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Un buen final | Por Roberto Clinton

El apóstol Pablo estaba obsesionado en tener un buen final. Veía la vida como una carrera.  Al encontrarse con sus amados ancianos de Éfeso por última vez, dijo: «Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios» (Hch. 20:24). Pablo estaba tan motivado por terminar bien, que desafiaba a los creyentes Corintos a: «Correr (la carrera) de tal manera que obtengan el premio… No… corriendo como a la ventura» (1 Co. 9:24-26). Disciplinaba su cuerpo a hacer lo que debía hacer, no lo que deseaba, «no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado» (v. 27). Qué gozo invadió su corazón cuando testificó al final de su vida: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe» (2 Ti. 4:7).

¿Qué fue lo que motivó al Apóstol Pablo a proseguir hasta el final? Quizá el mismo motivo que incitó a Daniel y sus tres compañeros, Sadrac, Mesac y Abed-nego a fijar sus ojos en Dios y ser suyos hasta el final, sin importarles las consecuencias. O a David, José, los apóstoles, Bernabé, Jorge Müller, Billy Graharn y miles de seguidores de Cristo cuyos nombres quizá sean conocidos por unos pocos, pero que han influido en la vida de los que los conocieron.

Terminar bien no significa alcanzar la perfección, sino como Pablo, proseguir hasta el final para que cuando éste llegue, nos encontremos aun creciendo en amor e intimidad con Cristo, dándole a conocer, viviendo como sus discípulos y amando a las personas que Dios pone en nuestro camino, procurando hacer siempre Su voluntad.

Hemos comparado escritos sobre los muchos líderes que hemos estudiado, tanto de los que han terminado bien como de los que no han terminado bien. Los que terminaron bien parecen haber tenido algunas características similares y a los que no terminaron bien les faltaban esas mismas características.

Cinco características de quienes llegan bien al final de la carrera  

  1. Tenían una perspectiva que les permitió mantener un claro objetivo.

La perspectiva se destaca como característica de todo buen líder y de quienes terminan bien la carrera. Dicha perspectiva incluye ver el contexto más amplio de la circunstancia presente, poder relacionar lo que está sucediendo con el panorama a largo plazo. Con una perspectiva clara y adecuada uno puede centrar su atención en lo importante o prioritario. Sin esa perspectiva uno puede perder de vista el objetivo.

Un amigo mío en la universidad acostumbraba comprar rompecabezas y organizar equipos de competencia para ver quién podía ordenarlos más rápidamente. Los equipos llegaron a ser bastante buenos, Un día desparramaron los pedazos del rompecabezas sobre el piso sin dejar que los equipos vieran la figura de la caja. Sin un modelo que los ayudara a organizar las piezas, la confusión era total.

La perspectiva es como la fotografía o el dibujo en la caja de rompecabezas. Sin una meta clara en nuestra vida la tendencia será no canalizar las energías y caer en la mediocridad, haciendo un poco de todo, no siendo eficaces en nada. Aquellos con influencia en su mundo son aquellos que pueden concentrar esfuerzos y atención en áreas apropiadas y pueden mantener esa actitud.

El apóstol Pablo demuestra el efecto recíproco que tienen la perspectiva y la mirada concentrada en la meta. En Filipenses 1:12-19 Pablo se enteró de que algunas personas que supieron de su encarcelamiento estaban predicando sobre Cristo por motivos de rivalidad, maldad y ambición. Él se pudo haber enojado y recomendado a los cristianos que se lo impidieran, pero el enfoque de su ministerio era llevar a los gentiles a Cristo (Gá. 2:7).

Su perspectiva le recordaba que la salvación de Dios viene a través del nombre de Jesucristo, no a través de una presentación o de la motivación del presentador… y Dios estaba utilizando sus situaciones difíciles (cárcel, entre otras) para extender el evangelio a las comunidades gentiles, ese era su enfoque.

La perspectiva viene a través de la experiencia y de la meditación en la presencia de Dios. Asaf, el escritor del Salmo 73, se desanimaba al ver que los malos prosperaban y que él no era recompensado en sus esfuerzos por mantenerse puro. «Cuando pensé para saber esto, fue duro trabajo para mí, hasta que, entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos» (vv. 16-17). La verdadera perspectiva viene de la Palabra de Dios y su presencia.

Cuando comenzamos a entender cuáles son las prioridades de Cristo y las aplicamos a nuestra vida, podemos entonces centrar nuestro objetivo en lo correcto. Simplemente requiere tiempo conocer a Cristo y su Palabra, permitiendo que Su mente invada nuestra mente. Un mentor que reúne estas cualidades es de gran valor para tal fin.

  1. Disfrutaban de intimidad con Cristo y experimentaban continua renovación interior.

La intimidad, con Cristo es la substancia de nuestro ser interior. Salomón, el rey de Israel, escribió en Proverbios: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón porque de él mana la vida (4:23). El  poder para guiar y ministrar viene de la vida interior. Este era el enfoque de la vida del apóstol Pablo: Conocer a Cristo íntimamente (Fil. 3:10). La consideraba una práctica de por vida que necesitaba ser llenada varias veces.

En Juan 14:21 Cristo nos asegura que si obedecemos los mandamientos de Dios, el Padre,  Cristo nos amará y nos revelará más de sí mismo.

Mateo 11:28-30 nos invita a unirnos en yugo con Cristo, a obedecerle y trabajar en unión con El y, por lo tanto, aprender de El. Cuando era niño trabajé todo un día con mi padre en un duro trabajo de reparación. Estábamos solos los dos, pensando, excavando, transpirando, conversando para reparar una cañería y válvula de agua. A través de esa experiencia aprendí más que nunca antes de El.

Nos “unimos juntos en yugo”.

            Al pasar tiempo con Cristo, tratando de vivir en obediencia y ministrando a sus ovejas juntamente con El (Juan 21:15-17, Mateo 24:40), habrá tal intimidad con El que cada área de nuestra vida se verá afectada. La intimidad y el carácter semejantes a Cristo serán parte de nosotros al tiempo que permitimos al Espíritu Santo tomar posesión de nuestras vidas y al tiempo que experimentamos una continua comunión con El.

            Cuando notamos falta de integridad en nuestra vida exterior, hay un síntoma claro de falta de integridad en la vida interior que nadie percibe. Y cuando hay falta de integridad, no hay poder espiritual, confianza, libertad ni transparencia. El secreto de la integridad interior es intimidad con Cristo.  La mayoría de los líderes que hemos estudiado, que no terminaron bien, fallaron en su vida interior. Su integridad se deterioró y tomaron malas decisiones. Al concientizarse del creciente abismo entre la verdad y la vida en su ser interior y al temer ser descubierto se apartaron de la comunión que más necesitaba… y de la comunión con Cristo.

            Hace varios años conocí a un anciano hermano que gozaba de intimidad con Cristo por vivir en integridad haciendo evidente el fruto del Espíritu (Gá. 5:22-23) y pasión por la gloria de Cristo. Mientras oraba con él percibí en mi corazón la presencia de Cristo y la familiaridad que disfrutaba con Él. Le pregunté acerca de su relación con el Señor Jesús y cómo se había desarrollado. «Todo comenzó a cambiar cuando me entregué a lo que dice Mateo 22.37-39: ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante. Amarás a tu prójimo como a ti mismo»‘. Su desafío me motivó a buscar esa intimidad a un nivel más profundo.

¿Ha tratado usted de cumplir ese mandamiento? Jesucristo lo hizo en Su amor por Dios el Padre. Mire a Su vida:

*»Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 99:42).

*»Porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn. 8:29).

* “Pero le conozco, y guardo Su palabra» (Jn. 8:55).

* “Ahora está turbada mi alma, ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorificado tu nombre» (Jn. 12:27-28).

*»Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, el Padre que me envió, él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar» (Jn. 12:49).

*»Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que hiciese» (Jn. 17:4).

*»Mete tu espada en la vaina, la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?’ (Jn. 18:11)

Estos versículos revelan una total rendición a Su voluntad, un impulso por agradarle, una confianza plena… una pasión para la gloria de Dios. Jesús vivía en armonía con Él porque le conocía, le confiaba todo y pasaba tiempo con Él. Usted puede decir: “Él es Jesús, yo nunca podría hacer eso”, o puede comenzar a practicarlo y Dios le dará poder para realizarlo. Nosotros se lo podemos asegurar.

  1. Eran disciplinados en las áreas importantes de la vida.

La disciplina no se destacó en todas las áreas de aquellos que terminaron bien, pero sí en las áreas importantes y aun éstas variaban. Por ejemplo, algunos fueron disciplinados en su oración y estudio bíblico, pero no en su dieta. Algunos eran disciplinados con sus planes, pero desorganizados con su puntualidad. Y así seguía… pero cada uno demostró disciplina en las áreas importantes.

El diccionario define la disciplina como un entrenamiento que produce control propio, carácter o método y eficiencia. Para tener un buen final debemos tener dominio propio y canalizar la energía en una dirección específica. Nancy Moyer, experta en trabajar con niños talentosos dijo: “No hay nada más frustrante que observar a niños talentosos derrochar los bienes que Dios les dio. Muy pocos niños con talento (o aun adultos) no alcanzan su potencial por una simple razón: falta de disciplina.

 Para desarrollar nuestros dones, habilidades y destrezas y que lleguen a ser verdaderos valores para lograr las metas de la vida, se necesita disciplina. ¿En qué áreas? En aquellas que son importantes para lograr un buen fin.

Cuando los misioneros van a trabajar entre gente de otra cultura, generalmente se rigen por lo que dice 1 Corintios 9:19-23 para adaptarse al medio ambiente y ajustarse al, o aquellos, a quienes están tratando de alcanzar. En este pasaje Pablo enfatiza que la meta es «ganar a tantos como sea posible». Por lo tanto, dice «a todo me he hecho de todo» ó a los legalistas, secularizados, débiles, fuertes ó quien fuere. Dijo «esto hago por causa del evangelio”.

Como supervisor de misionero me di cuenta de que muchos luchaban con el estilo de vida ya que caían en los abusos propios de la cultura de que eran parte o se sentían tentados a hacerlo. Un misionero de trabajo muy fecundo, un hombre que parecía vivir con bastante libertad y parecía ser espiritualmente fuerte en medio de quienes vivían contrariamente al evangelio, me compartió su secreto: «Hay que poner en práctica los últimos cuatro versículos de 1 Corintios 9”.

Como ya dijimos en 1 Corintios 9:24-27, Pablo enfatiza la importancia de la perseverancia y la concentración … con disciplina. Los versículos 25 y 27 lo demuestran: “Todo aquel que lucha, de todo se abstiene, ellos a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible… golpeo mi cuerpo y lo pongo en servidumbre no siendo que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado”. Pablo está hablando de disciplina y dominio propio. Si cedemos en nuestra forma de vida, debemos ser consistentes en la disciplina interior o podríamos llegar a ser descalificados o no terminar la carrera.

¿Cuáles son las áreas que usted considera importantes para su vida interior y para su crecimiento espiritual? ¿Qué es lo que alimenta su intimida con Cristo? Quizá necesite disciplinarse en estas áreas. No la disciplina por amor a la disciplina, ya que eso pronto se convertiría en legalismo y dureza; más bien disciplina por el bien de la intimidad… por amor al crecimiento… por amor al ministerio… por amor a Cristo. La disciplina en las áreas adecuadas para hacer lo correcto contribuirá al crecimiento y lo capacitará para responder a la gracia de Dios y Su Espíritu en plenitud.

  1. Mantenían una actitud de aprendizaje positiva durante toda su vida.

La mayoría de la gente deja de aprender a la edad de cuarenta años. Con esto queremos decir que no se empeñan más en adquirir sabiduría, entendimiento y experiencia para mejorar su capacidad de crecimiento y contribución para los demás. La mayoría simplemente se queda con lo que ya sabe; pero los que llegan a un buen final mantienen una actitud positiva de aprendizaje durante toda su vida.

Muchas personas, especialmente los líderes, se estancan. Están satisfechos con lo que son y lo que saben. Esto generalmente ocurre después de haber adquirido lo suficiente para estar confortables o cuando pueden prever un futuro relativamente seguro. Pero esto contradice el principio bíblico de mayordomía.

Hemos observado que Dios a menudo desafía providencialmente a los creyentes a dar los pasos necesarios para llevar a cabo sus propósitos para Su gloria. Algunos no están conscientes de la situación hasta que Dios a través de las circunstancias los estimula a crecer. Como mayordomos somos responsables de incrementar lo que Dios nos dio.

El mantener una perspectiva, clara nos ayudará a identificar lo que precisamos aprender para continuar creciendo y proseguir apuntando a nuestra meta. La amistad con personas que valoran seguir aprendiendo es provechosa y de ayuda. Exponerse a situaciones nuevas o variadas, estimulará nuestra necesidad de aprender.

La madre de Pablo tiene ochenta y cinco años y siempre está leyendo algún libro, aprendiendo más sobre nutrición (es su hobby), y hablando con la gente acerca de sus vidas. Una vez fue invitada a asistir a un estudio bíblico para personas mayores. Luego se unió a un estudio bíblico de mujeres jóvenes para el cual había que prepararse de antemano. Le pregunté por qué no se había quedado con el grupo de personas mayores. Ella respondió: «Oh, ellos eran muy amorosos, pero querían hablar siempre de las mismas cosas. Yo quiero aprender cosas nuevas». Así lo hace y va a terminar bien.

  1. Se relacionaban con personas que influenciaban su vida para bien, así también como con mentores capacitados.

Cada líder que hemos estudiado o analizado estuvo rodeado de buenos amigos y mentores durante su vida. Por lo tanto, es importante destacar que tener colegas y mentores cercanos nos ayudará y animará en las otras cuatro áreas para tener un buen final. Por ejemplo:

* Los mentores proveen orientación para las decisiones importantes de la vida.

