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Devocional «En ti confiaré» | Hechos

Hechos | por Roberto Sánchez 

«Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;… Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra…»

(Hch. 4:24b-30). 

Las pruebas pueden ayudarte a crecer en tu relación con Dios o pueden hundirte en amargura y desolación. Todo depende de tu perspectiva y respuesta al sufrimiento. Recordar la soberanía de Dios en esos momentos es vital para afrontar bíblicamente las dificultades de la vida.  Hechos 4:24b-30 relata una de las oraciones más dramáticas en el Nuevo Testamento que puede servirte de modelo en momentos de prueba y angustia.

Es en el momento de la prueba donde la fe es pulida, donde eres santificado y donde Cristo es exaltado. Lo que sucedió como antesala de esta oración modelo es que Pedro y Juan sanaron a un cojo (Hch. 3:1-10) y, a continuación, predicaron el evangelio de Jesucristo (3:11-26). Como consecuencia, muchos creyeron (4:4). 

Sin embargo, la conmoción que causaron hizo que los líderes religiosos arrestaran a los dos apóstoles (4:1-4). Después de un intenso interrogatorio, los amenazaron y los dejaron ir (4:23-31). Pedro y Juan regresaron a los creyentes en Jerusalén y les relataron lo sucedido. 

Respondiendo adecuadamente

En lugar de atemorizarse y ceder, la iglesia oró. Esa es la actitud adecuada. Es lo que Dios desea que todo cristiano haga. Era la voluntad de Dios que predicaran y cumplieran su misión. No podían dejar de hacerlo, tal como Pedro y Juan afirmaron a los líderes religiosos (4:19-20). 

Por eso acudieron en oración al único que estaba en control. La iglesia estaba consciente del peligro de ser encarcelados y castigados. Jesús acababa de ser crucificado. El riesgo era latente. Realmente se estaban jugando la vida. Sin embargo, la iglesia no respondió con temor o ansiedad, sino que acudió al Señor en oración. 

La base de la oración 

Lo primero que la iglesia reconoció en su oración es que Dios es soberano (4:24). “Soberano Señor” viene de la palabra “déspota”que implica pleno poder y autoridad.Ellos sabían quién era Dios y quiénes eran ellos. “Déspota”, cuando se atribuye a un humano, tiene una connotación negativa; sin embargo, cuando es dirigida a Dios es positiva, ya que enfatiza el poder ilimitado de Dios (Lc. 2:29; 2 Ti. 2:21; 2 P. 2:1; Jud. 4; Ap. 6:10).

Lo segundo que la iglesia reconoció es que el Dios soberano es el Creador, relacionando la soberanía de Dios con la creación (Hch. 4:24). Dios hizo “el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay”. Nada se escapa de su poder. 

Él había creado a los hombres que estaban intentando detener el avance del evangelio, y orar así haría que recordaran quién está verdaderamente en control. 

Lo tercero que la iglesia reconoció es que el Dios soberano ha hablado. Al orar, citan la palabra de Dios, el Salmo 2:1-2 (Hch. 4:25-26). La oración está saturada de la palabra de Dios. Recuerdan lo dicho por David y afirman que —a lo largo de la historia— siempre que el reino de Dios ha amenazado al reino de los hombres, “los reyes de la tierra” han fracasado en desafiar la soberanía absoluta de Dios. Al final, Dios prevalece de acuerdo a su palabra. 

Lo cuarto que la iglesia reconoció es que el Dios soberano estaba en control al enviar a Jesús para cumplir su propósito. A pesar de que tal como el Salmo 2 afirmaba, muchos conspiraron contra Jesús, sus enemigos hacían “cuanto su mano y su consejo habían antes determinado que sucediera” (4:28). 

Ahora su iglesia estaba comenzando a sufrir parte de lo que sufrió el Hijo de Dios. Al recordar esto en su oración, reconocieron que todo cuanto sucedía era parte del plan y propósito de Dios. 

La petición 

Con base en lo anterior, presentan su caso: 

«Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús»
(4:29-30). 

La iglesia oró sabiendo que él estaba en control y que era su voluntad que los apóstoles siguieran predicando la palabra. Por eso pidieron valentía y que Dios estuviese con ellos validando el mensaje que proclamarían. 

Dios respondió fielmente: 

«Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios»

(4:31). 

Ellos no pidieron ser librados de la hora de la prueba, no pidieron juicio para sus opositores, sino pidieron valentía para hacer su labor. El sufrimiento es inevitable ( Jn. 16:33), pero puede ser sobrellevado y abrazado entendiendo y afirmando la soberanía de Dios. 

