El ministerio pastoral puede catalogarse como una tarea que requiere dedicación exclusiva, lo que llama a una consagración para su cumplimiento fiel y eficiente. ¿Y por qué me refiero al ministerio pastoral y no al oficio de pastor como la unidad mínima de ejecución?, porque considero que esta tarea no estaría completa si se lleva a cabo por una sola persona, es necesario contar con un equipo que permita que esa dedicación exclusiva del ministerio sea real y que garantice al mismo tiempo un cuidado reciproco e integral de todo el cuerpo: La Iglesia.

Entendiendo que es una tarea de equipo, es probable que, además, el ministerio pastoral pueda o deba estar formado por hombres bi-vocacionales y por hombres a tiempo completo. Para ambos casos, el Señor en su Palabra deja bien claro como Él cuida a su pueblo y como debe ser cuidado por aquellos a quienes les delega parte de esta responsabilidad, lo cual no es poca cosa, y por lo tanto demanda de quienes estén al frete de tal labor, estar cien por ciento activos y vigilantes para que no se les escape ningún detalle.

Es posible que por más que se imprima esfuerzo en seguir el ejemplo de Dios como pastor de Israel, apenas se logre solo ser una sombra de lo que realmente se debería ser, sin embargo, con la ayuda de su Espíritu Santo y entendiendo que Él es el Buen Pastor y que la iglesia es su pueblo, el ministerio pastoral tendrá un significativo impacto en las vidas de los creyentes.

No se trata de cumplir solo con una tarea, tanto para un pastor tiempo completo como para uno bi-vocacional, este oficio debe convertirse en un estilo de vida. La labor pastoral no debe activarse solo cuando se está frente al escenario donde todos lo ven, o cuando esta frente a alguien que busca cualquier tipo de ayuda, el trabajo del pastor debe estar activo en todo tiempo, porque requiere dedicar tiempo no solo al ministerio público, sino también al encuentro personal con el Señor y entender que la mayor motivación que debe tener en esta tarea es el amor por el Señor y por su pueblo. Otro motivo para pensar que no es poca cosa.

El ministerio pastoral es como iniciar un viaje largo en un crucero donde no tienes más alternativa que permanecer gozoso dentro de la nave y disfrutar durante todo el recorrido. En el corazón de Dios está el amor por toda la tripulación, y para Él es importante que los que los que toman el timón, sean personas que cumplan con las exigencias de Dios. Es importante que un pastor no solo cumpla con los requisitos de Dios para guiar a su pueblo por el rumbo correcto, sino que además sepa y aprenda a obedecer la voz de Dios, a dejarse primeramente guiar por Él y así poder guiar a su iglesia.

Para conducir un barco no solo hace falta contar con una licencia que te acredite, sino que más importante que eso está el saber hacerlo de manera correcta, el oficio bíblico de pastor no es algo que se consigue en un curso, instituto o seminario; de hecho, no todo el que dice ser pastor va a pastorear a la iglesia; es necesario cumplir con un perfil que reúne un alto estándar de Dios en cuanto al carácter, familia y ministerio, pero también ejercer el ministerio con un corazón de pastor.

Cuando un pastor no cumple con este perfil, se puede considerar como «no calificado» para tal oficio, y cuando eso es así y no se corrige a tiempo, trae mucho dolor a la iglesia, puede hacer que el barco tome un rumbo equivocado y hasta se hunda en aguas muy profundas y oscuras, será muy difícil para el pueblo de Dios escuchar claramente la voz de Dios cuando no hay un buen modelo o ejemplo a seguir. La mirada de la iglesia debe estar puesta en el Señor, es cierto, pero un ministerio pastoral eficaz debería tener su mirada también en el Señor y en la iglesia, pero esa mirada será empañada por la humedad de sus debilidades sino las limpia a tiempo.

Los peligros que amenazan a la iglesia hoy no son muy diferentes a los que amenazaban al pueblo de Israel: la falta de un liderazgo emergente entrenado de manera intencional para que diera continuidad a la tarea de guiar al pueblo, la indisciplina hacia las cosas espirituales, la indiferencia, la falta de amor por el pueblo y la ausencia del celo por la exposición fiel de la Palabra de Dios.

Además de esos peligros, podemos añadir, las motivaciones incorrectas para asumir el ministerio, una visión incorrecta de la misión, propósito y naturaleza de la iglesia, una mala interpretación del papel que debe desempeñar la mujer en la iglesia local, entre otros. Ante estos peligros es importante resaltar la urgente necesidad que tienen los creyentes de una atención personalizada por parte del ministerio pastoral. Esta atención no se puede asumir, se debe supervisar y asegurar que sea dirigida a toda la membresía de la iglesia.

Por eso y muchas otras cosas mas, el ministerio pastoral no es poca cosa.

Compartir

0 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *