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El Poder y la Fuerza de la Palabra Escrita

De niño, siempre nos gustó ver los desfiles militares en las fechas patrias. Todo aquel despliegue de aviones, tanques, lanchas remocaldas y otros, transmitían una idea: fuerza y poder.

Y es que a los seres humanos nos fascina competir a ver quien es más fuerte, hablamos hasta de la potencia de las bombas de agua con las que surtimos los tanques en nuestros hogares. Somos así.

La humanidad también ha sido testigo de los efectos destructivos del uso de la fuerza. Hiroshima y Nagasaki son evidencias que gritan como el poder de la bomba atómica puede hacer desaparecer en poquísimo tiempo ciudades enteras.

Ahora bien, ¿Puede compararse toda esa potencia con el Poder de la Palabra de Dios? Dice Jeremías 23:29: «¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra?» El poder que el hombre ha diseñado puede derribar montañas y destruir ciudades pero nunca puede equipararse al poder de la Palabra de Dios. Porque la fuerza humana nunca podrá cambiar el corazón humano. Solo la Palabra Escrita y revelada, aplicada por el Espíritu Santo, puede hacerlo.

La Palabra del Señor limpia nuestros corazones del pecado

La Palabra de Dios transforma al drogadicto y al alcohólico en una persona limpia y sobria.

La Palabra de Dios hace de un hombre violento con su familia, un hombre amante de su esposa e hijos y proveedor-protector de los mismos. Solo el poder de la Biblia hace esto y mucho más.

En nuestro caso familiar, con la Biblia mi madre aprendió a leer y escribir. Y leía con facilidad las Escrituras, lo cual no ocurría con otro tipo de literatura. Y esa misma Palabra hizo que nuestros padres, de extracción campesina, se esforzaran por educar  a sus hijos en el temor de Dios y también en la vida académica. Ellos usaban una frase: «El Evangelio cambia la Vida».

Amados: El Poder de la Biblia es Indestructible. Por eso dice Hebreos 4.12: «Porque la Palabra de Dios es Viva y Eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón».

Sabiduría en medio de la prueba

Devocional Semanal (Coordinación Regional ASIGEO R6 Z2) 05092020

Título: SABIDURÍA EN MEDIO DE LA PRUEBA

Autor: Wilmando Hernández

Texto: Santiago 1:5-8

«Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor, ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos».

CONTEXTO TEXTUAL

En los versículos 1 al 4 del capítulo 1, Santiago hace una magistral introducción a su carta dirigida a las doce tribus en la dispersión, invitándolos a tener alegría en medio de las pruebas, ya que deben saber que la prueba de su fe redundara en oportunidades para esperar en Dios y depender completamente de él.

INTRODUCCIÓN

DA Carson sugiere en su libro: «Hasta Cuándo Señor» que un creyente no debe preguntarse cuánto va a sufrir o no; más bien debe preguntarse cuándo va a sufrir. Aprendimos en los primeros versículos de este capítulo que el sufrimiento es real y necesario en la vida del cristiano, este es producido por las pruebas que tenemos que pasar para madurar espiritualmente. Santiago recuerda a sus lectores que más importante que la prueba, es el hecho de saber que pueden contar con la ayuda de Dios, quien dispone de su sabiduría para que puedan soportarla y salir victoriosos de ella.

VERDAD CENTRAL

El creyente debe entender que la sabiduría de Dios es suficiente para soportar y vencer en medio de la prueba. «No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla». 1 Corintios 10:13

REFLEXIÓN

Es posible que no sepamos cómo reaccionar o cómo responder ante determina situación difícil cuando nos hallamos en pleno sufrimiento por causa de una prueba, en esta oportunidad es importante recordar que:

PODEMOS PEDIR A DIOS SABIDURÍA (V5) 

Cuando decíamos que la prueba de la fe produce paciencia, y que esa paciencia es una oportunidad para esperar en Dios, para ser perseverante, para resistir con paz, con alegría, con gozo lo que Dios está permitiendo que suceda en la vida. Es en esa oportunidad donde es necesaria la sabiduría de Dios, esa capacidad de tomar decisiones sabias en circunstancias difíciles. Tiene sentido que Santiago ofrezca a sus lectores la sabiduría de Dios como recurso en medio de la prueba, pues comprobamos que es Dios quien dará juntamente con la prueba también la salida.