* Los mentores están conscientes de la necesidad de experiencias de renovación y pueden ayudar a discernirlas.

* Los mentores pueden detectar y prevenir malos hábitos y el caer en la tentación del abuso de poder y autoridad.

* Los colegas y mentores pueden ser de estímulo y ayudarnos a ser responsables en lo personal y en nuestra diaria relación con Cristo.

* Los colegas y mentores ayudan a desarrollar disciplinas correctas y nuevas perspectivas.

* Los colegas y mentores modelan los valores y actitudes positivas de aprendizaje.

* Los mentores pueden señalar el estancamiento y estimular el aprendizaje.

El Doctor Roberto Clinton es profesor de liderazgo en la Escuela de Misiones Mundiales en el Seminario Teológico Fuller en California. Se especializa en estudios de liderazgo. Como antecedente a sus contribuciones en el estudio de desarrollo de liderazgo ha investigado extensamente las vidas de más de 600 líderes pasados y presentes.

Paul Statiley es vicepresidente de Los Navegantes, responsable de ministerios en más de 70 países. Durante 20 años ha trabajado en el área de desarrollo de liderazgo, y ahora es asesor de otras organizaciones en la misma área.


Connecting por J. Robert Clinton y Paul D. Stanley C 1992 usado con permiso de NavPress, Colorado Springs, CO, USA

Tomado de Apuntes pastorales

 

Pastoree no empuje | Por Charles R. Swindoll

De todos los predicadores que jamás hayan vivido, Charles H. Spurgeon estaba entre los más coloridos. También estaba entre los más prolíficos… entre los más controversiales… entre los más elocuentes… y podríamos continuar. Spurgeon era singular. Si no es el predicador más grande en la historia de la iglesia, está ciertamente entre los diez principales, en mi opinión. En cualquier momento que surge el tema de la predicación en un aula o entre un grupo de pastores, el nombre Spurgeon aparece prontamente.

Sus obras son útiles y significativas. Fue pastor de una Iglesia Bautista en Londres, donde sirvió a su Señor por 38 años. Un biógrafo declara que la gente se paraba en la nieve en medio del invierno esperando que se abrieran las puertas para asegurarse un asiento y escuchar predicar a este príncipe del púlpito. Durante su tiempo allí, fue responsable del aumento de la membresía de 6,000 a casi 14,500. Un hombre verdaderamente sorprendente. Aunque era bautista, era un evangélico calvinista.

Principalmente, era un hombre hecho para el púlpito. Como dice un biógrafo:

Era preeminentemente un predicador. Su clara voz, su dominio del idioma, y su astuto sentido del humor, aliado con un entendimiento firme de la Escritura y un profundo amor por Cristo, produjo parte de la predicación más noble de cualquier era.

Sin embargo, a pesar de todas sus fortalezas y nobles logros, en su tiempo Spurgeon recibió mucha crítica. Como Martín Lutero, parecía florecer en la tormenta.

Mientras más vivo, más crece mi admiración por esta vasija singular usada de manera tan poderosa por Dios aunque criticado de manera tan ferviente por otros, especialmente cristianos. Aunque muerto, todavía habla. Sus volúmenes continúan estimulando e instruyendo a los que estamos en el servicio cristiano. Cualquiera que entra al ministerio debe leer a Spurgeon y hacerlo al menos una vez al mes. Recomiendo especialmente el libro Conferencias a mis estudiantes. En él escribe:

Cada obrero conoce la necesidad de mantener herramientas en buen estado… Sí el obrero pierde su empuje… sabe que habrá una sequía mayor sobre sus energías, o su obra se realizará de mala manera…

Para mi sería en vano llenar mi biblioteca, u organizar sociedades, o planificar esquemas, si ignoro la cultura propia; porque los libros, las agencias y los sistemas, sólo son remotamente instrumentos de mí llamado santo; mi espíritu, alma y cuerpo son mi maquinaria más cercana para el servicio sagrado; mis facultades espirituales y mi vida interna, son mi hacha de batalla y armas de guerra…

[Entonces, citando de una carta del gran ministro escocés  Robert Murray McCheyne, concluye] «Recuerda que eres la espada de Dios, su instrumento, confío en que eres vaso elegido por Él para llevar su nombre. En gran medida, de acuerdo con la pureza y la perfección del instrumento, será un éxito. Dios no bendice tanto al  talento grande así como la semejanza a Jesús. Un ministro  santo es un arma tremenda en la mano de Dios.

Hay todo tipo de tentaciones para que el pueblo de Dios (¡especialmente los ministros!) se ajuste, siga el paso, y vaya tras la cadencia de nuestro tiempos… y si la seguimos, seremos ilegítimos aburridos, predecibles y, bueno, “religioso”.

¡Necesitamos que se nos advierta contra eso! Aunque no podemos ser Spurgeon (con uno bastaba), hay mucho que aprender de este modelo de pensamiento claro, predicación apasionada, escritura creativa, y una determinación inflexible.

Una guía práctica para que todos la recuerden

Permítame comenzar con unas pocas palabras de exhortación en cuanto a mantener un ministerio a largo plazo. Mis comentarios aquí tienen que ver con las expectativas ideales, y estas ocurren a ambos lados del púlpito.  Un ministro joven llega a una iglesia y tiene expectativas sobre el rebaño. Al otro lado, el rebaño se pone en contacto y llama a un hombre para que pastoree a la iglesia, y ellos también tienen sus propias expectativas. Ambos grupos de expectativas son tan idealistas que usualmente se salen de los parámetros. Esto tiene los ingredientes de la locura temprana en cualquier ministerio.

Uno de los secretos de un pastorado a largo plazo es la manera clara y realista de pensar de parte del pastor y la congregación.

La importancia de la tolerancia dual es extremadamente significativa. Un pastor debe ser muy tolerante con las personas a quienes sirve. Y el pueblo servido por el ministro necesita tolerarlo mucho. Tenemos que darnos mucho espacio para  maniobrar. Las  congregaciones, y sus pastores, tienen que darse espacio para ser ellos mismos dentro de los límites de la vida cristiana. La religiosidad, de paso, resiste tal libertad.

Si vamos a vivir juntos durante un extenso período de tiempo, tenemos que aceptar las idiosincrasias y los estilos del uno y del otro. Este es un momento adecuado para que repita algo que escribí anteriormente: Un buen sentido del humor es esencial, sobre todo si espera sobrevivir muchos años en la iglesia y/o el ministerio.

Dos principios bíblicos en cuanto al ministerio

Los párrafos anteriores han sido preparatorios para que reflexionemos en 1 Pedro 5.1-4. En esta sección de la carta, Pedro se ocupa del pastor y el rebaño en el cual sirve. Es útil porque el consejo de Pedro no tiene un aire religioso. Es refrescantemente perspicaz. Las frases introductorias del capítulo ofrecen un par de principios efectivos e importantes que vale la pena mencionar (Véase 1 P 5.1-2a)

El primer principio es este: El orgullo de la posición debe estar ausente.

