Daniel B. Miller en el libro devocional «Junto a Aguas de reposo» relata una intersante anécdota:

Una dama caminaba por parajes rurales de un país europeo. En eso se topó con un redil de ovejas. Se atrevió a entrar y ante sus ojos de desplegó un cuadro interesante. En el suelo estaba el pastor, sentado, y las ovejas de su aprisco estaban a su alrededor. Pero le llamó la atención que, sobre un montón de pasto o forraje estaba una ovejita que evidentemente sufría. Tenía una patica quebrada. La mujer conmovida le preguntó al pastor cómo se había dañado la ovejita. Para su sorpresa éste le respondió apesadumbrado: -Yo mismo tuve que hacerlo. Y le explicó: De todas mis ovejas, ella era la más desobediente. En varias ocasiones ha vagado muy cerca de un precipicio peligroso. Pero no es que solo sea desobediente, es que también estaba descarriando a otras ovejas. Y dado que tengo algo de experiencia con este tipo de miembros del rebaño, no me quedaba otra opción. Pero vea, querida señora, cuando esta ovejita sane de su patica fracturada, será la oveja ejemplo de mi rebaño. Ninguna otra estará tan presta en oír mi voz y seguir mis pasos como ella. Y en lugar de hacer que otras se descarríen, ella será ejemplo de obediencia y sujeción.

Bien dice el escritor a los Hebreos 12.11: «Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza, pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados». Amados de Dios, en el Señor tenemos un Padre Celestial que nos ama. Y como nos ama, nos disciplina y corrige. A veces suave, a veces fuerte. Y esa corrección no quiere decir que se cansó de nosotros o que nos odia. Simplemente nos disciplina para que mejoremos en nuestro carácter y seamos un ejemplo para otros creyentes. Y no olvidemos la exhortación : «Hijo mío, no me menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo aquel que recibe por hijo» Hebreos 12.5-6.

Y, como bien dijo alguien: Dios desbarata a veces nuestros planes para que nuestra vida no se nos arruine. Que el Señor nos ayude a mirarnos en la perfecta ley de Jehová, evaluar nuestros caminos y aceptar la corrección del Todopoderoso. Amén.

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