A lo largo de la historia han ocurrido eventos en contra de la iglesia para tratar de callarla. Los enemigos del evangelio, satanás y sus aliados, no han cesado; han trabajo con insistencia, han perseverado, pero no han podido detener a la iglesia de Jesucristo. La iglesia es indetenible; la iglesia de Dios prevalece por encima de cualquier circunstancia. En Juan 18:19-21, el Sumo Sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.

Jesús le respondió: «Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho». Era apenas el comienzo de aquellas angustiosas horas que vivieron los seguidores de Jesús. El maestro había sido entregado, momentos antes en manos de sus verdugos. Jesús había asumido toda la responsabilidad y pidió a los guardias que dejaran ir a sus discípulos, porque a él era que buscaban.

Aquí Jesús se encuentra frente Anás (un personaje influyente que había sido sumo sacerdote y era suegro de Caifás, el Sumo Sacerdote de ese momento). Este hombre buscaba pruebas contundentes para incriminar a Jesús; no había nada que  lo culpara, por eso buscaron testigos falsos en su contra. Los testimonios de ellos no concordaban, sin embargo, siendo inocente, fue culpado como un malhechor. Ellos aquí querían dar una gran estocada. Tenían al líder en su poder y querían ir por sus discípulos, posiblemente abrir juicio en su contra por sediciosos o conspiradores. Jesús mismo les responde que no había nada oculto, pues sus enseñanzas ellos las conocían. Habían estado investigando a Jesús desde el comienzo de su ministerio, le tenían una cacería por todas partes, y sabían quiénes eran sus discípulos, incluso, uno de ellos era conocido del sumo sacerdote.

«¿Dónde están tus discípulos, o quiénes son tus discípulos y qué les has enseñando?»

La respuesta de Jesús deja ver que no iban a lograr sus objetivos: «Públicamente he hablado al mundo, siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo donde se reúnen todos los judíos y nada he hablado en oculto». Esta contundente respuesta de Jesús deja ver que sus enseñanzas eran públicas, es decir, ellos no eran conspiradores ni se habían levantado como un partido secreto, ni mucho menos era un «grupito» al cual ellos podían disuadir fácilmente; eran multitudes porque había enseñado abiertamente.

Por otra parte, simultáneamente en el patio del pretorio, mientras se calentaban, a Pedro le preguntaron: «¿Eres tú discípulo de Jesús?» Lo cual negó contundentemente. Él había tenido el valor de seguirlo y estar allí mientras buscaban pruebas para culpar a su maestro, pero no tuvo el valor para responder con la verdad; se cumplió lo que Jesús le había dicho que ocurriría. Pedro tuvo la oportunidad de cambiar su respuesta, pues la historia lo deja ver. Por eso, ante los intentos del enemigo de querer detener la obra del señor, se consigue con un fuerte obstáculo llamado iglesia, que somos nosotros, los discípulos de Jesús; un ejército de hombres y mujeres dirigidos por espíritu santo que no se detiene.

La historia nos demuestra que miles de cristianos murieron, heroicamente, por su fe y coraje. Fue algo tan llamativo que Tertuliano dijo: «La sangre de cristianos es semilla de cristianos». (Tomado de Glorias, tragedias y victorias de la iglesia de Jesucristo a través de los siglos).

¿Dónde están los discípulos de Jesús? Si esa pregunta se la hicieran hoy, ¿cuál sería su respuesta?

Buena pregunta para reflexionar, pregunta con un gran peso para nuestras vidas. Somos discípulos porque seguimos al maestro, porque practicamos sus enseñanzas, y porque tenemos la fe puesta en su obra salvadora. El maestro pagó un alto precio; fue condenado injustamente, puso su vida en la cruz por nosotros, venció a la muerte, y ha resucitado. Muchos dieron testimonio valientemente de su fe y esperamos su regreso.

¿Eres tú uno de ellos? ¿Cuál sería tu respuesta si te encontraras en una situación parecida a la de Pedro?

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