Recuerde quién escribió estas palabras: Pedro el apóstol, el vocero de la iglesia primitiva, el que vio a Jesús con sus propios ojos, quien literalmente camino con el Mesías por más de tres años. Qué honor tuvo… qué privilegios, sin embargo, jamás sugiere su propia  posición de autoridad. Cualquier sentido de orgullo en cuanto a su posición se ausenta en las declaraciones iniciales de Pedro. Simplemente se llama «anciano con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria revelada».

Considero que estas son palabras muy humildes. No dice nada acerca de su apostolado autorizado. Nada en cuanto a la importancia de que los receptores de su carta obedecieran su consejo. Simplemente se identifica con los ancianos como “anciano también”. Y si desea que la palabra «participante» sea un tanto más comprensible, piense en el término compañero. “Soy compañero con ustedes en la misma gloria que será  revelada en el más allá”.   Se percibió al mismo nivel que los otros ancianos.

Un ministerio religioso es un lugar fácil para construir secretamente una vida     orgullosa. Desafortunadamente, el orgullo puede consumir a una persona en el ministerio. No sólo puede, así lo ha hecho para algunos.

Deténgase y piense en el porqué. Hablamos de parte de Dios. Nos paramos ante enormes grupos de personas con regularidad. Los que están en el ministerio pueden vivir prácticamente sin rendir cuentas. La mayoría nos respeta y confía en nosotros. Y a través de nuestras carreras, sólo se nos cuestiona en escasas ocasiones. Cuando así sucede, es raro que se cuestionen nuestras respuestas. Realizamos nuestra preparación  fuera del escrutinio público ya que trabajamos a solas en nuestros estudios. Todo eso está bien… pero es como un campo minado de peligros y amenazas. Porque antes de que se entere, podemos comenzar a caer en la trampa de creer sólo lo que decimos y ver sólo lo que descubrimos. Esto ocurre particularmente si su ministerio crece y su fama se esparce. Cuando eso sucede, su cabeza puede hincharse y sus oídos embotarse.

Si Pedro, uno de los doce apóstoles originales, el primer vocero de la Iglesia, un siervo ungido de Dios, no mencionaba su importante función,  creo que podemos aprender una lección acerca de la humildad. Señálela. No la olvide. El orgullo de la posición debe estar ausente.

Hay un segundo principio, de similar importancia: El corazón de Pastor debe estar presente. ¿Recuerda este imperativo inicial?  «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros». En su origen esta palabra significa «actuar como un pastor, ocuparse de un rebaño». Y no desatienda el otro lado de la moneda: El llama al pueblo «la grey de Dios».

Por eso es que jamás he cultivado el hábito de referirme a cualquier congregación que haya servido como «mi gente». El rebaño no es controlado, ni es propiedad del pastor a cargo; ¡ellos son el pueblo de Dios! En última instancia tienen que responderle a Él. Viven sus vidas ante Él. Han de obedecerle a Él. Su Palabra es la que nos guía a todos, tanto el pastor como el rebaño.

Me gusta esta descripción: «Por definición, el verdadero anciano es el pastor del rebaño en el cual Dios lo ha colocado… quien lo lleva en su corazón, lo busca cuando se pierde, lo defiende de daño, lo consuela en su dolor, y lo alimenta con la verdad».

Este es un buen momento para añadir que, si no tiene el corazón de pastor, realmente no debería estar en el pastorado. Si le falta el corazón de pastor, mi consejo es sencillo: no entre al pastorado. Pronto se convertirá en una mezcla incorrecta, frustrante tanto para el pastor como para el rebaño.

He escuchado a algunas personas decir: «Bueno, simplemente aprenderé cómo ser pastor». Lo siento. Hay algo más que eso. El pastorado tiene que estar en su corazón. No hay un libro de texto, no hay un curso, no hay alguna relación que habrá de convertirlo en pastor. Es un llamado. Es asunto de un regalo de Dios. Usted no se educa para convertirse en pastor. El seminario podrá ayudar, porque durante sus años en él, la mayoría de los estudiantes descubren si tienen o no el corazón de pastor. De no tenerlo, repito, no deben proseguir el pastorado.

He visto evangelistas llenar púlpitos, y la iglesia es evangelizada. Pero no es pastoreada. He visto maestros, brillantes y capaces, ocupando el púlpito, y la iglesia es cuidadosamente instruida y educada bíblicamente. Pero no es pastoreada. El corazón del pastor ciertamente incluye la evangelización, la enseñanza y la exhortación, pero también debe incluir el amor y la tolerancia, la paciencia y el entendimiento de una persona con el corazón de siervo, y mucho espacio para esos corderos y ovejas que no alcanzan la medida. Pastorear una iglesia no es una profesión religiosa, realmente no lo es. No es una decisión de negocios sino un llamado de Dios que vincula ciertos pastores con ciertos rebaños.

La religión habla en términos de emplear profesionales calificados para que cumplan ciertas responsabilidades.  El resultado son «asalariados», como los llamó Jesús (Jn 10.11-15). Pero en el rebaño de Dios, los pastores son dotados; son llamados a servir y entregarse, a amar y a animar, a modelar el estilo del Salvador. Cuando esto ocurre las iglesias son bendecidas y disfrutan de esperanza más allá de la religión.

Tres actitudes esenciales de los pastores que no son religiosos (1 P 5.2-3)

Encuentro al menos tres actitudes vitales establecidas en estos tres versículos. Cada actitud comienza con una negativa, seguida por un aspecto positivo.

  1. No por fuerza… sino voluntariamente.
  2. No por ganancia deshonesta… sino con ánimo pronto.
  3. No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado… sino siendo ejemplos de la grey.

La actitud número uno es una «No por fuerza, sino voluntariamente». Fuerza significa «ser obligado». Como sacar a su adolescente de la cama temprano en la mañana para ir a la escuela. Eso es obligación. Sin embargo, Pedro no se refiere al adolescente en la escuela sino a un pastor con su rebaño.

Pablo escribe que los mensajeros de Dios han de estar listos «a tiempo y fuera de tiempo» (2 Ti 4.2). Los pastores fieles han de estar dispuestos «a tiempo y fuera de tiempo»… cuando lo sintamos, y cuando no… Cuando la iglesia está creciendo y cuando no.

Una de las cosas que intensifica el agotamiento en el ministerio es la falta de disposición. Y ella depende de que descansemos cuando debemos hacerlo para que podamos darlo todo cuando así se requiera.

El libro de Spurgeon, Conferencias a mis estudiantes, aunque fue escrito hace más de cien años, describe algunas de las razones por las cuales sufrimos «agotamiento» en el ministerio hoy. Reconoció la depresión en su vida, muchas veces antes de un gran éxito, algunas veces después de un gran éxito, y usualmente por algo que no podía explicar. Tituló este capítulo Los ataques de desmayos de los ministros, (¡gran título!). Escuche estas francas declaraciones.

