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Devocional «En ti confiaré» | Efesios

Efesios | por Henry Tolopilo

“En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:11-14).

Las pruebas y dificultades pueden afligirte, desviando tu mirada de la verdad. Por eso es importante recordar que Dios siempre cumple sus promesas, nunca falla y es fiel a su palabra. El libro de Efesios recuerda la fidelidad de Dios al proveer una promesa segura con base en su plan eterno para aquellos que están en Cristo Jesús. Aunque el mundo es cambiante y siempre hay incertidumbre, Dios permanece fiel y puedes confiar en su verdad.

Los políticos prometen cosas que no cumplen. Parece difícil imaginar a alguien que siempre haya cumplido su palabra al pie de la letra. Pero a diferencia del hombre, Dios sí cumple sus promesas. Él nunca promete algo que no pueda cumplir (Ro. 4:21), tiene el poder para garantizar que se cumpla y, además, es fiel (Heb. 10:23).

La herencia

Dios promete una herencia eterna con Cristo en gloria para el creyente: “En Él asimismo tuvimos herencia” (Ef. 1:11). El fundamento de tu herencia es Él, Jesucristo. Fuera de Él, lo único que puedes esperar en el futuro es condenación eterna (Jn. 3:17-18; Hch. 4:12). Dios derrama bendiciones temporales sobre todas sus criaturas, “justos e injustos” (Mt. 5:45), pero bendice espiritual 29 y eternamente solo a los suyos, a los que están “en Cristo” (Ef. 1:1, 3, 4, 6-7, 10, 11-14).

Para Pablo, estar “en Cristo” describe la unión espiritual que existe entre Cristo y aquellos que le pertenecen. Es una unión real y milagrosa. Fuiste identificado con Cristo en su muerte y resurrección (Ro. 6:3-6). Moriste con Él y tu pecado fue pagado (6:7). Por esa identificación es que el apóstol dice que tienes una herencia (Ef. 1:11, 14). Aunque no has alcanzado la gloria y, aunque la herencia final es todavía futura, Dios lo considera una realidad tal que afirma que ya la obtuviste. Es un hecho incontrovertible. Tu unión con Cristo es tal que, aunque no hayas experimentado el cielo, ya eres parte de esa realidad (2:6).

Tu herencia gloriosa futura es una de las grandes y preciosas promesas que Dios te ha dado en Cristo: “Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente con Él seamos glorificados” (Ro. 8:17). Independientemente de lo que suceda a tu alrededor, puedes estar seguro de que Dios es fiel y de que tu herencia futura está garantizada.

La elección

La herencia que tienes en Él es porque fuiste “[predestinado] conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad… para alabanza de su gloria” (Ef. 1:11-12). Esto no fue un accidente. No lo escogiste tú. Dios te escogió desde “antes de la fundación del mundo” (1:4). Dios lleva a cabo sus planes de acuerdo con su propósito soberano en todos los acontecimientos pasados, presentes y futuros (Is. 46:9-11). Por eso puedes vivir seguro y confiado, independientemente de las circunstancias.

Dios es soberano. Él “hace todas las cosas según el designio de su voluntad” (Ef. 1:11). Nadie más tiene esa capacidad. Dios tiene el poder para que su plan no quede a medias, sino que llegue a término. Por eso el apóstol Pablo podía afirmar con tanta confianza “que el que comenzó en [ti] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Fil. 1:6). No hay mayor certeza que saberse seguro en los brazos de Dios, sabiendo que Él tiene todo el poder. 30 Dios, desde el comienzo hasta el fin, lleva a cabo su poderosa obra de salvación. No puedes jactarte. La obra es de Dios y la gloria es suya (Ef. 1:12). Dios no comparte su gloria con nadie. Él es el único digno de recibir gloria.

La garantía

Finalmente, el apóstol afirma que tienes otra certeza: “En Él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (1:13). En él, recibiste el sello del Consolador prometido por Jesús. El Espíritu Santo morando en ti es la garantía de tu redención futura (1:14). ¡Qué glorioso y qué esperanza! Dios es fiel y tiene cuidado de cada detalle de tu salvación. Solo debes responder en fe y creer.

En línea con lo que dijo en el versículo 12, Pablo afirmó a los romanos que “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro. 10:17). La fe viene como una respuesta positiva al mensaje del evangelio de Jesucristo. La fe es la respuesta del hombre al propósito de Dios. La elección de Dios de los suyos se observa en la respuesta de ellos por medio de la fe. Tú creíste el evangelio — las buenas nuevas— de salvación después de escuchar la verdad de su Palabra. Por eso ahora vives por fe, y no por obras, aunque las obras son pruebas de tu fe: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10).

¡Qué bendición saber y recordar que tu herencia, tu salvación, está garantizada! El Espíritu Santo mora en ti como garantía de que él cumplirá. Dios es fiel y cumplirá su promesa. Ten fe en medio de la prueba y sostente de Él y sus promesas.

Para reflexionar

Dios es fiel en salvar a los suyos para sí mismo. En Él tienes una herencia incorruptible. Habrá pruebas y dificultades, pero debes confiar en Cristo y tener esperanza de la herencia que ganó para ti.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

La bendición de humillarse delante de Dios

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo. Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. (1Pedro 5:6-7)

REFLEXIÓN

Cuando hablamos de humillación, estamos renuentes a esa condición, porque de alguna manera en alguna oportunidad hemos sido objeto de humillación por parte de otra persona o circunstancia. Ese sentimiento de inferioridad nos hace rechazar por completo cualquier idea que tenga que ver con humillarnos, por lo general nadie quiere ser humillado, todos quieren ser reconocidos y sobresalir en cualquier situación en la que tengan que ser expuestos.

En una oportunidad cuando vivía en Barcelona y fui personal contratado en una alcaldía de otro municipio, mi jefa me sugirió que me tenía que cambiar de residencia porque venían las elecciones municipales y debía votar por el candidato de la alcaldía, eso me colocó en una situación un poco incómoda porque implicaba que tenía que mentir en el registro electoral. Finalmente me negué a hacer eso, lo que produjo una semana después que mi jefa me llamara para decirme que ya no podía seguir trabajando con ellos. Semanas más tarde, todo dio un giro sorpresivo, el candidato de la alcaldía perdió las elecciones, y el nuevo alcalde junto con su nuevo gabinete habían tomado posesión de todos los cargos políticos en la alcaldía, incluyendo el de mi jefa, posteriormente un buen amigo mío tomó su lugar en ese cargo y me mandó a llamar para que recuperara mi cargo y trabajara junto a él.

