Mujer confiada en Jehová

La liberación femenina que se promueve en nuestros días, nos motiva a ser «Súper mujeres»; «Súper mamás», «Súper exitosas», «Súper esposas», «Súper empresarias», «Súper destacadas», «Súper emprendedoras», «Súper, súper, súper y súper». Tenemos que ser «Súper mujeres» para poder encajar en esta sociedad. Este movimiento femenino nos impulsa a creer que, mientras más hacemos, más valemos. Se ha metido tanto en nuestros tuétanos el feminismo, que este nos dice a diario: «Somos fuertes, somos capaces, somos perfectas, no somos el sexo débil, somos iguales y mejores que los hombres, podemos ser como ellos y mejores que ellos». Existe una GUERRA campal entre el hombre y la mujer; quién es más fuerte y más valioso. Nada es más dañino y perjudicial que todo esto. Nada daña más el corazón de una mujer, que esto. Todas estas mentiras amenazan con destruir el diseño hermoso de Dios para la mujer.

¿Cómo ser una súper mujer?

NUNCA podremos serlo. Esa mujer perfecta, mujer maravilla, mujer súper capaz y súper fuerte que nada la quiebra, NO EXISTE. Dios nos creó con una sensibilidad increíble, nos creó como vasos frágiles, nos creó tan dependientes de Él 1 Pedro 3:7. La mujer SIN DIOS, ES NADA. Una mujer sin amor por Dios, ES NADA. Una mujer sin respeto a Dios, es NADA Isaías 43:7.

La mujer virtuosa que nos presenta la biblia en Proverbios 31:10-31, nos reta muchísimo. ¿La vemos como una mujer perfecta, o como una súper mujer? Dejemos de verla así. Dejemos de verla como un modelo demasiado perfecto e inalcanzable. Es posible ser como ella, PERO SOLO CON LA AYUDA CONSTANTE DEL SEÑOR. Mujeres, debemos entender que quien nos llena verdaderamente es el Señor, lo que dará satisfacción a nuestras almas, es vivir para Su gloria, y sumergidas en Su palabra Salmos 73:28.

No podemos sacar a esta mujer de la fuente que le proporcionaba esa fortaleza para ser quien era. El feminismo y el pecado en nosotras quieren eso. El orgullo por creernos «súper mujeres», nos lleva a quitarle la gloria a Dios. A no reconocer que fallamos, que somos frágiles, que lloramos, que nos duele la injusticia, que cometemos errores. Esta mujer teme a Jehová; si teme a Jehová es porque le da la Gloria a Él. Ella es luz en su hogar, y luz en la calle, dándole pan al necesitado; no es como dice el proverbio popular: «Oscuridad a su casa y luz a la calle». Ella disfruta lo que hace, no lo hace como una carga u obligación. ¿Por qué lo disfruta? Porque conoce su diseño y a su diseñador.

¿Qué hace a esta mujer tan sabia, y no perfecta mujer maravilla?

El temor a Dios. ¿Y qué es eso? ¿Dónde se halla? En la biblia, la cual va directo a nuestro interior Proverbios 1:7. ¿Tiene problemas esta mujer, tiene contrariedades en su día a día, dificultades, debilidades y conflictos? Sí. Nosotras sabemos lo que implica cuidar, educar, corregir, instruir y alimentar a nuestros hijos; no son escenarios nada fáciles. Esta mujer tenía hijos. Ella también tenía criadas y le daba órdenes con sabiduría sobre lo que debían hacer.

Ella se debilitaba, era de carne y hueso; aunque los versículos no nos reflejan a una mujer agotada, nos muestran a una mujer que DEPENDE DE DIOS Y LE HONRA, y para amar y respetar a Dios y vivir su palabra, debió reconocer que la necesitaba, que sin ella no podía vivir. Para que pudiera reconocer esto, significa que ante Dios se vaciaba y derramaba completamente su ser porque sabía que era falible e imperfecta.

La Gracia de Dios es suficiente para nosotras

Mujeres, madres y esposas, somos débiles y Él es fuerte, por Él hacemos lo que hacemos, a Él la Gloria por lo que hacemos, no a nosotras sea dada la gloria y honor, sino a Él quien nos alienta, impulsa, esfuerza, y fortalece en nuestra debilidad 2 Corintios 12:9. La gracia de Dios en su vida la hacía ser una buena mujer, esposa y madre, era su gracia y no la de ella; ella lo reconocía, su esposo lo reconocía, sus hijos lo reconocían. «Engañosa es la gracia de una mujer, vana es su belleza exterior» Proverbios 31:30.

La mujer virtuosa no es perfecta, es una mujer como tú y como yo que nos impulsa a depender de Dios y de su Gracia para poder vivir su diseño como mujeres viviendo para su Gloria. No desperdiciemos nuestras fuerzas para cumplir los stándares de esta sociedad. Rindámonos a la cruz para que Él nos aliente, levante y nos dé SU GRACIA PARA AGRADARLE Y SERLE FIEL.

¿Las mujeres de este siglo podemos ser como la de proverbios? Claro que sí. El mismo Dios nos revela este capítulo de Proverbios 31:10-31 que Él nos puede ayudar, que Él se acerca a nosotras imperfectas y pecadoras, para perdonarnos, perfeccionar su obra en nosotras, borrar nuestra maldad, nuestra agresividad, rebeldía, irreverencia, aspereza, imprudencia, y darnos sabiduría porque la necesitamos Santiago 1:5.


Publicado originalmente en Vestigios en el Corazón

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