Los ataques de depresión nos sobrevienen a la mayoría. A pesar de lo alegres que seamos, necesitamos que se nos abrume de vez en cuando. Los fuertes no siempre son vigorosos, los sabios no siempre están listos, los valientes no siempre valerosos, y los alegres no siempre felices. Podrán haber aquí y allá personas de hierro […] pero ciertamente el moho perturba inclusive a estos.

El siguiente comentario está dirigido al rebaño de Dios. Sea tolerante con su pastor. Una mejor palabra es paciente. Haga el mejor esfuerzo posible por no demandar mucho o establecer expectativas demasiado altas. Multiplique sus peticiones por todos los que están en su iglesia, y tendrá alguna idea de lo que debe soportar un pastor. Sea comprensivo. Recuerde, si usted escribe una carta que lo deprima, podría herirlo por semanas. Algunas veces hace falta una confrontación. Pero aun entonces, sea bondadoso. Tenga tacto. ¡Ore por él! Cuando lo haga, lo encontrará más dispuesto a servirle a su Señor entre ustedes.

Ahora, mire el segundo atributo: actitud vehemente. Esa próxima frase describe no sólo la disposición sino una actitud de vehemencia entusiasta. Mire cómo Pedro expresa esto: «No por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto». Asegúrese de que su ministerio no es motivado por beneficios monetarios y ajenos. Los círculos religiosos enfatizan, piensan acerca de, y exageran la importancia del dinero. Protéjase contra eso.

No hay nada tan emocionante o atractivo como un pastor que trasmite entusiasmo. ¡Es contagioso! Su amor por las Escrituras se convierte en el amor de la grey por las Escrituras. Su gusto por la vida se convierte en el gusto de la grey por la vida. Su propósito de relajarse y disfrutar la vida se convierte en el propósito de la grey de disfrutar la vida y relajarse. Su gozoso compromiso para obedecer a Dios se convierte en el compromiso de ellos. No en balde Pedro enfatiza la vehemencia. Su pasión por los perdidos se convierte en la pasión de ellos. ¡Cuán refrescante es estar alrededor de pastores que envejecen pero todavía son vehementes y entusiastas!

Hay una tercera actitud que Pedro señala: una actitud de mansedumbre. Creo que fue con un empuje adicional de pasión que escribió (1 P 5.3).

Aquí lo que le preocupa al viejo apóstol es un pastor ejerciendo autoridad indebida sobre otros. Como pastores debemos aprender a sostener nuestras congregaciones en libertad. Debemos vigilar nuestra tendencia a intentar tener dominio sobre ellos, pensando que son asalariados. Para evitar eso, debemos percibimos como siervos, no como soberanos. Déle espacio al rebaño para que esté en desacuerdo. Asegúreles que deben pensar por cuenta propia. Pero no se equivoque. Un pastor «manso» no es débil. Hace falta gran fortaleza interna y seguridad para demostrar gracia. Estar dispuesto a servir en lugar de demandar. Los mejores pastores son los que realizan su labor para el Señor, esperando que nadie se postre ante ellos.

El liderazgo debe estar basado en el corazón de siervo. Sin embargo, he visto líderes en cargos ministeriales que han abusado de sus posiciones de forma casi tan obvia.

El pastorado trae una enorme cantidad de autoridad. Ni siquiera una junta de ancianos o diáconos, a pesar de lo poderosas que puedan ser, puede ocupar el lugar del pastor en el púlpito el domingo. Es un lugar desde donde puede ejercer increíble autoridad y, de decidir hacerlo, imponer su rango. Con más razón no debería abusarse de ella. ¡El pastor no es un sustituto del Señor! Lo que más necesita el pueblo de Dios en su ministro es un modelo de la vida de Jesucristo. Hay algo convincente en cuanto a un modelo. Aquí es ese el punto de Pedro.

Lo mejor que puede hacer un ministro es llevar una vida auténtica, responsable y humilde. ¡Pocas cosas se ganan los corazones de las ovejas como un pastor tierno!

Usted podría recordar que, al final de su vida, se decía que Moisés había sido «manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra» (Nm. 12.3). He aquí a un hombre que había «pastoreado» a millones de personas, pero rehusó solicitar su fama. No le interesaba el aplauso del público. No manipulaba al pueblo. Es más, traspasado de dolor ante Dios, hasta dijo. «Sácame del camino». Esta maravillosa sección de la Escritura es un buen recordatorio de que tan importante como es ser un líder decisivo con convicciones fuertes aceptando las responsabilidades de la posición, jamás es apropiado que el pastor «domine» a los que están bajo su cuidado. Los que requieren absoluto acuerdo de parte de todos son personas terriblemente inseguras.

¿Acaso no es interesante que Jesucristo jamás demandó que sus discípulos lo escribieran todo, ni en una sola ocasión los exhortó a memorizar las cosas que dijo? Lo que más les señaló fue: «No temáis». Esa fue su ordenanza frecuente. «No temáis» Y la otra se ofrece por implicación: «Mírenme  y sigan mi ejemplo». Nadie ha tenido más autoridad sobre un rebaño que Cristo, pero sólo en las ocasiones más raras siquiera levantó su voz… o reprendió a sus seguidores. A las ovejas les va mejor cuando son dirigidas, no empujadas… cuando son 1iberadas, no controladas… cuando se saben amadas, no avergonzadas.

Una recompensa eterna a reclamar (1 P. 5:4)

Esta es una corona exclusiva. Es reservada para los que pastorean realmente a la grey de Dios a su manera. Sólo aquellos que sirven en esta función podrán recibir la «corona incorruptible de gloria». Note que, como resultado de cumplir estos dos principios y estas tres actitudes, el mismo «Príncipe de los pastores» entregará la «corona de gloria». Pueden contar con eso compañeros pastores. Podemos anticipar eso cuando nos encontremos con nuestro Señor cara a cara.

Sugerencias personales para ambos lados del ministerio

Un comentario para aquellos que rigen, mantenga un balance saludable. Si enseña, déjese enseñar. Lea. Escuche. Observe. Alístese a cambiar. ¡Entonces cambie! Reconozca equivocaciones cuando esté errado. Quédese firme cuando este en lo correcto. No puede ganarlas todas.

Y recuerde, usted es siervo de Dios, no un esclavo del rebaño.

Ya que fue llamado a ser líder, cuando sea necesario, sea un buen seguidor, lo cual nos lleva de vuelta a la servidumbre. Cuando dirija, colóquese en los zapatos de los seguidores; piense acerca de cómo sería si estuviera sentado allí escuchando las cosas que usted está diciendo. No menosprecie su importancia ni exagere su función. Usted ciertamente es llamado por Dios. Usted lo representa a Él, su mensaje, su visión. Una congregación puede sacarnos hasta el jugo. Algo trágico le sucede a un líder que ha perdido su empuje y determinación. Pero no puede hacerlo todo, así que delegue. Es una gran tarea por realizar, así que invite a otros para que lo ayuden a realizarla. Y cuando lo hagan bien, deles el crédito.

