Nota del Editor: este artículo corresponde a la II Parte de la SERIE: Corrección conforme a la Palabra de Dios. Puedes leer la primera parte aquí


Una de las incertidumbres más grandes que tenemos cuando nos enteramos que seremos padres, es: «Ahora ¿cómo debo criar a este hijo?»

Es muy fácil cuando nos dicen «no debes hacer que tu hijo(a) se llene de ira», pero ¿Cómo llevamos eso a la práctica? ¿Cómo no hacer de nuestros hijos unos malcriados, pero tampoco niños llenos de odio?

Pues quiero compartir algunos consejos que considero importantes poner en práctica para evitar provocar la ira en nuestros hijos.

  1. No esperemos de ellos más de lo que son capaces de dar o hacer (Col. 3:21). No subestimemos, pero tampoco sobreestimemos las capacidades de nuestros hijos. Por el hecho de ser pequeños no creamos que no entienden lo que les explicamos o pedimos hacer; nos sorprenderíamos si les damos la oportunidad. Eso sí, debemos cuidarnos en ser equilibrados, pues de acuerdo a las capacidades que vayan mostrando se les va ayudando a explorarlas. No le exijamos a nuestro hijo de un año que nos ayude a limpiarla casa, pero tampoco le neguemos la oportunidad de tomar la escoba para intentarlo.
  1. Tengamos cuidado de la forma en que los reprendemos o corregimos. Proverbios 15:1 nos describe la forma respetuosa y cortés en que debemos tratar a las personas, lo que también aplica para los niños. Cuando le hablemos a nuestros hijos, evitemos el uso de palabras como: «¿Hasta cuándo tú?», «Tonto», « ¡Qué torpe! », «Cabeza hueca». Palabras como estas pueden ser armas mortales. Estas dejan cicatrices en los hijos; si tenemos la costumbre de hablarles así, pidámosles perdón y procuremos,de inmediato, asegurarles que en verdad les amamos y respetamos.
  1. Pongamos en práctica lo que predicamos (1Co. 11:1). Ellos son capaces de señalarnos esas cosas que ven mal en nosotros, pues les hemos educado qué está bien y qué está mal. Sin embargo esto ocasiona un choque en su enseñanza. 1 Co. 11:1, y Mt. 23:3-4 nos dan muestra de la integridad que debe caracterizarnos como cristianos. Debemos evitar la dualidad por el bienestar de nuestros hijos. No seamos unos en casa, y otros totalmente diferentes en la calle, en la iglesia, en la oficina, o en casa de los abuelos. Los niños detectan enseguida la falta de sinceridad y la hipocresía; esto les afecta profundamente.
  1. Debemos enseñarles que es valioso cultivar principios bíblicos (Gá.1:10). Nuestra sociedad ha hecho ídolos a la fuerza, belleza, inteligencia y capacidad atlética. Según la Biblia, esta forma de medir el éxito no es correcta porque Dios valora la obediencia a Él. Así que, como padres cristianos, debemos esforzarnos en demostrarles a nuestros hijos que no los valoramos en base a estas cualidades superficiales; antes bien, que valoramos la obediencia, el respeto y cosas similares. Un niño honesto y amable, debe ser reconocido por sus padres, no solamente por sus buenas notas y desempeño atlético.
  1. Tengamos momentos gratos con nuestros hijos. Almacenar en la memoria experiencias agradables, generará una buena actitud hacia nosotros y proveerá el necesario fundamento en nuestra relación cuando tengamos que corregir, reprender o castigar a nuestros hijos. En muchas ocasiones, el recuerdo de momentos gratos que han compartido junto a nosotros sus padres, les ayudará a comprender que no somos ogros ni aguafiestas que disfrutamos ser malos con ellos.

Aún hay más consejos que compartiremos en una próxima publicación, ¡No te los pierdas! ¡Ánimo padres, que sí es posible educar y corregir bíblicamente!


Publicado originalmente en el Blog 1 Día de Mamá

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