Antes de fallarle a Dios, decidí humillarme delante de él y le lancé todas mis cargas, nadie más que Dios sabía lo mucho que necesitaba ese empleo, así que decidí confiar en su soberanía, y él se encargó de hacer su parte. Me hubiesen o no llamado a trabajar de nuevo, de igual manera me iba sentir tranquilo, sabiendo que Dios tenía cuidado de mí, de que estar bien con Él, a su debido tiempo iba a traer a mi vida una exaltación segura.

Es posible que no sepamos que debemos hacer ante la situación en la que actualmente nos encontramos, pero en esta oportunidad es importante recordar que:

DEBEMOS HUMILLARNOS ANTE DIOS

Pablo después de haber dicho a sus lectores que, «Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes» -1 Pedro 5:5b, les pide que se humillen, esto ataca directamente su orgullo, al ser humano le cuesta reconocer que no puede solo, cuando necesita ayuda o cuando se equivoca, este sentido de autosuficiencia y autocontrol es contrario a lo que Dios espera de aquellos que creen en Él, ya que esta actitud egoísta, que piensa solo en el “yo”, bloquea la acción de Dios sobre sus vidas y las bendiciones que trae consigo el humillarse delante de Dios.

La humildad abre camino a sanas relaciones entre los miembros de una comunidad que busca agradar a Dios, genera oportunidades de transformación y da la oportunidad de que Dios haga como quiere, incluso levantarnos de esa condición de humillación con su mano poderosa.

Conociendo esto, podemos descansar sabiendo que, cuando me humillo ante la poderosa mano de Dios no seré avergonzado, porque es seguro que él hará justo lo necesario para que pueda salir victorioso en medio de cualquier situación que para mí es difícil de sobrellevar.

Pero, ¿Cómo nos humillamos ante Dios?

ECHANDO TODA NUESTRA ANSIEDAD SOBRE ÉL

La humildad verdadera se demuestra cuando tenemos la habilidad de echar nuestra ansiedad sobre Dios. Es un error pretender que podemos lidiar solos, con aquellas cosas que Dios ha prometido que Él tratará. Si hiciéramos caso de la orden en 1 Pedro 5:6 y verdaderamente nos humillamos bajo la ponderosa mano de Dios, tendríamos muchas menos preocupaciones para echar sobre Él como se nos invita en 1 Pedro 5:7. Las preocupaciones sobre la codicia, ambición, popularidad, todas se evaporan bajo la orden de humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios.

El verbo echar indica literalmente “lanzar sobre Él”, esto se entiende en el sentido espiritual, todo aquello que nos queda aún después de humillarnos y nos mantiene ansiosos, debemos lanzarlo sobre Jesús, él podrá llevarlo por nosotros mientras nosotros llevamos su carga, pues sus cargas son mucho más llevaderas que las nuestras. Pero no podemos llevar ambas, debemos desprendernos de aquello que creemos que podemos soportar nosotros solos. El Señor Jesús les dijo a sus discípulos: «Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga». (Mateo 11:29-30)

Debemos entender finalmente que, Dios tiene el poder para transformar nuestras vidas y cambiarnos para ser como él quiere que seamos, que él además cuida de nosotros y por eso con toda confianza podemos rendirnos por completo ante su mano poderosa, postrarnos delante de su presencia para echar todas aquellas cargas que sabemos que solos no podemos llevar, orando al Padre y pidiéndole perdón por la actitud egoísta que quizás hemos tenido al pensar que no necesitamos de él ni de nadie. No pierdas la oportunidad de recibir la bendición de obtener descanso para tu alma al humillarte delante de la Poderosa mano de Dios. Deja que Dios transforme tu vida.

ORACIÓN

Padre Santo, te doy gracias porque nuevamente tocas un elemento de mi vida que sabes que no te puedo ocultar, ayúdame a seguir luchando contra mi orgullo, a no seguir creyendo que no te necesito en algunos momentos, o que puedo con esas cargas que tu prometiste ya llevar por nosotros, te entrego todo aquello que no te agrada, mis pecados, mis temores, mis luchas, ayúdame a vencer como tu lo hiciste, gracias porque tienes cuidado de mí y me exaltarás a su debido tiempo. En el precioso nombre de tu hijo Jesús, amén.

Cómo tener paz en medio de la angustia

Por nada estéis angustiados, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Flipenses 4:6-7)

REFLEXIÓN

El diccionario de la Real Academia Española define a la angustia como: Aflicción, congoja, ansiedad, temor opresivo sin causa precisa. Sea cual sea la definición que más se parezca a nuestra realidad, lo cierto es que todos nos angustiamos. Es normal tener cierto nivel de angustia cuando usted o un ser querido está pasando por una situación difícil. En algunos casos, una persona con angustia puede presentar dificultad para dormir, comer o concentrarse; otros podrían tener pensamientos frecuentes de enfermedad y muerte. Algunos estudios han demostrado que las mujeres tienen un mayor riesgo de angustia, así como las personas que han sido abusadas física o sexualmente en el pasado, o si tienen antecedentes de tener un trastorno mental o abuso de drogas o alcohol.

Es posible que no estemos conscientes de cuan angustiados podemos estar, sin embargo, en esta oportunidad debemos tener presente que:

ES NORMAL ESTAR ANGUSTIADOS

Sabiendo esto, podemos reconocer que nada podemos hacer para cambiar nuestra situación, porque muchas veces las cosas que nos angustian no dependen de nosotros, siempre están relacionadas con circunstancias externas que no podemos controlar o que están dentro de los propósitos y planes de Dios, es normal estar angustiados, el Señor Jesús se sintió igual cuando le dijo a sus discípulos que uno de ellos le iba a traicionar, en su condición humana él también pudo experimentar este mismo sentimiento (Juan 13:21), por eso él puede entender más que nadie como te puedes estar sintiendo en esa situación que hoy puede que estés enfrentando. Antes que angustiarse, mejor es poner nuestras cargas en sus manos.

HAY ALGO MEJOR QUE ANGUSTIARSE

Pablo escribe a sus lectores desde la cárcel y aun desde este lugar que puede ser tan frio y solitario logran salir las palabras: “por nada estén angustiados”. ¿Cómo es posible tener tanta calma en medio de una situación así?, el secreto de Pablo está en la oración y las acciones de gracias al Dios que todo lo puede, él le pide a todos los que creen en Jesús que le presenten a Dios todo su dolor, todo aquello que les angustia, aflige y los hace estar ansiosos, les pide que oren, que rueguen al Padre y que además le den gracias. Hemos aprendido que para los que confían en Dios, todas las cosas les ayudan a bien, y aun las dificultades le ayudan a crecer, agradecer a Dios por eso trae consuelo.