Mantenga el equilibrio. Involúcrese en trabajo serio, pero (repito) mantenga un buen sentido del humor. ¡Ríase a menudo y en alta voz! Y no tema reírse de sí mismo.

            Tome a Dios con seriedad, pero no se lo tome muy en serio.


Tomado y adaptado del libro El poder de la esperanza, Editorial Caribe, 1999. Usado con permiso. El autor es uno de los más populares autores y conferencistas de nuestro tiempo. Durante treinta años ha sido pastor, y en 1993 fue nombrado como presidente del Seminario Teológico de Dallas.

Las once características de un ministro de Cristo excelente | Por John MacArthur

El apóstol Pablo escribió la primera epístola a Timoteo para enseñarle a servir a la iglesia de Éfeso. La frase clave aparece en 1 Timoteo 4:6 «serás buen ministro de Jesucristo». La palabra ministro es la traducción de la palabra griega diakonos, de la cual proviene la palabra castellana diácono. Significa siervo y describe a quienes tienen el rol de diácono en la iglesia. En este pasaje, esa palabra no es usada para hablar de un oficio, sino que implica que cualquiera que sirve en el ministerio debe considerarse siervo del Señor Jesucristo.

Somos llamados a ser siervos y mayordomos, administrando lo que le pertenece a Dios de tal forma que honre su nombre. En 1 Timoteo 4:6-16, el apóstol Pablo nos menciona once características de un ministro de Cristo excelente.

  1. Advierte a las personas con respecto al error

En 1 Timoteo 4:1-5, Pablo habla de las doctrinas de demonios propagadas por espíritus seductores a través de hipócritas mentirosos. Luego le dice a Timoteo que advierta a la iglesia acerca de tales doctrinas.

El ministerio exige que advierta a otros acerca de la destructividad de las doctrinas falsas. Un siervo de Cristo debe enseñar a otros a discernir, alentándolos a pensar en forma bíblica.

El fracaso actual de la Iglesia en el discernimiento ha permitido infiltración de toda clase de errores. La teología débil y la predicación sin convicción han reemplazado la doctrina fuerte y la exposición clara de la Escritura. Los resultados son trágicos. La Iglesia se ha visto abrumada por la confusión, las influencias del mundo satánico, las filosofías vinculadas al éxito y la teología de la prosperidad.

La Iglesia debe indicar los límites entre la verdad y el error para edificar a su pueblo en la Palabra de Dios. Él espera que los pastores adviertan a su gente acerca de los peligros espirituales. Si no lo hacen, deben responder a Dios por ello (He. 13:17)

  1. Es un estudiante experto en la Escritura

«Nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido» (v. 6). La palabra griega que ha sido traducida como nutrido implica que es un proceso de alimentación continuo. Incluye la lectura y meditación en la Escritura, estudiándola hasta que el material haya sido comprendido en profundidad.

Para poder pensar y hablar bíblicamente, un pastor debe pasar gran parte de su tiempo estudiando el texto de la Escritura. Es un tesoro inagotable que exige una vida entera para comprender su riqueza. Es imprescindible comprometerse al estudio, la comprensión y la presentación de la Palabra de Dios.

  1. Evita la influencia de la enseñanza profana

«Desecha las fábulas profanas y de viejas» (v. 7). La palabra fábulas es una traducción de la palabra griega mythos, de la cual viene la palabra mito.  2Timoteo 4:4 informa que algunos «apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas». La verdad y las fábulas son opuestas. El cristiano debe ser alimentado por la verdad y rechazar lo que se le opone.

  1. Es disciplinado en la piedad personal

 La piedad es crítica en el ministerio. No se trata de cuán inteligente es usted o qué bien se comunica con la gente. Lo que sí importa, en cambio, es si conoce la Palabra de Dios y está viviendo piadosamente. El ministerio es un resultado de esta clase de vida.

1 Timoteo 4:7 dice: «Ejercítate para la piedad». La palabra “gimnasio” viene de la palabra griega traducida como ejercítate. Se refiere a los que se ejercitan en lo atlético. Implica el entrenamiento riguroso, sacrificado. Es un proceso continuo.

El ejercicio físico nos da poco provecho (1Tim.4:8). En contraste, «la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera». La santidad es provechosa no solamente para el cuerpo sino también para el alma. El beneficio de la disciplina espiritual es una vida completa, bendecida por Dios, fructífera y útil. Las bendiciones de la santidad son para la eternidad.

  1. Sé compromete a trabajar duro

Luego de llamarnos a la piedad, Pablo nos baja de las nubes. El ministerio es una búsqueda celestial, pero también es una tarea terrenal. Es trabajo duro. «Por esto mismo trabajamos y sufrimos oprobios» (v. 10).

Pablo trabajaba duro porque sabía que su esfuerzo tenía recompensas eternas; consideraba la recompensa para él y la posibilidad de cambiar el destino de los no creyentes. Esa es la perspectiva que motiva al siervo de Dios.

«Trabajar» (del griego kopiao)  significa «trabajar hasta el punto de estar agotado». «Sufrir oprobio» (gr. Agonizomai) significa «agonizar en una lucha». Luchamos hasta el punto del agotamiento, exhaustos, muchas veces doloridos, porque comprendemos nuestros objetivos eternos.

En 2 Corintios 11:24-27, Pablo habla de las muchas veces que fue castigado con varas y con látigo, cuando sufrió cansancio, dolor, agonía, y naufragios. Sufrió todos esos peligros porque estaba totalmente comprometido con el ministerio y tomaba en cuenta la eternidad. Sabía que era el destino de las almas lo que estaba en juego.

Toda nuestra obra es trabajo, pero no humano. Pablo dijo que su objetivo era «presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre» (Col. 1:28). Luego dijo: «Para esto también trabajo (gr. Kopiao, agonizar), luchando según la fuerza de Él, la cual actúa poderosamente en mí» (v. 29). Nuestra obra se lleva a cabo por medio del Espíritu, el Señor da energía a quienes le sirven.

  1. Enseña con autoridad

 «Esto manda y enseña», le dijo Pablo a Timoteo (v. 11). La palabra griega traducida como enseña se refiere a comunicar información, en este caso instrucción o doctrina. Esta información debe ser transferida en forma de mandato.

Hay mucha predicación popular entretenida, pero no mucha poderosa o transformadora por naturaleza. De acuerdo a Hechos 17:30, Dios «manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan» (énfasis agregado).

Mateo 7:28,29 afirma «Cuando terminó Jesús estas palabras [el Sermón del Monte], la gente estaba admirada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas». Pablo le dijo a Timoteo que usara su autoridad. En 1 Timoteo 1:3 dice «para que mandaras a algunos que no enseñen diferente doctrina». Luego expresa: «Manda también esto» (5:7). Eso no significa que debemos abusar de las personas ni ser descorteses, sino que debemos confrontar a las personas cuando desobedecen la palabra de Dios.

