Dedicarnos a la instrucción de nuestros hijos en la palabra de Dios, es una ardua y retadora labor. Eso no significa que no podamos lograrlo. Se requiere decisión firme, pasión, amor y constancia por parte de nosotros los padres para crear el hábito. Dios nos dejó establecido en Deuteronomio 6:7-9 que debemos hacerlo, que debemos hablar a nuestros hijos de Su verdad y Poder. No es solo un mandato, sino una necesidad. Necesitamos enseñar a nuestros hijos la palabra de Dios para que ellos sepan quién es Dios, lo tanto que los ama y conozcan su plan  salvador para ellos.

Se requiere decisión firme, pasión, amor y constancia por parte de nosotros los padres para crear el hábito en ellos. Si no transmitimos la biblia viva a nuestros pequeños, ellos se olvidarán de Dios. ¿Quieres eso para ellos?¿Que crezcan sin conocer a Su Creador, Padre y Salvador? ¿Te imaginas a tus hijos viviendo sin conocer al Señor? Y lo más fuerte ¿que sea responsabilidad nuestra, papá y mamá, el no haberles llevado a conocer a Dios porque nunca les mostramos la verdad de Su palabra?

La Biblia nos demuestra un plan hermoso para el presente y futuro de nuestros hijos. Una verdad basada en que:

 La lista es larga. Son muchas las promesas que Dios nos ha dejado para cumplirlas en ellos. Pero ¿Cómo se hacen visibles? Tenemos que creer y poner la fe en acción. Entender que Dios no nos dio a nuestros hijos para que se perdieran en este mundo.

¡Debemos criar con propósito! Con la intención de instruirlos cada día en la palabra de Dios, con todo sentido y significado, sabiendo que los resultados no los veremos al momento, pero son resultados eternos. Cada siembra generará una cosecha duradera en ellos.

Es un trabajo DIARIO. Apóyense el uno al otro, esposo y esposa, para poder lograr esta crianza. Si eres madre soltera, lo podrás lograr tomada la mano de Dios, Él como tu esposo y Padre de esa criatura. Hay un modelo bíblico que ha permanecido y permanecerá por la eternidad: Instruir a nuestros hijos en el camino de la verdad, la vida y la justicia, el camino de Dios Deuteronomio 6:7-9. ¿Cómo?

  • Llevándolos cada día hacia la cruz.
  • Impartiéndoles la palabra de Dios a diario.
  • Usar cada momento para llevarlos a Dios. 
  • Convertir lo cotidiano en experiencias evangelizadoras.
  • Enseñarles, cada día, que todo fue creado por Dios y para su Gloria.
  • Corregirlos sabiamente.
  • Enseñarles a imitar a Jesús, así como lo imitamos tú y yo.
  • Orar con ellos.
  • Sembrar, cada día, en sus corazoncitos la palabra de Dios (cantada, leida, con figuras). 
  • Afírmales su identidad en Cristo (eres de Dios, serás una gran mujer u hombre de Dios, eres una princesa de Cristo, eres un niño de Dios).
  • Sembrarles el temor y el respeto hacia Dios. (No es terror hacia Dios, es temor es reverencia ).
  • Esforzarnos en dejar una huellita en su corazón cada día con las cosas de Dios.
  • Demostrarles, en las cosas pequeñas, que deben confiar en Dios.
  • Demostrarles, en su día a día, que Dios siempre les va a cuidar del peligro.
  • Memoricen versículos juntos, y úsalos para cada ocasión que amerite recordarlo y afianzarlo en esa verdad.
  • Vivan en devoción diaria a Dios, y ellos imitarán eso.
  • Más que un tiempo devocional con ellos, vive en devoción a Dios con ellos.

Aunque a veces sintamos que estamos hablando con el viento, o nos veamos tontas porque pareciera que no prestan atención, tranquilas, recordemos que estamos sembrando, y todo lo que sembraremos en ellos, eso cosecharemos Proverbios 22:6. No permitamos que nuestra generación no conozca a Dios, así como pasó en Jueces 2:10. Quizás también nos haya pasado lo mismo, que nos criamos en el evangelio pero nos apartamos, y ahora que somos mamás, queremos instruir a nuestros hijos en el camino verdadero; hay tiempo para nosotras también. Dios llega justo a tiempo a nuestras vidas.

¡Seamos valientes y esforzadas! La instrucción a nuestros hijos no es trabajo fácil ni se da de la noche a la mañana. Instruir significa proporcionar conocimientos, habilidades, ideas o experiencias a una persona para darle una determinada formación; y eso requiere de mucho tiempo; es un día a día.

Si tu esperanza aún no reposa en Jesús, quiero invitarte a hacer esta oración con fe y con todo tu corazón: Mi Dios y creador, perdona mis pecados, reconozco que no hay otro camino para acercarme a ti más que Jesucristo. Reconozco hoy que te necesito y que mi alma tiene sed de ti. Socórreme en este tiempo difícil y ayúdame a permanecer confiando en ti sin desmayar ni retroceder. Límpiame de toda mi maldad y ayúdame a poner mi esperanza en ti y en tu palabra viva. Te amo y quiero amarte hasta el fin.


Publicado originalmente en su blog Vestigios en el corazó

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