Además, conocemos que el Señor es un padre amoroso, y se complace de que sus hijos le pidan conforme a su voluntad, cuando el Señor nos da sin reproche eso significa que podemos pedir seguros de que Dios nos dará lo que estamos pidiendo sin echarnos en cara que no somos dignos de lo que pedimos. «Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que lo temen». Sal 103:13

Sabiendo esto, podemos descansar en la seguridad de que Dios está en completo control de todas las cosas. Debemos reconocer que dependemos completamente de Dios y eso es bueno.

DEBEMOS PEDIR CON FE Y SIN DUDAR (V6) 

Partiendo del concepto de fe compartido por el autor a los hebreos, «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Heb 11:1, podemos deducir que Santiago está simplemente haciendo énfasis en que un elemento indispensable en la oración es la fe, y esta fe no tiene lugar a dudas ni a la incredulidad, debemos pedir a Dios creyendo que lo que pedimos, él lo hará, es ver las cosas que no son como si fuesen, sin desestimar el poder y la soberanía de Dios. Recordemos que «sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan». Heb 11:6

Es posible pensar que el que duda de la bondad de Dios y de sus cuidados para con sus hijos, está dudando de la Palabra de Dios y de la obra de Cristo en su vida.

  • Debemos entender que la fe, sin dudar, es un elemento indispensable para poder recibir respuesta oportuna de Dios ante nuestras oraciones.
  • Debemos tener presente que Dios es un padre amoroso y generoso y nos dará conforme a su voluntad lo que pedimos y aun más de lo que pedimos porque él sabe de qué cosas tenemos necesidad en el momento de la prueba.

EL QUE DUDA NO RECIBIRA RESPUESTA DE DIOS (V7) 

Cuando dudamos, estamos demostrando nuestra falta de fe, hemos aprendido que nuestra fe necesita ser probada y que esa prueba produce paciencia, pues entonces dependiendo del tamaño de la prueba, asi debe ser el tamaño de nuestra fe o mucho mayor, y es que cuando Dios prueba nuestra fe, en realidad esta es midiendo, de que tamaño es mi fe.

  • La fe se mide y debemos procurar aumentarla, necesitamos cada día más fe para sobrellevar ciertas situaciones; el Señor comparó en una oportunidad el tamaño de la fe, con el grano de una mostaza, indicando que si nuestra fe al menos es de ese tamaño entonces grandes cosas podíamos hacer y nada nos será imposible.
  • Por la poca fe, los discípulos de Jesús no pudieron echar fuera el demonio (Mat 17:20), tuvieron miedo de morir ahogados (Mat 8:26) y Pedro tuvo miedo de hundirse en el mar cuando caminaba sobre el (Mat 14:31).
  • La fe es algo que será probado en nosotros y será medido por Dios, es algo que debemos confirmar y que debe crecer cada día en el creyente y además es algo que no debemos perder.
  • No dudemos pues, y tengamos fe en la verdad inmutable y permanente de Dios, no dejemos que el viento de la duda sobre el mar de los pensamientos, reflexiones y criterios nos mueva de un lado a otro y nos incapacite para tomar buenas decisiones en medio de la prueba.

EL QUE DUDA ES DE DOBLE ANIMO E INCONSTANTE EN TODOS SUS CAMINOS (V8) 

El hombre de doble ánimo es el hombre que compara Santiago con la ola del mar, es el hombre que se debate entre la fe y la incredulidad, es el hombre que piensa algunas veces que Dios le ayudará y renuncia en otras ocasiones a toda esperanza, tal persona es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser.