El Señor Jesús les dijo a sus discípulos en Mateo 6:27: –¿Creen ustedes que por preocuparse vivirán un día más? — De qué vale angustiarse entonces, qué ganaré con ello, es normal que nos suceda, sí, porque somos humanos y tenemos debilidades, pero podemos rendirnos en las manos del maestro y confiar en sus promesas mientras agradecemos por lo que ya nos ha dado.

¡Ya basta de luchar solo! Debemos rendirnos por completo ante Dios y decirle con toda honestidad que hemos intentado hacer la cosas a nuestra manera, que hemos desviado nuestra mirada y corazón de sus promesas y hemos preferido confiar en nuestras propias fuerzas. Sólo así el Señor podrá obrar de manera extraordinaria para ayudarnos a vencer en medio de la angustia.

PODEMOS TENER PAZ EN MEDIO DE LA ANGUSTIA

Debemos entender finalmente que, entregarnos por completo en las manos de Dios traerá la paz que hemos buscado quizás en otras cosas, su victoria es segura, su consuelo es divino y su paz sobrepasa todo entendimiento. «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.  No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo. (Juan 14:27).

CONCLUSIÓN:

Es un privilegio dado al creyente el tener a Jesús como la fuente de su paz.

Recuerda, el Señor Jesús conoce perfectamente como nos sentimos, él lo sabe todo, conoce nuestros pensamientos y nadie mejor que él puede entender nuestro dolor, no dudes en confiar en Él. Háblale y ábrele tu corazón.

Lo más importante, es saber que en Jesús tenemos paz, si decides creer en Él como tu Señor y Salvador, de seguro él con toda ternura te guardará en perfecta paz, porque una morada eterna en los cielos te esperará para vivir con él por la eternidad.

ORACIÓN

Señor te doy gracias porque tú eres bueno, reconozco que he estado peleando solo y me he dado cuenta que estoy caminando en círculos sin llegar a ninguna parte y sin tener un propósito en la vida, quiero que tú seas mi propósito, que tú me ayudes a creer por completo en ti, te pido que me des de tu eterna paz, que me ayudes a esperar en tus promesas, te entrego mi vida y mis cargas. En el nombre de Jesús, amén.

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Venciendo la tentación

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. (1 Corintios 10:13)

REFLEXIÓN

La tentación es algo que podemos definir como: Un espejismo que se hace grande en nuestro interior. Una voz pequeñita que crece y que en un momento fugaz propone, aun sin decirlo, dejar de lado a Dios, haciéndonos creer que alguien o algo más podrá satisfacer plenamente nuestro corazón. Y es que, sin lugar a dudas, la tentación llega a nuestras vidas por medios humanos, somos impulsados hacia ella y muchas veces se va formando poco a poco en nuestro interior si le damos oportunidad.

Retrocedamos por un momento a lo que sucedió en el Jardín del Edén, en lo que llamamos, “La caída del hombre”, –La mujer se fijó en que el fruto del árbol sí se podía comer, y que sólo de verlo se le antojaba y daban ganas de alcanzar sabiduría. Arrancó entonces uno de los frutos, y comió. Luego le dio a su esposo, que estaba allí con ella, y también él comió.— Génesis 3:6, que triste episodio, todo un jardín repleto de árboles frutales del cual Dios proveyó al hombre y a la mujer para que comieran y ellos decidieron hacer caso a la serpiente y comer del fruto del árbol prohibido. El resultado: la entrada del pecado en el mundo por causa de la desobediencia, el pecado no fue comer del fruto, el pecado fue desobedecer la voz de Dios.

Vemos como esta tentación en el ser humano no llegó de repente, la mujer primero comenzó a escuchar la voz de la serpiente que con sus mentiras empezó a engañarla, ella dejó a un lado a Dios y no sólo dejó llenar su corazón de mentiras, sino que además comenzó a mirar el fruto del árbol como una opción para comer, finalmente lo tomó, comió de él e impulsó también al hombre a comerlo. Vemos como fácilmente se involucran los sentidos tales como: el oído, la vista y el tacto para llevar a cabo la consumación de esta tentación. Todas las demás pruebas que a nuestra vida llegan y que nos impulsan a hacer lo contrario a la voluntad de Dios no se diferencian en nada de este primer episodio de desobediencia de la humanidad.

Es posible que no estemos conscientes de cuando estamos ante una situación que nos llevará a cometer un acto totalmente contrario a la voluntad de Dios, en esta oportunidad debemos tener presente que:

LA TENTACIÓN NO PIDE PERMISO

Esta tentación de la que Pablo le habla a sus lectores se refiere a las pruebas de diverso carácter, es la misma palabra que usó el Señor Jesús cuando le ensañaba a sus discípulos sobre cómo debían orar, en Mateo 6:13 dice: “Y no nos metas en tentación”, en medio de estas pruebas se le manda a los creyentes a que oren para no ser llevados a ellas por fuerzas fuera de su control –Velad y orad, para que no entréis en tentación— Mateo 26:41; en todos estos casos vemos que de alguna manera las tentaciones siempre estarán presentes.

Sabiendo esto, podemos estar prevenidos como cual soldado se prepara para la batalla, ya que estamos conscientes que, así como en la guerra el enemigo puede atacar en cualquier momento, en la vida vamos a ser tentados a hacer aquellas cosas que a Dios no agradan, el pecado está al asecho, y el pecado lo podemos definir como todo aquello que decimos, vemos, oímos, hablamos, tocamos, hacemos, o pensamos que a Dios no agrada.

Pero, ¿Por qué Pablo dijo esto a sus lectores?

LA TENTACIÓN NO LE GANA A NUESTRA RESISTENCIA

En Corinto la cultura estaba llena de depravación moral y muchas presiones, no muy diferente a lo que vivimos actualmente, en ese sentido, Pablo conociendo esto, le habló a sus lectores de las cosas que debían evitar para no caer en pecado o hacer caer a otros en pecado, los amonestó, poniéndoles ejemplo de las cosas que sus antepasados hicieron y que no eran agradables a Dios, como la codicia, la idolatría, esa tendencia del hombre de amar o admirar en exceso algo por encima de Dios, la fornicación, tentar a Dios y la murmuración. Aquel que crea ser tan fuerte de manera que piense que no cometerá estos mismos errores, debe tener cuidado de no caer. Sea cual sea la prueba o tentación, lo cierto es que llagará de alguna manera, y que no sería algo que ellos no puedan resistir porque junto con la prueba, el Señor iba a dar la salida.