El siervo fiel es valiente. Desafía al pecado de frente. Confronta la falta de fe, la desobediencia, y la falta de compromiso. Dios dijo de Jesús: «Este es mi Hijo amado… a él oíd» (Mt. 17:5). El siervo excelente obedece esa directiva, mandando a todos los hombres que se arrepientan y escuchen a Jesucristo.

  1. Es un modelo de virtud espiritual

Pablo le escribió a Timoteo: «Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (v. 12). Cuando usted da el ejemplo, la gente tiene un modelo que seguir. Alguien dijo: «Su forma de vida habla tan fuerte que no oigo lo que dice».

El autor de Hebreos dijo: «Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta e imitad su fe» (13:7). Cuando sirva en la iglesia, debe vivir de tal manera que otros puedan imitarlo. Ese es un gran desafío, por lo que dijo Santiago: «no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación» (Stg. 3:1). Es un asunto serio ser culpable de enseñar el error o vivir como hipócrita. La vida de un hombre debe estar de acuerdo con su mensaje. Trágicamente, este principio es violado constantemente en el ministerio.

Timoteo era joven, probablemente menor de 40 años, y por lo tanto se lo cuestionaba mucho. Debido a su juventud, Timoteo debía ganarse el respeto de otros. ¿Cómo lo haría? Siendo «ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza» (v. 12).

En palabra

La conversación de un siervo de Dios debe ser ejemplar.

Efesios 4 nos dice cómo debe ser nuestra conversación, «desechando la mentira» (v. 25). Un siervo de Dios nunca debe mentir, ni contradecirse, diciendo una cosa a una persona y otra cosa, a otra. Entonces Pablo agrega: «hablad verdad cada uno con su prójimo» (v. 25).

Pablo sigue: «airaos, pero no pequéis» (v. 16). Hay lugar para la ira santa y la indignación justa, pero no para el, enojo pecaminoso. Ningún siervo excelente debe llegar al punto en que está tan enojado que sus palabras son amargas, vengativas o ingratas.

El versículo 29 dice: «ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca». No hay lugar para la comunicación corrupta o sucia en la vida cristiana.

La conversación que glorifica a Dios es «buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes» (v. 29). Hay lugar para la diversión y el gozo, porque «el corazón alegre es una buena medicina» (Pr. 17:22). Pero no hay lugar para la conversación vulgar, las palabras de enojo, ni la lengua mentirosa.

En conducta

Debe ser un ejemplo de la vida justa: una persona que vive de acuerdo a sus convicciones, basadas en principios bíblicos. Toda su vida es un sermón, ilustrado por sus actividades, los sitios que frecuenta y sus posesiones. Ese sermón contradice o afirma lo que uno dice.

En amor

Servir en amor no necesariamente significa que usted debe dar la mano y abrazar a toda persona todo el tiempo. Epafrodito y el apóstol Pablo demostraron su amor a la Iglesia por medio del trabajo duro (1 Ts. 2:7-12; Fip. 2:27- 30). Por ejemplo, sé que Dios me ha llamado a dar mi vida a las personas de la iglesia donde soy pastor. Esa es la forma en que expreso mi amor por los hermanos. Debemos servir a otros sacrificadamente.

En fe

La palabra griega traducida fe en 1 Timoteo 4:12 podría ser traducida fidelidad, honradez, o firmeza. Timoteo debía ser fiel, honrado y firme en su ministerio. Pablo dice: «lo que se requiere de los administradores es que cada uno sea hallado fiel» (1 Co. 4:2). Las personas pueden seguir a esa clase de líder.

En pureza

La palabra griega traducida pureza (hagneia) se refiere no sólo a la castidad sexual sino también a la intención del corazón. Si su corazón es puro, su comportamiento también lo será.

La historia nos ha mostrado que un ministerio puede ser devastado por la impureza sexual de sus líderes. Los líderes son vulnerables en este aspecto cuando bajan las defensas. Debemos mantener pureza moral absoluta.

  1. Su ministerio es completamente bíblico

 «Entre tanto que voy», le dijo Pablo a Timoteo, «ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza» (v. 13).

La lectura

En las reuniones de la Iglesia primitiva se apartaba un tiempo fijo para la lectura de la Escritura. A esto le seguía una exposición del texto.

Ese modelo de predicación expositiva viene de Nehemías 8:8: «Leían claramente en el libro de la ley de Dios, y explicaban su sentido, de modo que entendieran la lectura». La Escritura debe ser explicada para que las personas la puedan comprender.

Exhortación

Si la lectura y la exposición de la Escritura nos dicen lo que significa, la exhortación es un llamado para que la apliquemos. Exhortar es advertir a las personas que obedezcan teniendo en mente el juicio. Debemos alentar a nuestros oyentes a que respondan apropiadamente, recordándoles que sus acciones pueden resultar en una bendición u otra consecuencia.

 Enseñanza

Esto significa enseñar sistemáticamente la Palabra de Dios tanto en grupos como a individuos. Esta palabra griega, didaskalia, aparece quince veces en las epístolas pastorales. Su frecuencia nos da una idea de su importancia para la vida de la Iglesia. No nos debe asombrar que el pastor debe ser «apto para enseñar» (1 Ti. 3:2).

9.Cumple su llamamiento

Pablo escribe: «No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio» (1 Ti. 4:14). Algunos comienzan en el ministerio pero lo abandonan, porque no fueron llamados a ese ministerio en el principio. Sin embargo, algunas personas que han sido llamadas lo abandonan, y esto significa dejar el lugar donde Dios desea que estén.

Hay muchas personas en el ministerio que sirven por un tiempo y pronto desaparecen. Por otro lado, me asombran los que son fieles para ministrar la Palabra de Dios hasta el fin de sus vidas. Puede que tengan una congregación pequeña y sean desconocidos, pero son fieles y cumplen su llamamiento.

La verdadera marca de un siervo excelente de Jesucristo es que cumple su llamamiento hasta el fin. 

  1. Está ocupado en su obra

Pablo escribió: «Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas» (v. 15). La palabra griega traducida «ocúpate» (meletao) nos da la idea de pensar de antemano, planear, premeditar. Cuando un ministro no está haciendo el trabajo del ministerio, debe estar planeándolo.

«Permanece en ellas» literalmente significa «está en ellas» en el texto griego. Para ser un ministro no es necesario ser un gran hombre, pero requiere todo el hombre.

Un ministro no puede tener dos objetivos principales. Pablo le dijo a Timoteo que fuera diligente «a tiempo y fuera de tiempo» (2 Ti. 4:2). Este es un término militar. Significa permanecer en su puesto, estar de guardia. Un siervo de Dios nunca está fuera de su puesto. Siempre está de guardia.

  1. Progresa en su crecimiento espiritual

 «… para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos» (v. 15) sugiere que el progreso espiritual de Timoteo sería evidente a todos. Esto implica que todavía no era perfecto. Un ministro no debe tratar de convencer a su gente de que no tiene fallas. Por el contrario, debe permitirles ver su crecimiento. La gente tiene que ver nuestra honestidad y humildad.