  • Debemos cuidarnos de no dejarnos llevar por la duda y las circunstancias no pueden ser nuestro motor, sino que en depender de Dios y confiar plenamente en su poder y soberanía debe estar nuestra certeza de que eso es suficiente para tener victoria en medio de la prueba.
  • Debemos entender que, para conocer la voluntad de Dios, debemos leer su Palabra y pedirle que nos revele cómo obedecerla, y luego estar dispuestos a hacer lo que Él nos diga.

CONCLUSIÓN

  1. Es un privilegio dado al creyente el tener que depender sólo de Dios para soportar y vencer en medio de la prueba.
  2. Recuerda, nunca debes dudar del poder y la soberanía de Dios, el hará siempre conforme a su voluntad y esta será buena, agradable y perfecta.
  3. Lo más importante es recordar que la oración con fe es efectiva para recibir el oportuno socorro de Dios en medio de las dificultades.
  4. Sé consecuente, que lo que dices creer se refleje en tu diario vivir, vivamos más por fe que por vista, oremos más y quejémonos  menos.
  5. Como dice el Himno «Estoy confiando Señor en ti», “Si el sol llegase a oscurecer y no brille más, yo igual confío en el Señor que me va a ayudar”.

ORACIÓN

Padre amado, acudo a ti en oración para agradecerte la oportunidad que me brindas de poder glorificar tu nombre en medio de la prueba, gracias por ayudarme a entender que, aunque difícil sea el camino, tu estás conmigo en todo momento y guiaras mis pasos porque en ti he confiado. Dame la sabiduría necesaria para seguir soportando y obtener victoria en medio de esta situación. Mi vida y mi familia están en tus manos, en ti esperaré. En el precioso nombre de tu Hijo Jesucristo, Amén.

Hasta el último aliento

Introducción

El Teólogo Norteamericano Juan Stam, quien ha estado residenciado en Costa Rica por mucho tiempo, describe maravillado en uno de sus artículos, el proceso de plantación y crecimiento del plátano. Juan ha visto muy de cerca todo ese ciclo, ya que vive en una localidad donde los sembradíos de este fruto pueden verse en cada lugar.

El vástago de esta planta llega a crecer de manera robusta y frondosa, sabiendo que al final del proceso cuando aparece el ansiado fruto, llega también la hora de poner la mirada en los vástagos más pequeños que crecen alrededor de la planta, debido a que con la llegada de la «hechura» del fruto del plátano también llega el final de la misma; es decir, la planta agota toda su energía en producir un solo racimo; para dar paso (luego de ser cortada junto al racimo de frutos producido) a una nueva planta, dejando lugar a los «hijos» pequeños que crecen alrededor, los cuales aprovecharán la planta caída para su mejor progreso y crecimiento.

¿No les parece esto una lección para nosotros, muy acorde con la difícil situación que vivimos?, en contraste, nuestra actitud muchas veces no se parece en nada a lo que hace esta planta que glorifica a Dios en toda su trayectoria, produciendo y gastando toda su existencia para entregar un único fruto. Mucha gente en cambio, agota todo su esfuerzo en cantidades de situaciones dejando de  lado lo principal: El agradar y Glorificar a Dios en medio de lo que hacen.

¿Cuantos de nosotros desviamos por el trabajo y otras ocupaciones el propósito principal de vivir para alabanza de la Gloria de Dios? (Efesios 1:12). No solo la planta muere entregando su fruto, sino que alimenta y sirve de guía a los vástagos que van creciendo.

El Apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios (1 Corintios 10:31)describe en medio de su argumento una exhortación, donde demanda y exige a la iglesia la realización de todas las cosas en aras de Glorificar a Dios, de manera que nosotros hoy día también podemos usar este pasaje en conexión con ilustración inicial para mirar algunos aspectos de cómo dedicar todas las áreas de nuestra a vida para Glorificar a Dios:

I. Una lección para cada individuo en estos tiempos

En el versículo 25 del capítulo 2 de Eclesiastés, Salomón dice: «porque ¿quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios?» Pudieran algunos pensar que pueden cuidarse por sí solos y de mejor manera sin tomar en cuenta a Dios ni a los entes correspondientes que en este tiempo realizan algunas sugerencias y normalizan el uso de implementos  y hábitos, para evitar el contagio y la propagación del virus.

