De pie frente al sufrimiento

Por Roxana Rojas

(Roxana es licenciada en Contaduría y miembro fiel de nuestra congregación, por muchos años. El texto lo he editado, pero la esencia de su testimonio permanece y lo comparto con su autorización. Ps. Renso Bello, Centro Cristiano Roca de la Eternidad, Barcelona).


Sirva esta reflexión para alentar a algunos creyentes, especialmente jóvenes, que en estos difíciles tiempos, pueden estar luchando con la restauración de un enfermo o la posibilidad de tener que despedirse de ese ser amado.

UNA NOTICIA INESPERADA

Ante la pregunta, ¿cómo puedo permanecer en pie ante el sufrimiento? Creo que la mejor respuesta puedo darla con el ejemplo que me dejó mi padre, Apolinar Rojas, quien fue líder de nuestra congregación, y que cambió mi perspectiva del dolor y de la muerte.

Quizá, pocos actualmente en la iglesia lo conocieron en vida y en el estado terminal de su enfermedad: la muerte. Yo diría que, en vez de muerte, fue solo un «hasta luego a mi padre».

En mayo de 2015 lo llevamos al oncólogo, pues sus estudios arrojaron cáncer. Este tipo de enfermedad solo puede ser tratado por especialistas. El doctor al ver dichos estudios y otros análisis realizados, concluyó: «es metástasis». En otras palabras: no es un cáncer tratable, pues la enfermedad ya había minado su cuerpo. En su diagnóstico enfatizó: «tal vez le queden tres meses de vida».

¡Wow! Imagina el impacto de la noticia para mi padre, su esposa e hijos, y el resto de sus seres queridos.

LA LUCHA POR PERMANECER EN LA FE Y LA ESPERANZA

La ciencia médica lo había desechado. Sin embargo, nuestra fe nos mantenía a todos de pie. Pero, al ver cómo los días pasaban y no habían avances, muchos empezamos a perder las esperanzas. Aceptar el hecho de que «su vida se iría irremediablemente».

En esa triste situación, Dios me indicó: «pregúntale». Así que le dije: «Papá, ¿cómo te sientes?». Me respondió: «me duele aquí y también aquí». Mas yo le interrumpí diciéndole, «sé que para tú cuerpo, físicamente según veo, no hay solución. Lo que deseo saber es ¿cómo estás tú?». Él me observó, con una mirada distinta, y me dio esta respuesta: «Yo estoy en paz y Gozo». Esto, literalmente, abrió mis ojos. Mi corazón paró de sufrir y regresó en mí la esperanza.

Comprendí que la paz y el gozo que tenía mi padre, le fueron concedidas por el mismo Dios. El Señor también consoló desde ese momento mi alma. Transformó mis expectativas acerca del dolor, la vida y la muerte.

Pienso que mi padre llegó a comprender lo que Pablo dijo a los Filipenses, «regocijaos en el Señor siempre» (4:4), y supo vivir bajo este regocijo, a pesar de que su cuerpo estaba en gran sufrimiento.

Pocos días después, se despidió de nosotros con un ›Hasta Luego», partiendo así a la presencia del Señor el 14 de agosto del 2015.

PALABRAS PARA TI

Aprendí lo necesario que es permanecer en el Señor, porque separados de Él nada puedes hacer (Juan 15:5). En una parte cité que, «su vida se iría irremediablemente». No obstante, luego de esa conversación con mi padre y a través de estos cinco años, convencida estoy de lo siguiente: al marcharse de este mundo, en él se consumó el gozo de la vida eterna.

Cuándo mi padre partió, no le pregunté a Dios el por qué de esto. El Señor ya se había encargado de consolar mi corazón. Entendí que la muerte, como separación de este mundo, es total ganancia para el que cree en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén.  

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2 Comentarios

Gabriela · 14 agosto, 2020 en 11:22 am

Gran enseñanza yo tambien perdí a mi papá hace 19 años y aun siento como si fuese ayer todavía se me hace difícil entender que es una ganancia el estar al lado de Dios donde no existe maldad.

La señora Roxana lo supera porque ella es toda una guerrera, es un ser especial tuve la oportunidad de trabajar con ella y ahora de conservarla como amiga.

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