A Dios sí le importa tu fe .Así que, levantate, él siempre te ayudará, para que puedas seguir corriendo y confiando en él.Tienes una gran nube de testigos que corrieron esta carrera ante que tú, (Hebreos 12:1). A Dios sí le importa tu fe, y te anima a poner tu mirada en el autor y consumador de la fe cristiana(v.2). Por tanto, no quedarás postrado en el camino.

Echa tu ansiedad sobre Él y velad por tu fe, tu adversario no descansa. Y recuerda que otros al igual que tú, también en medio de sus dificultades, corren esta carrera. Pero Dios que es fiel, logrará lo que se ha propuesto en ti(I Pedro 5:7-10), porque a Dios sí le importa tu fe.

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Categorías: Reflexiones Pastorales

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