Mucha gente está pensando en su propio bienestar y futuro, dejando de lado tales recomendaciones y cuidados preventivos; tomando decisiones según su propio entendimiento y lectura del panorama relacionado con la pandemia; dando muchas veces más importancia a la adquisición de comida y seguridad personal, que a cualquier otra determinación o mandato, teniendo entonces a estas necesidades físicas y personales en grados que va más allá de los límites establecidos por Dios, colocándole a él, en un estado secundario, de consulta momentánea, o simplemente desconociéndolo. 

Pensando entonces en suprovisión personal como un recurso que se obtendrá sin tomar en cuenta la bondad y misericordia de Dios, mostrándose como seres humanos de esos que piensan que todo lo que han obtenido, ha sido gracias a su «propio esfuerzo». Nada más fuera de la realidad, pues Salomón de manera reflexiva en algún momento de su existencia, pudo describir la forma en que Dios, en su actuar y bondad no deja de darnos de comer, beber y abrigarnos como parte de su providencia y sustento. 

II. Una lección que se entiende y práctica

Los pasajes de Efesios y 1 Corintios consultados anteriormente hablan tanto de nuestro propósito, como de la acción diaria de Glorificar a Dios, es decir, no se trata solo de entender, decir y saber que debemos Glorificar a Dios, sino de llevarlo también a situaciones prácticas.

Son  esas circunstancias y dificultades, las que  se presentarán como medidores de una realidad que evalúa si estamos realmente «Hechos» para dar todo nuestro esfuerzo por cumplir a cabalidad con la voluntad de Dios en nuestras vidas, o por el contrario nos colocarán  en un punto similar al de muchos, esos que buscan a Dios por beneficios recibidos, quienes cuando la dificultad abunda, dejan de tomar en cuenta la realidad de la existencia de Dios. En consecuencia menosprecian sus atributos como son los  de: Poderoso, soberano, omnisciente, omnipresente, y olvidando de este modo, que Dios siempre conoce y está muy de cerca observando las acciones irregulares de cada individuo.

La planta descrita al principio soporta periodos difíciles antes de poder llegar hasta el punto de entregar su fruto, sin embargo, esta se esforzará (naturalmente) al máximo por cumplir con el propósito de su creación: Entregar el anhelado y esperado fruto glorificando a Dios en todo el proceso; pues nosotros a pesar de las exigencias debemos también mostrar en todo momento los dones y capacidades que nos distinguirán como creación glorificadora de Dios.

Si somos realmente creyentes, este deberá ser nuestro objetivo y fin último cada día de nuestra existencia: Glorificar a Dios, sin menospreciar su voluntad y soberanía, aceptándola sin resentimiento  ni contienda; evitando así males mayores o tiempos prolongados de disciplina como la que experimentó Jonás en aquellos días dentro del gran pez, al no recibir y obedecer la voluntad de Dios, reconociendo al final que Dios tiene más grandes y mejores pensamientos para nosotros y para toda la humanidad.

III. Una lección que nos coloca en el lugar del otro

Es interesante el pasaje que describe Pablo en su primera carta a los Corintios, donde se observan una cantidad de irregularidades que estaban socavando la unidad de la iglesia y que pretendían colocar a líderes en rivalidad por asuntos que a pesar de ser importantes estaban opacando a lo principal o de mayor importancia; pues la contienda y desunión estaban en medio de ellos, no mostrando un real y genuino servicio a Dios.

