Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.
(2Co 4:7-10)

Introducción

Una de las mayores maravillas de la industria petrolera, son las estaciones de bombeo de flujo; éstas sirven como relevo e impulso para el fluido que es trasladado por medio de tuberías. En muchos casos la velocidad del flujo es casi nula debido a los trayectos recorridos y a la viscosidad del fluido, por lo que una estación de bombeo viene a dar la velocidad y fuerza necesaria para transportar de manera eficiente la sustancia al tanque de recepción final. En días convulsionados como los que vivimos, necesitamos estaciones de flujo que nos permitan descansar, avanzar y establecer contacto con el Dueño de las «máquinas de bombeo», el Dios que impulsa y bombea a aquellos fieles a su destino seguro.

Poder de Dios y no de nosotros

Unos días atrás, estando en una cola para surtir gasolina, trataba de concentrarme para realizar el escrito actual. Cada uno de nosotros necesita estar concentrado y enfocado en el Señor, porque la convulsión y dinamismo en la que nos encontramos por solucionar las necesidades básicas diarias, nos pueden llevar a quedar en medio del camino. Pablo anima a la iglesia de Corintios a mostrar el poder de Dios como recurso o «tesoro en vasos de barro», de manera que cada evento o dificultad sea motivo para acudir de manera rápida a nuestro Señor como estación de bombeo diaria. El Señor está en nosotros como recurso principal, por lo que NO debemos dejar de verlo, a pesar del torbellino de situaciones y calamidades que se nos presentan.

Marcando diferencia

Tribulación, angustia, apuros, persecuciones, encuentran en el Señor contrastes que diferenciarán a los verdaderos discípulos de aquellos que hallan en la angustia, desespero, desamparo y desorden, «solución» y «salida». Cada una de las cualidades o rasgos de los verdaderos creyentes que menciona Pablo, serán parte de las marcas que mostrarán la forma en que hemos tomado la cruz del Señor, a pesar de los problemas y dificultades. «Llevando en el cuerpo siempre, por todas partes, la muerte del Señor Jesús», para que así sea manifestada la vida de Cristo en nuestros cuerpos.

Hace algunos días, recibí un mensaje de un pastor amigo, pidiendo ayuda porque no contaba con la provisión diaria para él y su familia; por lo que me decía: «Solo tengo lo suficiente para visitar enfermos, asistir a hermanos y preparar enseñanzas». Muchas veces nosotros mismos nos hemos encontrado en esa encrucijada, donde la provisión está en niveles rojos; desde donde Dios nos ha sacado proveyendo cuando menos lo pensamos o esperamos; siendo entonces su propia gracia la que sobreabunda para glorificarse así de manera increíble en nuestras vidas. Todos, hoy más que nunca, necesitamos de esa estación de bombeo que nos permita respirar y descansar en el Señor, a pesar de que el flujo sea «muy pesado» para ser trasladado; al final, la potencia y el poder no está en nosotros, sino en el Señor.

Desgaste vs renovación

Nuestros cuerpos están siendo sometidos a desgastes de todo tipo, a nivel mental, físico y espiritual; por lo que, si no estamos cada día cediendo nuestra carne y mortificándola para manifestar a Cristo, seguro nuestro fin será similar al de los que no conocen al Señor, con amargura, reproche y turbación exagerada. El Señor sufrió el castigo en su carne, sin merecer tal maltrato; colocándonos en una posición de privilegio a pesar de que tengamos momentos donde la carne cumple un efecto recordatorio del pecado que se refleja en el desgaste, cansancio y sufrimiento; sin embargo, este desgaste externo debe ser en el creyente motivo de una renovación diaria del espíritu, anhelando celosamente las habitaciones celestiales; donde con el clamor de un ABBA PADRE, imploramos misericordia y aliento para continuar en medio de las aflicciones.

El mes pasado, vimos estupefactos, celebraciones y rituales oscuros y sin sentido en el país como las de halloween y muchas otras, y a su vez, también se escuchaba acerca del retorno a los locales de las iglesias. Debemos, más allá de las aperturas de los locales, pensar en la apertura de nuestros corazones y apego cercano a la comunión del Señor; siendo esto más importante que cualquier otra cosa en el mundo entero. La vida de Cristo debe manifestarse en nuestras vidas, y alumbrar así como heraldos y luminares en el mundo. Los 503 años de la celebración de la reforma; deben cobrar vida en nosotros, cambiando y transformando nuestra mente, corazón y conducta, dedicándola al Señor como prioridad, sin relegarlo o encajonarlo en nuestros «escaparates» religiosos.

Conclusión

Venezuela cuenta con un petróleo poco común en el mundo; conocido en la industria como «extra pesado»; este, necesita muchos aditivos y bombas con alta potencia para ser trasladado. La situación país, así como el petróleo venezolano: Es «extra pesada», donde pasamos por prolongados y «turbios» problemas económicos y sociales; lo que nos coloca en un estado donde se nos dificulta la provisión, cuidado y serenidad espiritual. Estamos perseguidos, afligidos, atribulados más no derribados ni acabados; teniendo como fortaleza al Dios absoluto, suficiente, poderoso, cercano, y salvador.

Los días son para pensar y anhelar el regreso del Señor; «Ven Señor Jesús, ven pronto, por nosotros por favor»; sin embargo, mientras lo anhelamos, lo vivimos y anunciamos hasta que se manifieste de manera final. No son momentos para relajarnos ni descuidarnos; es hora de acercarnos y aferrarnos muy fuerte al Señor.

Dios les bendiga.

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