En términos humanos, nadie cumple con todos los requisitos del ministerio. Sin embargo, cuando nos sometemos al Espíritu de Dios y dependemos de Él para que logre lo que nunca podríamos hacer nosotros mismos, su poder obrará a través de nosotros. Pablo concluye diciendo: «Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen» (1 Ti. 4:16). Timoteo debía concentrarse en dos cosas: su conducta y su enseñanza. Estas dos cosas son la esencia del ministerio. Las once cualidades que hemos visto en este pasaje pueden ser resumidas en esos dos mandatos.

Pablo le aseguró a Timoteo que continuar en la santidad personal y la enseñanza correcta le llevaría por el camino inevitable de la salvación final gloriosa: «pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen» (v. 16). Su perseverancia sería la prueba de que su fe era verdadera.

Si perseveramos en la piedad y la verdad, nuestras vidas afectarán a otros. Les llevaremos el mensaje de salvación. En realidad, nosotros no salvamos a nadie, pero Dios nos usa cuando predicamos la Palabra de Dios y vivimos vidas santas.

Todos los requisitos de un siervo excelente dan el resultado final de la salvación de almas. Ése es nuestro propósito en la vida y el motivo por el cual permanecemos en el mundo luego de ser redimidos. Dios desea que llevemos el mensaje de salvación a los perdidos. Ésa es la esencia del ministerio. ¡Es un llamado santo y glorioso!


Tomado de EL PLAN DEL MAESTRO PARA LA IGLESIA, de John MacArthur, Copyright 1991, Instituto Bíblico Moody, Chícago. Moody Press. Usado con permiso.

Tomado de Apuntes Pastorales.

Carta abierta a los pastores | Por Dr. David Krome

Nota del editor: Esta carta es en realidad un relato ficticio que funciona como un ejemplo de abuso espiritual, es necesario leer previamente los pasajes sugeridos Hechos 20:17-38, 1Timoteo 3:1-7, Tito 1:5-9 y 1 Pededro 5:1-4 y responder las preguntas de discusión:

  1. ¿Las cualidades de carácter exigidas a los pastores son un perfil ideal o son exigencias reales que ellos deben evidenciar antes de asumir la tarea pastoral?, ¿Las listas de cualidades presentadas en el Nuevo Testamento son exhaustivas o podemos añadir otras cualidades?, ¿si se añaden, sobre qué bases se haría?
  2. ¿Qué aspectos del carácter son requeridos a los que sirven como pastores?, ¿por qué es
    tan importante que los pastores muestren estas cualidades en su carácter?, ¿cómo afectaría a la iglesia si los pastores no muestran tal carácter?

Lectura: Carta abierta a los pastores

Usted sabe muy bien de quién se trata: Acostumbraba sentarse adelante en la iglesia. Es delgada, atractiva y se viste muy bien. Amaba al Señor y quería servirle poderosamente. Se dispuso a participar en cuantas actividades la iglesia tenía. Era moldeable, al punto tal vez, de ser un poco ingenua. Era compasiva y buscaba con sinceridad un ministerio donde pudiera ayudar a alguna persona.

Luego observó que usted mostraba interés en su caminar con Dios, y cerca de usted comenzó a sentirse especial. Usted le dijo que su ministerio como pastor era bastante solitario y que no tenía con quién conversar. Ella era buena para escuchar y quería ser su amiga. Incluso usted llegó a pedirle que orara por su matrimonio hueco, vacío de relaciones físicas por varios años. Ella podía ver en usted a un gran hombre de Dios, por lo que usted llegó a ser su mentor.

Ahora bien, ella se siente algo confundida en cuanto a sus sentimientos. Por un lado, ella ansiaba sentirse especial. Pero cuando usted le dijo cuánto significaba ella para usted, la noticia la sacudió, sabiendo que esto no era correcto. Promesas secretas fueron hechas y confirmadas frecuentemente al compartir sus fantasías sexuales en relación con ella. Sin embargo, usted no quería que ella profiriera palabra alguna, alegando que destruiría su ministerio. Y, después de todo, según lo declaró, «ella era tan tentadora».

En su consejería pastoral, usted le restó importancia a sus sentimientos de culpa. Usando de su carisma y naturaleza atractiva, sus palabras pronunciadas suavemente le aseguraban que Dios perdonaba su tropiezo, que hay peores pecados.

Ella no sabía nada de relaciones abusivas. Toda su vida había sido enseñada a respetar la autoridad, especialmente la de Dios. Usted es su pastor. Ella estaba convencida de que usted jamás le haría daño. Usted es la persona que comparte desde el púlpito el mensaje de Dios; usted ora en el nombre de Dios; usted nos ministra con la autoridad de Dios.

Ahora ella no tiene con quién conversar y está aislada en su vergüenza creciente. Usted, pastor, el pastor de nuestro rebaño, la figura paterna en nuestra comunidad de fe, ha robado. ¡Usted ha robado su mente, cuerpo y alma!

Antes de encontrar el valor para buscar una terapia cristiana, el suicidio le pareció una forma de liberación acogedora para salir del pozo de vergüenza en el que usted la colocó. Pero, lentamente, aún en medio de la devastación, está comenzando a encontrar a Dios de nuevo. Sin embargo, su capacidad para confiar ha sido cambiada para siempre.

¿Y usted? ¿Cómo puede decir que había «consentimiento mutuo» cuando su poder es tanto más superior que el de ella? El incesto espiritual ha ocurrido. Un pastor, más de una docena de mujeres. ¿Cómo pudo esto haberse dado por tanto tiempo? Tal vez usted se salve esta vez con una advertencia severa de la junta. Quizá hasta decida dejar el ministerio por algún tiempo. Pero a menos que usted arregle la devastación espiritual en su propia vida, y el daño que ha causado a otros, usted está condenado (predestinado) a repetir la ofensa.

Nuestro Maestro dijo una vez: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

Pastores, por favor dejen de explotar a mi esposa. Por favor dejen de explotar a mi Dios.


Comentario

«En este escrito el Dr. Khrome, presenta en su narrativa un claro ejemplo de abuso espiritual, llama la atención que aparentemente este pastor estaba siendo descalificado en muchas de las cosas que nos dirigen a revisar su perfil y las recomendaciones bíblicas que hasta este punto hemos concebido en cada pasaje y articulo leído. Se puede observar infidelidad en el matrimonio, un peligroso desenfoque en el ministerio, falta de prudencia, sobriedad, decoro y pureza. Por otro lado, una evidente falta de rendición de cuentas, si “la junta” a la que se refiere la carta, es una junta pastoral, entonces puedo añadir un mal entendimiento de lo que significaba el trabajo en equipo, una completa falta de integridad ministerial. En conclusión, podemos determinar lo importante que es cumplir como requisito real cada una de las características que apuntan hacia el carácter de un candidato a pastor, al igual que la justa necesidad de que la tarea no sea llevada a cabo por un solo hombre sino por un equipo colegiado». –Wilmando Hdz