Debemos reconocer que no tenemos excusa cuando se trata de enfrentar las tentaciones, porque no son cosa sobrenatural, son impulsos motivados por nuestros sentidos que si cedemos ante ellos, sus consecuencias pueden resultar no muy convenientes, existen muchos tipos de tentaciones, pero la que Pablo está enseñando en este texto a sus lectores, es aquella que tiene relación con una persona, cosa o situación que atraen de forma irresistible y provocan un mal que puede afectar negativamente a la persona que cede ante ella y también a quienes le rodean, por lo general estos actos, son contrarios o se oponen de manera absoluta a la voluntad de Dios. Si otros han resistido las tentaciones, usted también lo puede hacer.

Pero, ¿Qué hacer para vencer la tentación?

LA TENTACIÓN PUEDE SER VENCIDA CON LA AYUDA DE DIOS

Por muy cruel y orquestada que sea la tentación, ninguna es tan irresistible como nuestro tan extraordinario, verdadero y magnífico Dios. El Señor Jesús cuando fue tentado en el desierto nos señaló la clave para ayudarnos a vencer las tentaciones Su maravillosa Palabra: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Mateo 4:4.

Debemos entender finalmente que, si queremos vencer toda cruel tentación, debemos pelear no con nuestras propias fuerzas, sino con las fuerzas de Dios, porque su poder es capaz de librarnos de cualquier situación que para nosotros sea humanamente difícil de sobrellevar, el Señor nos ama tanto y desea fortalecernos mediante la actividad de su poder operando en nuestras debilidades.

Dios nos ayudará resistir la tentación ayudándonos a reconocer a aquellas personas y situaciones que originan el problema; a apartarnos de todo aquello que sabemos que es está mal y a Dios no agrada; escogiendo sólo lo que es correcto aun cuando no sea lo que más nos guste, a orar pidiendo la ayuda de Dios en todo momento, y buscar la compañía de aquellos que aman a Dios y que serán de ayuda en tiempos de tentación. Huir de la tentación es el primer paso hacia la victoria.

CONCLUSIÓN:

  1. Es un privilegio dado al creyente el tener a Jesús como la salida a toda cruel tentación.
  2. Recuerda, el Señor Jesús fue también tentado estando en la condición humana, él siendo hombre y Dios al mismo tiempo, más que nadie puede entender cuando pasamos por tentaciones que creemos son imposibles de soportar, y aun cuando caemos como víctimas de ellas, él está allí dispuesto a perdonar nuestros más grandes errores.
  3. Lo más importante no es saber que en Jesús tenemos la victoria segura, solo debemos confiar en él y en su pronto auxilio en medio de una situación que comprometa nuestra integridad delante de él.

ORACIÓN

Señor te doy gracias porque tu nos amas de tal manera que no permitirás que seamos tentados mas de lo que podamos resistir y que además nos darás junto con la tentación la salida, que maravilloso eres Señor que nos proteges y nos permites fortalecernos cuando te glorificas aun en nuestras debilidades. En tu hijo Jesucristo, amén.

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Esperanza en medio de la tormenta

Tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse, porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. (Romanos 8:18-19)

REFLEXIÓN

Muchas personas viven vidas rutinarias porque no están conscientes ni expectantes de lo que nos espera en la eternidad. Pero cuando procuramos entender, qué pasará después de la muerte y entendemos que hay un propósito divino de parte de Dios, nuestra perspectiva en la vida cambia. Comenzamos a ver las cosas desde otro punto de vista, comenzamos a conseguirle sentido a muchas de las tormentas que nos toca vivir. Tal vez lo que estás enfrentando te hace preguntarte sí Dios te ha dado la espalda. Tu prueba puede durar un día, un año, una década, o más. Hay tempestades que parecen eternas, pero dudo que tus circunstancias sean peores de las que les tocó enfrentar al Señor Jesucristo y a muchos de sus discípulos.

Es posible que no podamos entender, por qué pasamos por situaciones difíciles, pero, en esta oportunidad es importante recordar que:

HAY AUN AFLICCIONES EN EL TIEMPO PRESENTE

Sin duda alguna Pablo estaba hablando de su propia experiencia personal como seguidor de Cristo cuando le habla a sus lectores sobre: “las aflicciones del tiempo presente”. Por predicar el evangelio de Cristo, lo llamaban loco; él fue azotado y encarcelado muchas veces. Pablo no escatimaba recorrer largos caminos, ponerse en peligro de muerte, persecución de parte de sus compatriotas judíos, gentiles y falsos hermanos. Además, a todo eso hay que sumar la constante preocupación por la situación de todas y cada una de las iglesias, por las cuales se fatigaba con exceso de trabajo y padeció hambre, sed, frío, falta de ropa y largos ayunos.

Cuando se trata de seguir a Cristo o no, debemos tener presente que la palabra: Sufrimiento nos seguirá donde quiera que vayamos, nadie puede decir que jamás ha sufrido o sufrirá, sin importar tu posición social o espiritual, el sufrimiento no dejará de existir porque mientras haya pecado en el mundo, el sufrimiento será su consecuencia. Las tormentas de la vida son una realidad que no podemos evitar.

La diferencia entre uno que sufre con o por causa de Cristo a uno que sufre con o sin Cristo, es la esperanza de la gloria venidera que en los que creen ha de manifestarse. Si estamos en Cristo, podemos saber que el sufrimiento es un regalo con el propósito de ayudarnos a conformarnos más a Su imagen. No podemos sorprendernos de tener que sufrir por causa de Cristo, mucho mejor que sufrir sólo es sufrir con él y por él, porque mayor será la gloria. Sabiendo esto, podemos caminar seguros, porque sabemos lo peligroso y difícil que puede ser el camino, pero aun así nada de eso detendrá que alcancemos la gloriosa meta final.

Pero, ¿Mientras llega esa gloria, cómo podemos caminar en medio de la tormenta?

LAS AFLICCIONES NO OPACAN LA GLORIA VENIDERA

Pablo no estaba ajeno o ciego a las aflicciones de la existencia humana; él experimentó muchas más que la mayoría de nosotros pueda experimentar hoy. Pero él aún consideraba que la gloria futura sobrepasaba por mucho a las presentes aflicciones.

Sin una esperanza celestial, Pablo consideraba a la vida cristiana como necia y trágica: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres”. (1 Corintios 15:19). Pero a la luz de la eternidad, es más sabio y es la mejor elección que alguien pueda hacer. Aún la creación misma espera esta gloriosa manifestación, y es que ella también será librada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. (Romanos 8:21).

