Seguramente a todas nos pasa. Nos cuestionamos demasiado. Nosotras las madres siempre estamos evaluando nuestro rol, a diario. Por nuestra mente pasan muchos pensamientos de juicio hacia el papel que ejercemos con nuestros hijos. «¿Lo estaré haciendo bien?», «¿Mis hijos serán felices con mi crianza?», «¿Mis actitudes le harán daño?», «¿Los estaré educando correctamente?», «¿Le estaré dando la alimentación adecuada?», «¿Será que hice mal pegándoles?», «¿Los habré castigado muy fuerte?», «¿Me habré sobrepasado en la disciplina?»… 

Nuestra mente piensa demasiado. Nos cuestionamos mucho preciosas mamás. ¡Queremos ser madres perfectas, intachables! Allí está nuestro problema. Es una gran debilidad. No significa que no vayamos a cumplir nuestro rol, que no seamos madres eficaces, o que no cumplamos con el diseño divino que Dios nos dio a nosotras las madres. El problema está en tratar de querer hacerlo todo «bien», «perfecto», sin defectos. Esto es imposible. Si seguimos intentándolo de esta manera, nos agotaremos mental y físicamente. Es tiempo de dar un alto a tantos cuestionamientos, y confiar en el Señor CADA DÍA para ser madres eficaces, no perfectas. 
La madre que desea ser «perfecta» en la crianza, siempre tendrá ese dilema: «¿Por qué lo hice?», «¿Cómo lo hice?», «No debí hacerlo», «Soy la peor», «No me lo perdono», «Debí hacerlo mejor», «Debí ser diferente», «Soy culpable». Esto no quiere decir que no vamos a evaluarnos como madres, acerca de cómo estamos cumpliendo nuestro papel. Pero debemos aprender a lidiar con estos dilemas, con estos cuestionamientos. Dios está dispuesto a aliviar nuestra alma y refrescar nuestro espíritu agotado y abrumado.
Estos dilemas, cuestionamientos y pensamientos de juicio, nos demuestran una sola cosa: Somos madres imperfectas, necesitadas de nuestro buen Dios perfecto. Nos demuestra nuestra fragilidad como humanas, y nuestra falibilidad. Revela nuestra incapacidad como madres, pero nos lleva a depender de Dios en esta hermosa y abrumadora labor. Necesitaremos a Dios cada día de nuestra maternidad. Necesitamos ser redimidas por Él y por su amor mostrado en la Cruz.

¿Cómo ser buenas madres?
Cuando Jesús estaba por emprender su camino a Jerusalén, un hombre se le acercó corriendo, se arrodilló y le preguntó:
—Maestro bueno, ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna?
—¿Por qué me llamas bueno? —preguntó Jesús—. Solo Dios es verdaderamente bueno.
Marcos 10:17-18 NTV
✓ El único bueno es Dios.
✓ Dios, fuente de bondad, es el único que puede ayudarnos a cumplir nuestro rol de madres.
✓  Nuestro Dios bueno, puede darnos de su bondad para mostrarla, cada día, a nuestros hijos.
«No hay ni un solo justo, ni siquiera uno. Nadie es realmente sabio, nadie busca a Dios. Todos se desviaron, todos se volvieron inútiles. No hay ni uno que haga lo bueno, ni uno solo» 
Romanos 3:10 NTV
 
Somos imperfectas, somos implacables, malas e injustas; recordemos que somos pecadoras. Necesitamos la bondad de Dios, impresa en nuestros corazones, para poder ser madres eficaces. Dios es el único que puede enseñarnos a amar a nuestros hijos, a disciplinarlos equilibradamente, a bendecirlos a diario con palabras de vida. Vayamos a los pies de la cruz, cada día.  Humillemos nuestro corazón ante Su presencia. El amor incondicional de nuestro Buen Dios, mostrado en la cruz, puede hacernos amar y ser bondadosas con nuestros vástagos. 
 
Necesitamos aceptar ese amor. Necesitamos creer en su amor. Aunque somos indignas e inmerecedoras, Él nos lo da. No importa cómo hayamos actuado hoy con nuestros hijos, mañana Él nos da una nueva oportunidad para hacerlo mejor, bajo su guía y Gracia.
Dios sabe que nuestro anhelo es serle fiel en llevar a cabo esa responsabilidad que nos delegó como madres. Él conoce nuestro interior y sabe que le amamos, que deseamos honrarle en nuestra maternidad y darle la Gloria solo a Él.
La maternidad es la herramienta más poderosa que Dios usa para transformar nuestras vidas, nuestro carácter; para depender más de Él, y ser auxiliadas por Él. Porque Él se complace en bendecirnos, en ayudarnos, en mostrarnos su favor a diario para que lo entreguemos a nuestros hijos. Él ama darnos la victoria diaria en nuestro rol de madres. Estos versículos lo confirman:
  • El Señor fortalece a su pueblo; el Señor bendice a su pueblo con la paz. Salmos 29:11
  • Porque el SEÑOR se deleita en su pueblo; él corona al humilde con victoria. Salmo 149:4
  • Al que es honrado, él le concede el tesoro del sentido común. Él es un escudo para los que caminan con integridad. Proverbios 2:7 
  • «Estaba listo para responder, pero nadie me pedía ayuda; estaba listo para dejarme encontrar, pero nadie me buscaba. “¡Aquí estoy, aquí estoy!”. Isaías 65:1
  • Les responderé antes que me llamen. Cuando aún estén hablando de lo que necesiten, ¡me adelantaré y responderé a sus oraciones! Isaías 65:24
Que esta sea nuestra oración siempre
Y ahora, que el Dios de paz
—quien levantó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús,
el gran Pastor de las ovejas, y que ratificó un pacto eterno con su sangre—
los capacite con todo lo que necesiten para hacer su voluntad.

Que él produzca en ustedes, mediante el poder de Jesucristo, todo lo bueno que a él le agrada.

¡A él sea toda la gloria por siempre y para siempre! Amén.

Originalmente publicado en el Blog Vestigios en el Corazón

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