Como padres, somos el impulso de nuestros hijos. A veces solemos ver un jovencito bien portado, y nos preguntamos ¿Es de verdad? ¿Cómo lo hicieron sus padres? ¿No se les hizo tan difícil como a muchos de nosotros? Lo cierto es que la clave se encuentra en el tiempo que se invierte en su niñez; ese es el secreto que se revela tanto en la Biblia como en las experiencias de esos padres que ya han superado la adolescencia de sus hijos.

El crecimiento normal de nuestros pequeños (Lc. 2:52)…

Durante los primeros años de vida, y en particular desde el embarazo hasta los tres años, los niños necesitan nutrición, protección y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente. Los estudios neurológicos demuestran que los primeros años desempeñan un papel clave en el desarrollo del cerebro del niño. Las primeras experiencias de un niño, los vínculos que forman con sus padres y sus primeras experiencias educativas, afectan profundamente su desarrollo físico, cognitivo, emocional y social en el futuro.

Por eso es tan importante que, como padres, logremos ver lo ventajoso que es amar, desafiar, enseñar, modelar, alentar, escuchar, respetar, limitar y orar por nuestros pequeños con mucha disciplina y constancia durante estos primeros años. No significa que al superar la edad de los cinco años ya no tendrá importancia aplicar estos principios para la crianza efectiva, por el contrario, debería ser un hábito arraigado en nosotros.

¿Quién ejerce mayor influencia en nuestros hijos?

Es cierto, los niños reciben muchas influencias fuera de casa, se encuentran a los amiguitos de la cuadra, los de la escuela, también los primitos, y el tío o abuelo. Pero la más duradera, y con mayor impacto en su vida, es la que ejercen sobre ellos sus propios padres.

El hogar es la verdadera catapulta para que los hombres y mujeres que están en nuestras manos, ingresen al complejo mundo que les tocará vivir. Esa es la legítima plataforma de lanzamiento. Hay muchos padres que se lamentan por no tener una buena relación con sus hijos adolescentes o jóvenes, y eso es muy triste. Pero hay una verdad que nos puede ayudar a combatir esa triste realidad, y es que la buena inversión durante la niñez de nuestros  hijos, facilita la corrección en el tiempo más difícil como la adolescencia y juventud.

¿Y si dejo que otro haga mi trabajo? (Ef. 6:4)

Lo cierto es que también existen espacios equivocados donde los padres depositan su confianza para el desarrollo de sus hijos en estos primeros años. Uno de esos es la escuela; y sabemos que las maestras están preparadas para esta labor. También está la iglesia, porque el pastor y las maestras infantiles son excelentes con sus dones. Y ¿qué decir de los abuelos o tíos? Es que ellos tienen la experiencia. Pero resulta que este camino no es el diseñado por Dios para la crianza efectiva de nuestros hijos, pues en efesios 6:4 podemos notar que solo a los padres se les da la orden directa de “criar a los hijos”. Ellos no son propiedad nuestra, y, a su tiempo, partirán de casa con los principios, valores y enseñanzas que nosotros hayamos sembrado en sus mentes y corazones.

Una verdad innegable…

Somos padres imperfectos tratando de ser ejemplo para nuestros hijos. Inculcamos en ellos los principios y valores que, consideramos, les ayudarán a tomar las mejores decisiones, o, por lo menos, a enfrentar adecuadamente las consecuencias de las malas.

Recordemos el pasaje donde el Apóstol Pablo le escribe al joven Timoteo: “Tu abuela Loida y tu madre Eunice confiaron sinceramente en Dios; y cuando me acuerdo de ti, me siento seguro de que también tú tienes esa misma confianza”, 2 Tim 1:5, haciendo referencia acerca de cómo el ejemplo de ellas impactó en la fe de este joven. Entonces ¿cuál es nuestra tarea como responsables de esas vidas? Orar a Dios para que nos permita impactar de esa misma forma la vida de nuestros hijos, con un ejemplo lleno de fe y amor por Dios.

Nos vemos en la próxima parte de la serie ¡No te la pierdas!


Publicado originalmente en su blog 1diademama

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