Esta gloria venidera está ligada a Jesucristo, el apóstol Pedro se lo dijo a sus lectores de la siguiente manera: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”. (1 Pedro 5:10). Actualmente el Señor Jesús no se ha manifestado por completo, su segunda venida está a las puertas, él prometió venir nuevamente para estar por la eternidad con todos sus hijos: “Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”. (1 Tesalonicenses 4:17)

En el día de aflicción podemos recordar la promesa de la gloria que recibiremos en Cristo, la cual ya podemos disfrutar en parte, todos aquellos que hemos creído en él. Todos los que han venido a ser un hijo de Dios, ya han recibido el adelanto, la garantía del cumplimiento de esa promesa maravillosa en la persona de su Espíritu Santo que mora en el creyente. Debemos reconocer que las dificultades siempre estarán presentes de alguna manera, pero que confiar en Dios hace una gran diferencia.

¿Cómo llegar a ser un hijo de Dios para participar de esa gloria venidera?

SI CONFIAMOS EN JESÚS PARTICIPAREMOS DE ESA GLORIA

Una de las mentiras que el enemigo de este mundo, Satanás el diablo ha sembrado en los corazones de las personas, es hacerles creer que “TODOS SOMOS HIJOS DE DIOS”, esto es completamente falso, el apóstol Juan en su evangelio dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). Debemos recibir a Jesús y creer en él para llegar a ser hechos hijos de Dios. Sólo Jesús es el único camino al Padre, no hay otro nombre dado a los hombres en el que podamos ser salvos.

Debemos entender finalmente que, si queremos disfrutar de esa gloria venidera, debemos creer en aquel que ha sufrido primero por nosotros todo lo que merecíamos sufrir al morir en la cruz en nuestro lugar, y que gracias a su maravilloso sacrificio nos da acceso por medio de la fe en él, de ser hechos sus hijos.

CONCLUSIÓN

Es un privilegio dado al creyente el pasar por aflicciones.

Recuerda, tenemos una esperanza de gloria que superará por completo todas nuestras expectativas de vida en esta tierra

Un sufrimiento momentáneo y una eternidad con Cristo será mucho mejor que un aparente gozo terrenal y una eternidad sin él.

Lo más importante es saber que Dios ha dado la oportunidad a todo aquel que recibe y cree en su Hijo Jesucristo, de ser hechos Hijos de Dios.

No hay razón para seguir sufriendo solo, sufrir con Cristo, por su causa y tener una esperanza de gloria en Él es mucho mejor.

ORACIÓN

Señor te doy gracias porque tu me haces entender que pasar por aflicciones es algo que no puedo evitar pero que sufrir por ti y contigo a mi lado es mucho mejor que estar fuera de ti. Gracias porque me haces estar seguro y confiado de mi futuro glorioso que en ti he de recibir por tu gracia inmerecida. En el nombre de tu Hijo Jesucristo, amén.

Catching the bus in downtown Chicago on a rainy day.

Alegría en medio de la tormenta

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

REFLEXIÓN

El año pasado en una conferencia virtual en medio de la pandemia, el famoso predicador estadounidense, John Piper dijo: “No puedes impedir que el dolor y las lágrimas lleguen, pero puedes evitar que la alegría se vaya, porque el dolor y la alegría se basan en realidades diferentes”. Y es cierto, la raíz del gozo verdadero no está en el poder de las circunstancias, sino en la verdad que gira alrededor de la persona de Jesucristo, en su evangelio glorioso. Sólo aquel que ha confiado en Cristo como Señor y Salvador, es capaz de experimentar alegría en medio de cualquier tormenta.

Es posible que no podamos entender cómo la alegría y el sufrimiento pueden caminar juntos de la mano, pero, en esta oportunidad es importante recordar que:

NOS PODEMOS ALEGRAR EN LAS TORMENTAS PORQUE TIENEN UN PROPÓSITO DIVINO

Esta no era la primera vez que un discípulo de Cristo les escribe a sus hermanos, para decirles que es posible estar alegres en medio de las pruebas, Santiago también les dijo a sus lectores: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” Santiago 1:2. Lo que hace notar que el alegrarse por las pruebas y dificultades que les tocaba pasar era algo necesario y válido para ellos.

Pero esto no parece tener mucho sentido cuando lo observamos desde el punto de vista humano, cualquiera puede decir, -pero que masoquistas son-, la gente no está psicológicamente preparada para desear que las pruebas lleguen a su vida, en realidad no las desea, no quisiera tener que enfrentarlas. Para los creyentes tener que pasar por pruebas como pasó Jesús, es un gozo, porque saben que Dios las permite y tienen para sus vidas un propósito divino.

Sabiendo esto, podemos estar tranquilos, porque sea cual sea la circunstancia que enfrentemos, seremos consolados por la verdad de Dios a través de su amor derramado por nosotros para perdón de pecados.

Pero, ¿Qué nos ayuda a estar gozosos en medio de las pruebas?

PODEMOS SUPERAR TODA TORMENTA PORQUE DIOS NOS AYUDA

Definitivamente este gozo, esta alegría que se puede experimentar aun por las pruebas que Dios permite, no puede ser posible tenerla si no fuese por la gracia de Dios, que por medio de su Espíritu Santo derrama de su gran amor en los corazones de aquellos que han deciden creer en él.

En esto se cumple la promesa de Dios hecha a sus discípulos de que ellos recibirían a uno que les daría testimonio de todo lo que necesiten saber para caminar con Cristo. “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. Juan 15:26

Debemos reconocer que el sufrimiento no nos agrada, pero si nos alegra saber que Dios nos ama y permite que pasemos por dificultades para ayudarnos a crecer y ser cada vez mejores para su gloria. La meta no es evitar las pruebas, sino tener una correcta actitud ante ellas en el momento que llegan, entendiendo finalmente que, por nuestra propia cuenta no podemos superarla.

Además, tener que soportarlas, no es motivo de vergüenza, ya que tenemos una garantía de esta esperanza que hemos depositado en Dios, y es su Espíritu Santo que ha sido dado a todo aquel que cree para revelar todas las cosas que necesitamos para vencer. Su amor nos cubre y es suficiente para mantenernos a salvo en medio de cualquier tempestad.

CONCLUSIÓN

1. Es un privilegio dado al creyente el experimentar alegría en aun en las dificultades.
2. Recuerda, La esperanza que se pone en el amor de Dios no es ninguna ilusión; porque Dios nos ama con un amor eterno respaldado por un poder eterno. Su Espíritu Santo de la promesa.
3. Lo más importante es saber que no estamos solos, Dios está en el asunto y nos provee de su gracia para superar toda dificultad. Su amor nos inunda y nos lleva mucho más profundo para guardar con fe la esperanza de su victoria en nosotros.

