¿Por qué nunca debo hablar mal de mi esposo? 

¿Sabías que cuando hablamos mal de nuestros esposos, estamos hablando mal de nosotras mismas? Recordemos que somos una sola carne. Ya no somos dos, sino un  solo ser. Al unir nuestras vidas en el vínculo más sagrado, como es el matrimonio, nos convertimos en una sola pieza ante el Señor.

Ahora estamos pegados, unidos, fusionados, siendo sólo uno; y eso es maravilloso. Así nos lo expresa Dios muchas veces en su palabra. Leamos este pasaje que ya conocemos:

«Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.»

‭‭Génesis‬ ‭2:21-25‬ ‭RVR1960‬‬

Hoy día, podemos ver y escuchar a mujeres hablar mal de sus maridos —aún mujeres cristianas—. Olvidan que, decir algún tipo de comentario negativo sobre nuestro cónyuge, es igualmente decirlo de nosotras mismas. Tú y yo representamos a nuestros esposos en todo. 

Lo que decimos

Cuando hablamos mal de ellos, estamos hablando mal de nosotras también. Destruir a nuestro esposo con nuestra boca, es destruirnos a nosotras. Quejarnos de él ante otros, es quejarnos de nosotras mismas; porque los dos somos uno solo, es decir  la misma carne. 

Nos debe causar dolor cuando hablamos mal o criticamos a nuestros compañeros de vida, porque lo estamos haciendo de nosotras mismas; nos estamos dañando sin darnos cuenta. Cada frase negativa que digamos y termine hiriendo el corazón de nuestros esposos, nos herirá en algún momento a nosotras también. Cada respuesta negativa que emitan los demás acerca de ellos, la están haciendo  también en contra de nosotras.

Cuando hablamos mal de nuestros esposos estamos pisoteando su autoridad, su imagen y su estima, matando de alguna manera su reputación. Estamos poniendo en peligro su testimonio ante los demás, lo que significa que el nuestro también se verá afectado.

Hay tiempo para rectificar

«Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.»
‭‭Efesios‬ ‭5:29-31‬ ‭RVR1960‬‬

Este versículo muestra de una forma preciosa, cómo debemos tratar a nuestra propia carne. Nosotras no maltratamos nuestro propio cuerpo, ni lo dañamos, antes bien, nos cuidamos muchísimo. Es poco común que hablemos mal de nosotras mismas, que nos destruyamos u ofendamos. Entonces, no perdamos de vista que  cuando hablamos bien de nuestros cónyuges  y les cuidamos, es como si lo estuviéramos haciendo con nosotras; pues somos una sola carne con ellos.

Lo que Dios demanda de nosotras 

Aunque a veces pensemos que tenemos  razones para hablar mal de ellos, Dios nos manda a orar por ellos, no a destruirlos. Sin embargo, muchas veces, las críticas que hacemos a ellos, es más el reflejo de nuestra maldad o pecaminosidad  y todos esos defectos que abundan en nuestra propia vida, que cualquier otra cosa. 


Dios nos mandó a que respetáramos a nuestros maridos, y eso lo deja muy claro en Efesios 5:33. Dios sabía de nuestra tendencia a irrespetar la posición de nuestros amados, por eso es imperativo que les respetemos. Sin embargo, tengamos claro esto: Él, (Dios)es el único que puede ayudarnos a respetarlos.  

¡Atención!

Mujer y esposa, aunque muchas veces queramos no bendecir a nuestros esposos con lo que hablamos, vamos a esforzarnos, con la ayuda del Señor, a cerrar nuestros labios para no proferir ninguna palabra deshonesta o crítica que les desacredite. Pidamos a Dios sabiduría para construir nuestro matrimonio, y no destruirlo con nuestras manos y con nuestra boca; ya que eso es propio de la mujer necia. 

Oremos

Roguemos a Dios como lo hizo el salmista:

«Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.»

‭‭Salmos‬ ‭141:3‬ ‭RVR1960‬‬

Hagamos un compromiso

No más críticas sobre cualquier área de sus vidas. Dejemos de emitir juicios y quejas en su contra. Recordemos que ellos también luchan y necesitan de nuestra oración para vencer esas áreas que les están resultando difíciles. Ya dejemos de ver a nuestros esposos como enemigos y pongamos nuestro enfoque en lo que somos, una sola carne. 

Recomendaciones

Cambiemos la crítica por el elogio y resaltemos sus virtudes, las cuales sabemos que son muchas, en lugar de destacar sus fallos. Tú y yo sabemos que a nuestros esposos les hace bien escuchar palabras de afirmación, que levantemos su estima y elevemos su autoridad bíblica. 

Ellos nos aman y valoran más cuando enfatizamos y hablamos bien de su identidad como hombres de Dios. Definitivamente, nuestros esposos tienen cosas muy buenas. Ya basta de ver siempre las malas.

Hablar bien de ellos, es hablar bien de nosotras mismas; de la misma manera  hablar mal de ellos, es destruirnos a nosotras también. 

Para reflexionar 

Hazte esta pregunta:

¿Cuándo fue la última vez que hablaste bien de tu cónyuge? 

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