Como cristiano, necesitas afirmar su soberanía y vivir a la luz de esta verdad, confiando tu vida en sus manos. En el momento de la prueba, acude a él en oración, sabiendo que está en control y confiando que hará su voluntad. Él será fiel en tener cuidado de ti. 

Para reflexionar 

En el momento de la prueba no permitas que la duda y la incredulidad asechen tu mente. Busca depender de Dios en oración sabiendo quién es él y reconociendo que será fiel en cuidar de ti.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Devocional «En ti confiaré» | Lucas

Lucas | por Héctor Salcedo

«¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos» (Lc. 12:6-7).

Hace algunos años, a mi suegra le fue diagnosticado un cáncer de pulmón. Para toda la familia fue un evento inesperado porque hasta ese momento ella había disfrutado de una excelente salud. Tanto mi esposa como su hermana se entregaron “en cuerpo y alma” al cuidado de su madre.

Médicamente hablando la situación era complicada porque el cáncer había avanzado. Hubo días difíciles, en los que todo parecía indicar que el tratamiento no estaba dando resultado. Lo más angustiante para nosotros y sobre todo para mi esposa era que hasta el momento del diagnóstico, su madre no había puesto su fe en Cristo para la salvación de su alma, y eso era peor que el cáncer mismo.

En momentos como estos, la inclinación natural es el temor y la angustia. Aunque teníamos la teología correcta, no pudimos evitar sentirnos agobiados con el dolor de que mi suegra pudiera partir de este mundo sin Cristo. Es precisamente ahí, donde la enseñanza de Jesús en Lucas 12:6-7 es como «agua fresca en medio del desierto».

La proclamación del mensaje del evangelio traería aflicción a los discípulos, pero Jesús les exhorta a temer a Dios más que a los hombres (12:5). Lo peor que el hombre puede hacer es matar el cuerpo y, si eso ocurre, el alma va a Dios. Pero Dios puede hacer que tanto el cuerpo como el alma perezcan (12:5).

Al declarar esto, queda la sensación de que el dolor experimentado en nuestro cuerpo no es importante para Dios. Pero Jesús, anticipando lo que sus discípulos pudieran pensar en ese momento, les da dos razones por las que ellos no deben tener temor.

El cuidado del Señor

La primera razón para no temer es cuando les dice: «más valéis vosotros que muchos pajarillos» (12:7) Jesús enseña esta reconfortante verdad mostrando la manera minuciosa en que Dios cuida de su creación, específicamente de los pajarillos.

Dos cuartos por cinco pajarillos (12:6). Ese era su valor en el mercado.Un cuarto era equivalente a una hora de salario de un obrero. De manera sorprendente, Jesús afirma que «ni uno de ellos está olvidado delante de Dios» (12:6). Es muy alentador pensar que Dios se ocupa aún de cosas que para muchos no tienen ninguna importancia. Si Dios cuida aún de estos pajarillos de «poco valor», cómo no se ocupará de ti que, según Jesús, vales más.

Esto es así porque llevas en ti la imagen de Dios (Gn. 1:26-27) y además, «él [te] compró con su propia sangre» (Hch. 20:28, LBLA).

El control del Señor

Hay una segunda razón por la que Jesús afirma que sus discípulos no deben temer: “Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” (Lc. 12:7). Dios conoce a los suyos de manera personal y detallada. Es la misma lógica de los pajarillos. Si tus cabellos están contados, Dios tiene conocimiento y control de todos los demás detalles de tu vida.

En sus manos estás seguro y bajo su cuidado puedes descansar. Él nunca te fallará y está siempre en control.

La fidelidad del Señor

Volviendo a la salud de mi suegra, la situación no mejoraba y sentíamos a Dios distante.En ese momento pasó algo en mi trabajo que llamó nuestra atención hacia el cuidado de Dios por nosotros. Un viernes en la noche habíamos terminado un trabajo importante en la oficina. Eran pasadas las nueve de la noche y todos se fueron a casa.

Por error, alguien se llevó documentos importantes de todo lo que habíamos hecho. Esta persona se detuvo a comer algo y su vehículo fue violentado y le robaron su computadora y todos los documentos. Esa noche, yo no me enteré de nada porque la persona había decidido dejar pasar el fin de semana para ver si encontraba alguna solución al problema.