ORACIÓN

Señor te doy gracias porque me permites estar alegre aun cuando no puedo contener mis lagrimas por causa del dolor, saber que estas al control de todo el asunto que rodea mi situación produce en mi una esperanza gloriosa que me hace estar tranquilo de que tú me ayudarás a superar con éxito esta dura prueba. Gracias por tu gran amor con que me amas. En el nombre de tu Hijo Jesús, Amén.

Paz en medio de la tormenta

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)

REFLEXIÓN

Cuando preguntamos cual es la definición de paz, dependiendo desde el punto de vista en que lo veamos puede tener muchos significados, para la mayoría de las personas, la paz es ese estado de quietud, armonía, donde no existe conflicto o guerra. Sin embargo, si queremos profundizar y definir la paz verdadera, podemos decir que es aquella que aun en medio del conflicto inunda nuestro ser.

Es la condición de quien no está perturbado por ningún conflicto o inquietud. Aquel que disfruta de una paz profunda. Evidentemente muy pocos hoy disfrutan de esta paz porque la buscan donde no se consigue o buscan esa paz que se define por “ausencia de problemas”, pero la paz verdadera es la que ofrece Jesús en su propia persona: “en mí tengáis paz”.

Es posible que nos dejemos confundir por la definición que el mundo le da al concepto de paz, pero, en esta oportunidad es importante recordar que:

EN EL MUNDO TENDREMOS AFLICCIÓN

Jesús les estaba hablando a sus discípulos sobre las persecuciones que iban a sufrir por su causa. Se avecinaba una fuerte tormenta que perturbaría sus vidas, serían expulsados de las sinagogas, sufrirían la muerte, estaba hablando de lo que iba a pasar en el futuro cercano, los discípulos serían esparcidos después de la detención de Jesús para crucifixión.

Como notamos, la tormenta pronosticada, esa persecución que menciona Jesús a sus discípulos es una persecución que los llevaría incluso a la muerte, Jesús les estaba contando una historia de terror sobre lo que a ellos les iba a ocurrir, los discípulos estaban a punto de presenciar lo despiadado que podía ser el mundo que se negó a creer en Jesús, el enviado de Dios para salvación, al crucificarlo en una Cruz.

Debemos reconocer que la oferta de seguir a Jesús no es una oferta engañosa, el Señor fue muy sincero y honesto con sus discípulos, les hizo saber que iban a ser afligidos, pero la diferencia entre ser afligido sin él y ser afligido estando con él, es esa condición de paz aun en medio de las adversidades.

Pero, ¿Cómo es posible tener paz en una tormenta así?

EN JESÚS TENEMOS PAZ

Paradójicamente Jesús está dando esperanza y paz a sus discípulos con estas palabras, ya que, aunque ellos serían perseguidos y por un momento tendrían tristeza por su muerte, ellos recibirían el mayor gozo que puede recibir cualquier seguidor de Cristo, la verdad de saber que, aunque Cristo murió, al tercer día resucitó de los muertos con gran poder y gloria… esa es la paz que sobrepasa todo entendimiento, la paz que Dios da a todo aquel que decide creer en él por medio de su Hijo Jesucristo.

Esa paz que no importando la tribulación o angustia te hace estar tranquilo y seguro que tu destino es estar al lado del maestro, en una eternidad con el Supremo Creador. No hay dolor, no hay sufrimiento, no hay peligro, no hay angustia o persecución, no hay nada ni nadie que pueda quitar esto del que decide depositar su total confianza en Jesús.

Sabiendo esto podemos rendirnos por completo en las manos de Dios, pues él nos brinda plena seguridad y confianza en medio de cualquier dificultad. Debemos comprender que la paz de Dios no es un estado temporal, es una condición permanente en todo aquel que cree en él.

¿Qué hacer en momentos de grandes tormentas?

PODEMOS CONFIAR EN JESÚS PORQUE ÉL NOS HA DADO LA VICTORIA

La victoria de Cristo en la Cruz, la victoria de Cristo sobre el mundo, se convierte en la victoria de todos aquellos que creen en él como su Señor y Salvador.

La confianza es un imperativo, es una orden de Jesús para sus discípulos, él les dice: En la dura prueba, tengan ánimo, en la feroz tormenta alentaos unos a otros, no desmayen, no se rindan, sigan creyendo porque la victoria es nuestra.

Debemos entender finalmente que nuestra confianza debe estar depositada por completo en Jesús, pues su victoria se convierte en nuestra victoria en el momento en que decidimos creer en Su Palabra.

CONCLUSIÓN:

  • Es un privilegio para todos los que creen, tener a Jesús como su fuente de paz.
  • Recuerda, el Señor Jesús fue perseguido y sufrió toda clase de aflicciones que lo llevaron a la muerte de Cruz, todo aquel que decide creer en él no es más que Jesús, para que pretenda que no pasará también por aflicciones, la diferencia está en que al igual que el Padre estuvo con Jesús en todo su peregrinar, el Señor Jesús promete estar con nosotros durante todo el proceso.
  • Lo más importante es saber que la victoria de Jesús en la Cruz se ha convertido en la más grande victoria que le da sentido a nuestra confianza en él, porque, así como el venció nosotros también venceremos porque nuestra vida está en sus manos.

ORACIÓN

Señor te doy gracias porque tu eres la fuente de la paz que me hace estar seguro, que me hace estar confiado en que, así como tu venciste al mundo, yo también podré vencer con tu ayuda, porque siempre estarás allí en las mas grandes tormentas de mi vida. Gracias por tu paz y porque me permites confiar plenamente en ti. En Cristo Jesús, Amén.

Las mujeres mayores aconsejan a las más jóvenes en su rol como esposas y madres

Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada.
(Tito 2:3-5)

COMENTARIOS:

El tema de «familias establecidas» es súper amplio. Podemos encontrar diversos tópicos para tratar, y todos son de suma importancia.

Hoy nos corresponde esta porción de Tito 2, donde hay consejos explícitos para las mujeres mayores (refiriéndose a ancianas de edad, pero también maduras en la fe).

¿Qué cosas deben enseñar estas mujeres mayores y maduras en la fe a las más jóvenes?

  • A amar a sus maridos
  • A amar a sus hijos
  • A ser prudentes
  • A ser castas
  • A cuidar su casa
  • A ser buenas
  • A ser sujetas a sus maridos

REFLEXIONES:

¡Menuda tarea! Es un gran reto ser de ejemplo y guía para las nuevas generaciones. Una mujer madura bendice a una mujer joven, cuando le ayuda a comprender sus circunstancias y la puede guiar con la Palabra de Dios hacia donde Dios quiere.