Eran buenos enseñando, mostrando dones y capacidades, pero les faltaba mostrar el amor debido en la medida que demostraban sus capacidades múltiples. Pablo los exhorta a amar a aquellos que en su debilidad no soportaban ver comiendo carne sacrificada a los ídolos a otros creyentes; dejando claro que el mismo Apóstol no tenía problema alguno en comer la mencionada carne, por el contrario, por Glorificar a Dios prefería no hacerlo.

Hoy en día, confrontamos muchas situaciones similares que nos pudieran colocar en entredicho en hacer una cosa u otra por representar a Dios en estos tiempos de pandemia; mas, nuestra mente en el Señor nos debe llevar a pensar no en mi conciencia como dice Pablo, sino en la del otro (1 Corintios 10:29). Este  remarca al final que nuestra madurez será reflejada por la capacidad que tengamos de pensar en el que está a nuestro alrededor, y que percibe de manera distinta alguna situación; para que mi conciencia fortalecida se vea robusta a la hora de entender a los que me rodean y que no contemplan una situación de la misma que forma que yo.

Si en estos días algún hermano no desea que se le visite, pues no debemos llegar a puntos de enjuiciar su posición como de debilidad, debido a que estamos en medio de una situación difícil, no dejando de analizar en todo caso el punto principal de todo el asunto; Glorificar a Dios en todo lo que hacemos; siendo esta la posición la que hará distintos a creyentes entendidos y esforzados por cumplir con la voluntad de Dios.  

Conclusión

Debemos continuar dando lo necesario por Glorificar a Dios, entendiendo que nuestro aliento mismo es permitido por su voluntad, y ni un cabello nuestro será tocado a menos que en su soberanía Dios lo permita, por lo que avanzar y esforzarnos en el Señor es nuestro deber natural como hijos, obedeciendo y practicando sus mandamientos como símbolo de aceptación gozosa de las dificultades que se presentan Así que mucho más dichosos seremos si ante estas cosas que suceden, nos encontramos  cumpliendo con la voluntad de Dios en medio de las diferentes limitaciones; por lo que hasta el último aliento debemos estar animados y afirmados por la esperanza que tenemos en Cristo.

Devocional «En ti confiaré» | Romanos

Romanos| por Alberto Solano

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18). 

A lgunos más, algunos menos, pero todos sufrirán en esta vida. Es inevitable. Por más amistades, preparativos o seguros que tengas, ya sea directa o indirectamente, padecerás en algún momento. 

Para unos, esto puede ser causa de miedo. Pero el cristiano reconoce que, aunque en este mundo habrá aflicciones ( Jn. 16:33), un día Jesús traerá justicia y libertad de toda tristeza. Hay una esperanza que debe animarte y alentarte en medio de las pruebas: Aunque en la vida sufrirás, algún día estarás con Cristo para siempre, libre de dolor y pesar, segando los beneficios de tus pruebas en este mundo. 

Puedes estar convencido de ello, y encontrar esperanza y fortaleza. 

La realidad del pecado

Precisamente de esto escribe Pablo en Romanos 8:18, proveyendo verdades en las que puedes pensar en medio de las pruebas momentáneas que experimentes, para así poder confiar en la fidelidad de Dios.

Primero, el tiempo presente es pasajero y está contaminado por el pecado. Dios creó al mundo perfecto y bueno para su gloria (Gn. 1:31), pero cuando entró el pecado por medio de Adán, la creación fue corrompida y expuesta a maldad (Ro. 8:20; Gn.3:18), dando lugar a las atrocidades que vemos a nuestro alrededor. 

La creación está esclavizada a la corrupción (Ro. 8:21) y gime, esperando que la presente condición pecaminosa a la cual fue sujetada —lo que Pablo llama “las aflicciones del tiempo presente” (8:18)— llegue a su fin. En este mundo hay tristezas y dolores, pues las cosas no están bien gracias al pecado que impera por el príncipe de este siglo (Ef. 2:2), de allí que experimentamos enfermedades, problemas, tentaciones, condenaciones y adioses. 

