INTRODUCCIÓN (Original)

¡Cómo han pasado los años!
De joven a la vejez,
de hijo primera vez,
de padre fui muy constante,
con mi ejemplo fui estandarte
a cuantos yo conocí.
A esta edad he llegado
por la gracia del Señor
y me siento muy feliz.
Sirvo a mi Señor Jesús
en este cuerpo de ancianos
como ahora se le llama,
y aunque mi mente me falla
y mis fuerzas me abandonan,
quiero darle a Él la honra
por considerarme fiel
y así quiero permanecer
hasta que llegue mi hora.1

Uno de los más altos privilegios que un creyente puede tener es servir al Señor en aquello para lo cual fue llamado. Particularmente el servicio al cuerpo de Cristo como anciano es una responsabilidad que nos llena de «temor y temblor» por sus altas exigencias y graves responsabilidades. Aceptarla no es fácil. Por ello admiramos y respetamos a todos aquellos creyentes que han asumido esa responsabilidad y se han mantenido fieles al Señor a lo largo de sus ministerios.

En nuestro caso, somos un grupo de seis ancianos que durante casi una década hemos servidos juntos al Señor en una iglesia local. Ninguno de nosotros pidió que fuese así, ni pensó que sería así. El Señor mismo nos fue convenciendo de la necesidad de unir nuestros esfuerzos y cooperar como equipo en la edificación de la iglesia. Juntos hemos compartido tristezas y alegrías, angustias y sosiegos, derrotas y victorias. Hemos visto una y otra vez la realidad siempre vigente de aquella declaración bíblica:

«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantara a su compañero; pero ¡ay del solo! Que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante» (Eclesiastés 4:9).

Podemos dedicar las siguientes paginas a compartir todas estas experiencias que juntos hemos vivido y estamos seguro de que ello podría animar los corazones de muchos de nuestros colegas de ministerio. Sin embargo, ese no es nuestro propósito al compartir con ustedes este texto. Mas bien nuestro propósito es mostrar que la voluntad de Dios para la dirección de la iglesia es que un grupo de ancianos calificados bíblicamente la conduzcan bajo la guía del Espíritu Santo. No queremos hablar tanto de nuestra experiencia, la cual consideramos muy gratificante, sino de las consideraciones bíblicas que nos han convencido a lo largo de estos años que Dios estableció un modelo para la conducción del cuerpo de Cristo y que ese modelo puede ser claramente identificado en el Nuevo Testamento.

Nuestra iglesia no tiene ninguna afiliación denominacional asi que no defendemos a ultranza ninguna de las formas clásicas de gobierno eclesial ni estamos comprometidos con ninguna postura particular.2

Hemos tenido la libertad de evaluar a la luz de la Biblia los principios sobre la dirección de la iglesia y de asumir aquello que hemos considerado mas ajustado a los principios divinos.

Queremos también compartir con aquellos colegas de ministerio que ya están funcionando como cuerpo de ancianos algunos principios y estrategias tanto para manejarse como equipo como para conducir la iglesia. Hemos puesto en práctica la mayoría de estas estrategias y hemos comprobado su eficacia. Quizá no todas apliquen a la situación particular de su iglesia, pero al menos puede darle algunas ideas de como ajustarla a su realidad.

Finalmente queremos animar a aquellos colegas que posiblemente aceptan los principios bíblicos expuestos en este texto, pero luchan con la pregunta: ¿cómo puedo aplicarlos en mi propia iglesia? Entendemos perfectamente esta situación. Nosotros la hemos vivido muchas veces y seguramente la seguiremos viviendo en el futuro. Los cambios de paradigmas en la iglesia local son unas de las experiencias más angustiantes para aquellos que estamos convencidos de la necesidad de cambios, pero al mismo tiempo no queremos afectar a ningún creyente. Moverse entre los cambios y la sensibilidad de los creyentes no es fácil. Pero aquellos que dirigimos la iglesia estamos obligados a hacerlo y hacerlo de tal manera que Dios sea glorificado y la iglesia edificada.

Es nuestro anhelo que este texto cumpla estos objetivos descritos anteriormente. Revise estas consideraciones con toda honestidad. Asuma la actitud de los nobles judíos de Berea, quienes escudriñaron con diligencia las Escrituras para confirmar si los mensajes de Pablo eran bíblicos (Hechos 17:11). Examine toda la evidencia con una mente y un corazón abiertos a lo que el Señor quiere mostrarle. Nuestra oración es que aquellos que fuimos llamados a servir al Señor en la conducción de la iglesia escuchemos del «Príncipe de los pastores» las gratas palabras de aprobación por una labor bien cumplida.

Los ancianos de la iglesia «Dios es Amor»

Eduviges Núñez (dif.), Ángel Pereda, Juan Gonzáles, Danny Carpenter, Samuel Marcano, Rodolfo Oliveros.


1 Fragmento de un poema escrito por el hermano Eduvigis Núñez a los 87 años de edad, Eduvigis sirvió como anciano en la iglesia «Dios es Amor» desde el año 1961 hasta 2014, cuando murió a los 96 años.

2 La iglesia evangélica «Dios es Amor» en la ciudad de Maturín, Venezuela, fue fundada en octubre de 1926 por un equipo de misioneros independientes quienes formaron una organización llamada «Orinoco River Mission» que se dedicó exclusivamente a fundar iglesias en el oriente del país. Estos misioneros siguieron las pautas generales de las iglesias congregacionales y fundamentalistas.

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