Pero, el desafío es que cada anciana esté dispuesta a permitir que el Espíritu Santo obre en sus vidas, formando las actitudes necesarias para tener influencia espiritual en la vida de alguna otra mujer más joven.

Pensando en esto, debemos orar por las mujeres ancianas. Quizás alguna pensará: “ya soy mayor y no tengo mucho para dar en servicio al Señor”. O quizás está concentrada en los quehaceres del hogar, en mil actividades y no ha considerado este llamado.

¿Cómo podemos alentarles a abrazar el llamado de entrenar jóvenes de acuerdo al mandato de Tito 2? En la madurez y experiencia cristiana hay ricos tesoros que las más jóvenes e inexpertas creyentes necesitan aprender. Es por esto que en este pasaje, el apóstol Pablo le dice a Tito lo que debe enseñar a las ancianas.

ORACIÓN:

Señor y Dios, no se te ha escapado ningún detalle de la vida de la iglesia. Cada cosa ha sido preparada por ti. Tal es el caso de lo aprendido hoy. Las mujeres ancianas y maduras en la fe deben enseñar a las más jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, entre otras cosas.

Muchas mujeres no han recibido este ejemplo de su hogar, pero en la iglesia Tú nos ofreces esta enseñanza a través de mujeres mayores, que son baluartes de la fe. Que con sus vidas pueden influir para bien en la vida de las más jóvenes.

Permíteles a estas hijas tuyas poder estar dispuestas a enseñar con palabras y con el ejemplo lo que tu Palabra demanda de las mujeres creyentes. Que puedan sentirse gozosas de ser usadas por Ti, aún en una avanzada edad.

Gracias Señor por cada mujer que se deja usar por Ti para bendecir la vida de sus hermanas más jóvenes. Ayúdanos a ser creyentes establecidos en familias establecidas, cumpliendo con el papel que nos has dado a cada uno.

Todo esto lo rogamos en el nombre precioso de Jesús, amén!


Escrito por Mary Rondón de Beberaggi
15/03/2021
I.E. «Dios de Salvación» Vista al Sol. El Tigrito.

Devocional «En ti confiaré» | Gálatas

Gálatas | por Michel Galeano

 “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá. 4:4-6).

En momentos en donde todo parece acabarse o cuando no hay manera de seguir adelante, ¿a quién acudes? ¿dónde te refugias? Todos responden de alguna manera en momentos de dificultad o incertidumbre. Nadie se queda impávido. Unos confían en lo que tienen o pueden hacer. Otros confían en ellos mismos. Sin embargo, hay otros que por la gracia de Dios se desploman en entera humildad buscando a Dios como el único capaz de sostener su corazón y como la única fuente de seguridad.

Por años las promesas de Dios han sostenido a miles de creyentes en toda circunstancia y a pesar de las circunstancias. Pero ¿por qué son confiables las promesas de Dios? Porque todo lo que Dios promete está relacionado con quién es él. Entonces, solo será posible confiar en las promesas de Dios si conoces quién es Dios. No hay atajos. Solo haciendo eso podrás soltar toda falsa esperanza y deleite fuera de Dios, para aferrarte a toda verdadera promesa de Dios que te llevará a confiar en Dios.

La verdad

El apóstol Pablo escribe su carta “a las iglesias de Galacia” (Gá. 1:1) —lo que hoy se conoce como Turquía—, en donde se encontraban las ciudades que él visitó en su primer viaje misionero (Hch. 13–14). Estas iglesias, al pasar del tiempo, se vieron afectadas por falsas enseñanzas. Por eso Pabloconsidera necesario recordarles el corazón del evangelio, la obra perfecta de Cristo. Pablo hace esto entendiendo que la Biblia presenta el plan de Dios para que su nombre sea glorificado trayendo salvación por medio de su Hijo y adoptando a muchas personas para que sean perdonadas y llenas del amor de Dios a través del Espíritu Santo (Ro. 5:5).

Al leer la Biblia aprendes acerca de cómo Dios es fiel y poderoso para cumplir lo prometido. Él nunca faltó a su palabra y siempre cumplió todo lo que prometió. Esto es muy importante para ti, en especial cuando te encuentres en situaciones de aflicción. En esos momentos, debes recordar que tu Dios es fiel a sus promesas. No dudes nunca de la verdad de su palabra.

La confianza

Quizás alguien se pregunte si Dios puede cambiar o alterar sus promesas. Eso sucedió en el tiempo en que Pablo escribió Gálatas. Las iglesias de Galacia estaban siendo estorbadas en su carrera (Gá. 5:7) porque estaban siendo enseñadas que tenían que circuncidarse y mantener la ley para ser hijos de Dios. Por eso Pablo buscaba aclarar que estaban ahora bajo un nuevo pacto.

Dios no había cambiado o alterado su plan. No podían ni debían volver atrás porque Dios no lo había hecho tampoco. Las promesas de Dios son fieles porque Dios es fiel. A diferencia de los hombres, él nunca rompe sus promesas. Nunca se da por vencido ni necesita ayuda para cumplir. Nunca abandonará sus pactos ni a las personas con las que ha pactado.

Por esa razón, Pablo afirmó lo siguiente: “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que [recibieras] la adopción de [hijo]” (4:4-5). Este es el cumplimiento de Dios a su promesa de Génesis 3:15. Dios levantaría y cuidaría al descendiente de Eva que haría guerra con la serpiente y la vencería. Dios revelaría a la simiente (3:16) que vendría para asegurar el cumplimiento y disfrute de las promesas que traería el nuevo pacto (Jer. 31:31-34). Fue Cristo quien trajo ese nuevo pacto y sus bendiciones.

Él da a sus hijos un nuevo corazón, perdonándolos una vez y para siempre por la obra sustitutiva de Cristo. Por eso, Dios no se acordará más de tus pecados. ¡Qué Dios más glorioso y qué promesas más gloriosas!

La certeza y garantía

Eres heredero de Dios en Cristo. Por eso Pablo dice lo siguiente en 2 Corintios 1:20: “Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones”. Esta es la razón por la que puedes aferrarte al Dios de promesas: Cristo te compró para hacerte cada vez más como él para su gloria. Además, te ha sellado con su Espíritu como garantía de lo que hará.

Dios te recuerda que, a pesar de tu situación, él ha prometido obrar en ti y estar contigo. Por eso, la base de tu confianza es que Dios obra todo para bien porque Cristo te ha hecho suyo por su amor para que ahora vivas para él por medio de la fe (Gá. 2:20).