Además, la condición caída de la creación no solamente afecta lo que sucede a nuestro alrededor, como terremotos, pandemias e inundaciones, sino que, primordialmente, afecta el corazón humano, dando lugar a pleitos, problemas, presiones y un mundo de maldad. 

La certeza del cristiano

No obstante, en medio de todas estas aflicciones, tienes una seguridad inamovible: a pesar de que sufras en esta vida, algún día vivirás en un mundo restaurado, libre de pecado e injusticia, con cuerpos glorificados, libres de tentación y condenación, porque Dios así lo prometió. 

Un día “enjugará Dios toda lágrima de [tus] ojos. . . ; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Ap. 21:4; cp. 7:16-17). Vivirás con Jesús, serás libre de aquello que, por el pecado, causa muerte, llanto, clamor y dolor. 

Tu cuerpo y tus facultades no tendrán más corrupción, no habrá más abusos ni pleitos, sino que tendrás un cuerpo glorioso, perfecto e ideal para vivir en gozo y paz para siempre (1 Co. 15:42-50). A esto se refiere Pablo con la frase “la gloria venidera que en ti ha de manifestarse”(Ro. 8:18). Las promesas de esperanza que Dios te ha dado son mucho mayores, “no son comparables” (8:18), con lo que padecerás en esta vida. 

Pues, cualquier tribulación en este mundo no solamente es momentánea, sino que es para tu bien (8:28), para que crezcas en madurez y seas más como Cristo (8:29), produciendo “en [ti] un… más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17). 

La gracia de Dios

Pero ¿por qué prometería Dios todas estas cosas siendo como eres? Todo hombre, habiendo nacido con una naturaleza caída y perdida (Ro. 5:12), odia a Dios, ama el pecado y no puede hacer lo bueno (3:10-18). Por ende, merece un castigo eterno bajo la eterna ira del Señor (1:18; 3:23; 6:23). 

Pero, a pesar de que merecías la muerte y condenación (6:23), Dios, por su gracia y amor, te redimió del pecado (5:8), te declaró justo delante del Padre (3:24-25) y te adoptó por gracia mediante la fe (8:15). Ahora no te llama enemigo, sino “hijo de Dios” (8:13, 16, 19, 21), y como hijo, eres heredero, es decir, tienes derechoa la glorificación futura, cuando se completarán todas las promesas por las cuales Jesús te dio salvación (8:17, 30).¡Eso es la gracia de Dios! 

La fidelidad de Dios 

Por eso, aunque en medio de los sufrimientos sea difícil pensar en otra cosa que “las aflicciones del tiempo presente” (8:18), puedes estar seguro de que Dios es fiel (Dt. 7:9) aun en tu debilidad (2 Ti. 2:13). Puedes, como dice Pablo, “[tener] por cierto” (Ro. 8:18) que esta esperanza es verdadera e inquebrantable,aunque el llanto continúe por un momento más. 

Aun frente al trago de tristeza más amargo, puedes estar convencido d e que “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,ni potestades,ni lo presente,ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada [te] podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús [tu] Señor…” (Ro. 8:38-39). 

Así que, resumiendo lo que Romanos 8:18 enseña, cuando te encuentres en medio de sufrimiento y pruebas, recuerda que los pesares y problemas en este mundo son pasajeros y momentáneos, ninguno de ellos está por encima del control y autoridad de Dios. 

Recuerda que, si has creído en Jesús para salvación, tienes una esperanza prometedora que se manifestará cuando Jesucristo regrese, trayendo justicia perfecta a un mundo pecaminoso. Dicha esperanza es infinitamente mejor que tus aflicciones presentes. Y, finalmente, recuerda que, aunque estés en el valle de sombra de muerte más tenebroso, puedes tener por cierto que nada podrá separarte del amor de Dios que es en Jesucristo. 

Para reflexionar 

Así como puedes estar seguro de que habrá aflicción en tu vida, puedes estar seguro de la fidelidad de Dios en tu vida. Nada podrá separarte de él. Un día él hará todo nuevo y estarás con él.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.