Los pastores son un regalo del Cristo resucitado a su iglesia (Ef.4:7-11). Como cabeza de la iglesia, Cristo tomo la previsión de proveerla de creyentes que cuidaran de ella y la guiaran en el desarrollo de una vida que glorifique a Dios (1Tes.5:12-13).

En el Nuevo Testamento se usan diferentes palabras para describir a estos creyentes responsables por el cuidado de la iglesia. En ocasiones se les llama ancianos (Hec.14:23; 1Tim.5:17); otras veces obispos (Fil.1.1) y también se les llama pastores (Ef.4:11). Hay ocasiones donde, en un mismo texto, se usan todas estas palabras (o sus verbos equivalentes) y se aplican a las mismas personas de manera intercambiable:

​ «…hizo llamar a los ancianos» (Hec.20:17)

​«…el Espíritu Santo os ha puesto por obispos» (Hec.20:28)

​«…para apacentar/pastorear al rebaño de Dios» (Hec.20:28)

Liderazgo en Equipo. Modelo Apostólico

Desde un principio, la iglesia entendió la importancia de que el trabajo pastoral, dadas sus exigencias, no fuese dejado bajo la responsabilidad de una sola persona. Por eso leemos que la iglesia de Jerusalén tenía varios ancianos/pastores (Hec.11:30).

Igualmente, el apostol Pablo en todas las iglesias que fundó siguió este mismo patrón de dejar al frente un grupo de pastores que la cuidaran (Hec.14:23; 1Tim.3:1-7; Tit.1:5-9). También Pedro y Santiago en sus cartas reflejan esta misma comprensión de la importancia de que cada iglesia tuviera un liderazgo plural (Stg. 5:14; 1Ped.5:1-3).

Pablo señala que una de las ventajas de hacer el trabajo pastoral en equipo, es que los pastores pueden cuidarse y apoyarse entre ellos (Hec.20:28). La expresión «mirad por vosotros» tiene esta idea de que los pastores se cuiden mutuamente proveyendo una sana atmosfera de rendición de cuentas, oración unos por otro, transparencia y vigilancia doctrinal.

A esto se puede añadir que en un cuerpo de ancianos que cuida una iglesia estarán presentes varios dones que ayudarán a mantener un balance apropiado en el cuidado de la congregación, como se muestra en la iglesia de Antioquía (Hec.13:1-3).

Cambios en el Liderazgo

Después que los apóstoles murieron, fue emergiendo poco a poco una estructura de liderazgo diferente en las iglesias. A partir del siglo II, se empezó a hacer una diferencia entre las palabras obispo y anciano, dándole al primero un lugar de mayor jerarquía que al segundo.

Ignacio de Antioquia, por ejemplo, enseñaba que la iglesia debía sujetarse al obispo como a Jesucristo mismo, que sin el obispo no se podía celebrar ni la cena del Señor ni los bautismos y estableció tres niveles de jerarquía en la iglesia: el obispo (singular), los ancianos (plural) y los diáconos.

Liderazgo Hegemónico

El pensamiento de Ignacio pronto fue seguido por otros líderes locales como Justino, Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría y Tertuliano. Ya en este momento, el modelo establecido por los apóstoles se había distorsionado avanzando hacia una mayor escala de jerarquización que terminó en la estructura piramidal que actualmente tiene la iglesia católica.

Además de pasar por alto que las palabras pastor, anciano y obispo se referían al mismo oficio en el Nuevo Testamento, se hizo diferencia entre unos y otros y, lo más grave, se estableció una jerarquía de unos sobre otros que Cristo hubiera condenado como lo hizo en Mateo 20:25-28.

Liderazgo y Reforma Protestante

La Reforma Protestante del siglo XVI ciertamente reformó la doctrina hegemónica que hasta el momento se había sostenido acerca de la salvación, sin embargo, no pudo regresar al modelo del Nuevo Testamento sobre el ministerio pastoral.  

Lutero, aunque defendió en teoría el sacerdocio universal de todos los creyentes, en materia de liderazgo, estableció que las iglesias debían designar un ministro ordenado para celebrar los sacramentos (Cena del Señor y bautismo).

De esta manera seguía distinguiendo, al igual que la iglesia católica, entre cleros y laicos. Calvino, por su parte, quiso trasladar el concepto de gobierno eclesial a la ciudad misma (Ginebra) y estableció un sistema donde los líderes de la iglesia eran también líderes de la población.

Estableció cinco pastores sobre toda la ciudad de Ginebra que debían velar por el cuidado espiritual de los ciudadanos; un grupo de maestros (mayor cantidad) que debía enseñar doctrina a todo el pueblo; un grupo de doce ancianos (siguiendo el modelo de los doce apóstoles) que se encargaban de vigilar la conducta de las personas en la ciudad y un grupo de diáconos que, de acuerdo a Hechos 6, se encargaban de cuidar a las viudas, enfermos, ancianos y pobres de la ciudad.

Es evidente que este modelo ginebrino de Calvino no era la idea bíblica de creyentes que se encargaran de cuidar la iglesia del Señor.

Continuará…

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