En momentos de dificultad y prueba recuerda que el Padre celestial no te ha dejado solo. Él “envió a [tu corazón] el Espíritu [Santo], el cual clama: ¡Abba! ¡Padre!” (4:7). Lo mismo enfatiza Pablo en Romanos 8:15-16, 26-27: los sufrimientos de este tiempo, ya sea por medio de enfermedades, personas difíciles o tiempos de ansiedad, no deben abrumarte ni abatirte porque tienes al Espíritu Santo que “intercede por [ti]… conforme a la voluntad de Dios”.

En pruebas y dificultades, y en todo tiempo, recuerda que eres su hijo por los méritos de Jesucristo. El Espíritu Santo que mora en ti “[dará] testimonio a [tu] espíritu, de que [eres hijo] de Dios” (Ro. 8:16) y te recordará que Dios es fiel.

Para reflexionar

Puedes confiar en Dios. Él nunca ha fallado ni ha cambiado de opinión. Él envió a su Hijo para darte vida, haciéndote su heredero y poniendo su Espíritu en ti como garantía de tu redención.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Devocional «En ti confiaré» | 2 Corintios

2 Corintios | por Heber Torres

«Dios es fiel» (2 Co. 1:18).

Cuando todo a tu alrededor parece desmoronarse, cuando tus esfuerzos no suponen ningún beneficio, y aun aquellos a los que amamos nos dan la espalda, ¿tiene sentido mantener nuestras convicciones? ¿merece la pena perseverar? En un momento de su vida, el mismísimo apóstol Pablo se encontró exactamente ante esa misma tesitura.

En su segunda carta a los corintios, Pablo relata cómo había sido maltratado por causa del evangelio, siendo azotado, encarcelado y perseguido hasta el punto de huir para salvar la vida (1:8; 6:4-5; 11:24-27). Pero este no fue el único desafío que el apóstol tuvo que enfrentar. Los mismos creyentes a los que se había dedicado de manera abnegada son los que ahora cuestionan su llamado, rechazan su enseñanza e incluso lo desprecian por su apariencia física (11:5-7; 12:11-12; 10:10). Y si los ataques enemigos y las descalificaciones de sus propios «hijos espirituales» no fueran suficiente carga, Pablo confiesa estar preocupado también por la salud espiritual de las demás iglesias (11:28).

Pablo hace pública su profunda tristeza (2:4, 10, 13). En cuestión de meses se quedó prácticamente solo y tenía que defender su apostolado ante aquellos que se habían convertido como resultado de su predicación. Pero lo que estaba en juego no era simplemente su reputación o bienestar personal, sino el nombre del Dios que lo había comisionado.

Sin embargo, la actitud del apóstol resulta tremendamente ejemplarizante. ¿Qué es lo que permitió a Pablo perseverar en la adversidad? Una de las grandes lecciones que aprendemos en esta epístola es que la capacidad de resistir tiempos difíciles no se encuentra en nosotros, ni tampoco en otros, sino únicamente en Dios. A pesar de contar

con una trayectoria única en su haber, en el día de la prueba el apóstol no apeló a sus logros, ni tampoco a sus habilidades. La suficiencia de Pablo estaba en Dios (3:5), manifestada particularmente por su palabra, su persona y su poder.

Su palabra

Casi al principio de su discurso, el apóstol realiza una afirmación categórica: «Dios es fiel» (1:18). Muchos creyentes de Corinto le habían fallado. Varios de sus compañeros de ministerio lo habían abandonado. Algunos de los apóstoles lo habían decepcionado. Incluso él mismo reconocía tener razones para avergonzarse. Pablo es consciente de su propia fragilidad. ¡Sólo era un vaso de barro! (4:7).

Sin embargo, Pablo confirma que hay uno del que sí se puede fiar. Y esta confianza encuentra su razón de ser en la Palabra de Dios. Dios es fiel, y siempre cumple con sus compromisos (Nm. 23:19). Dios es fiel, y nunca yerra en sus propósitos (He. 6:17-18). Dios es fiel, y su palabra también lo es (1 P. 1:24-25). Meditar en las promesas de Dios te ayudará a enfrentar el presente con esperanza y valor (4:16-18).

Su persona

La Biblia enseña que la fidelidad es un rasgo distintivo del carácter de Dios. Y este sería argumento suficiente para que deposites en él toda tu confianza. Pero el mismo apóstol aclara que la fidelidad de Dios se ve ratificada de manera singular en la persona de Jesucristo (1:21). Cristo confirma la fidelidad de Dios de forma visible y cuantificable (4:4, 6). En la persona de Cristo se observa a un Dios dispuesto a sacrificar a su amado Hijo, castigándole a él para reconciliar consigo mismo a rebeldes pecadores como tú y como yo (5:14-21).

En la persona de Cristo contemplas la gloria de Dios, y eres progresivamente transformado a su imagen (3:18). Y en la persona de Cristo anticipas lo que Dios hará el día en que también seas resucitado (4:14). Pablo afirma que los creyentes están atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en [sus] cuerpos» (4:8-10).

Recordar lo que Dios ha hecho por medio de Cristo elevará tu mirada hacia lo eterno y te mantendrá firme y seguro en el temor del Señor (7:1).

Su poder

Dios promete cuidar de los suyos, pero además tiene el poder para hacerlo. Sin embargo, igual que Pablo, solo en la medida que reconozcas tu vulnerabilidad llegarás a experimentarlo (12:9). Así como la luz brilla más fuerte cuanto más oscura sea la noche, el poder de Dios se hace más visible cuanto más evidentes son tus flaquezas (11:30). Tu gloria está en tu Señor. Y del mismo modo que los triunfos del pasado no garantizan las victorias del presente, tus vivencias del ayer resultarán poco ventajosas hoy sin el poder capacitador de Dios, un poder concedido únicamente por gracia a los que se apoyan solamente en él. Aquel que se refugia en el Señor reconoce su fragilidad, pero afronta cada situación asentado en la roca inamovible, sabiendo que no existe tormenta capaz de dañarla, ni viento alguno lo suficientemente fuerte como para desplazarla.

La fidelidad de Dios alimenta nuestra confianza, porque «tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos» (5:1). Además, su fidelidad apuntala tu testimonio, pues, a la luz de lo que Cristo ha hecho, procuras «serle [agradable]» (5:9). Por último, su fidelidad amplía tu dependencia, ya que «cuando [eres] débil, entonces [eres] fuerte» (12:10). Por eso, puedes gozarte aun en medio de la prueba, sabiendo que «el Dios de paz y de amor estará [contigo]» (13:11).

Para reflexionar

Agradece a Dios por su fidelidad revelando su Palabra y a Cristo, tu salvador. Él es fiel y poderoso para sostenerte firme a pesar de las tormentas que azoten tu vida. ¡Aférrate a él!


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.