Precisamente, al día siguiente, mi esposa llegaba del extranjero luego de haber estado casi 20 días con su madre, mientras recibía el cuidado médico que requería. El lunes en la mañana, mi esposa tuvo que ir conmigo a la oficina.

En ese momento, recibí una llamada de mi padre, con quién, es importante decir, compartimos el mismo nombre. En esa llamada mi padre me informó que un empleado de seguridad de un establecimiento que está cerca de nuestra iglesia, lo llamó porque encontró dos carpetas con documentos que parecían importantes y que tenían el nombre de “Héctor Salcedo”.

Increíblemente, los documentos robados el viernes anterior, fueron depositados por los vándalos en un depósito de basura cercano a nuestra iglesia. El empleado los vio y, en la providencia de Dios, conocía a mi padre. Cuando mi padre me trajo los documentos, yo aún no estaba enterado de lo que había pasado el viernes.

A los pocos minutos, recibí la llamada de la persona a la que le fueron sustraídos los documentos y me informó del hecho. En ese momento,pude decirle que no se preocupara,que tenía los documentos en mis manos. Demás está decir que se quedó sin palabras.

En todo momento, durante ambas llamadas, mi esposa estaba en mi oficina frente a mí. Ella fue testigo de todo. En ese momento, me percaté del claro mensaje de Dios para nosotros. Si él tenía control de unos documentos que se pierden, también tenía control de la situación de salud de su madre y de su destino eterno.

¡Él nos estaba animando a confiar en él! Mi suegra no está más con nosotros, ¡pero la veremos en gloria! Nuestro bondadoso Señor se ocupó de abrir su mente y corazón y, aunque murió físicamente de cáncer, tal y como pasó con Lázaro, «[su] enfermedad no fue para muerte, sino para la gloria de Dios» ( Jn. 11:4).

Para reflexionar

Dios tiene control de cada detalle de tu vida. Confía en él. Nunca te dejará, ni te abandonará. Puedes creer en su palabra que es verdad, sabiendo que él te ama y que eres importante para él.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Devocional «En ti confiaré » | Marcos

Marcos | por Emanuel Elizondo

«Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios» (Mr. 11:22).

El pasaje de Marcos 11:22 se encuentra en el contexto de la maldición de la higuera estéril. Pedro, al igual que los demás apóstoles (cp. Mt. 21:20), se sorprende al ver seca la higuera que Jesucristo había maldecido (Mr. 11:14). Y Jesucristo responde con una declaración que captura uno de los aspectos centrales de todo el Evangelio de Marcos: “Tened fe en Dios”.

La cuestión de la fe es de suma importancia en los Evangelios, y Marcos no es la excepción.
Muchos podrían identificarse con Pedro, o con aquel hombre que exclamó: «Creo; ayuda mi incredulidad» (Mr. 9:24).

¿Cuál es tu reacción cuando te encuentras en medio de una situación adversa?
Intelectualmente sabes que lo correcto es venir a Dios por medio de Cristo, pero en ocasiones es difícil evitar que tus propios pensamientos te ahoguen en la ansiedad e incredulidad.

Sin embargo, las Escrituras te dan las herramientas suficientes para que puedas responder en fe incluso cuando estés pasando por alguna prueba. Hay tres razones, que se observan en el libro de Marcos, por las cuales tú puedes tener fe en Dios. Estas tres razones tienen que ver con la autoridad de Jesucristo.

La autoridad de Jesús

Primeramente, Jesús tiene autoridad sobre los poderes de las tinieblas. Por ejemplo, en Marcos 1:21-28 se narra una de las varias confrontaciones que tiene Jesús con Satanás y los demonios (cp. también Mr. 1:13; 8:33). En este caso, es un hombre endemoniado. El poder de Jesús sobre Satanás se hace evi￾dente cuando, con un mandato, Jesús expulsa el demonio (1:25).

La respuesta de los que fueron testigos de este evento era de esperarse: asombro y admiración (1:27-28). Al ver la completa autoridad que Jesucristo tiene sobre los demonios, puedes confiar en que estás seguro en las manos de Dios. Incluso si pasaras por una terrible adversidad, como le sucedió a Job, todo sucede bajo el plan de Dios ( Job 1:21). Pon tu fe en aquel que ha triunfado sobre todos sus rivales. Deposita tu confianza en aquel que es fuerte. ¡Ten fe en él!

El poder de Jesús

Segundo, Jesús tiene poder sobre toda enfermedad. Inmediatamente después del endemoniado, Jesús sana a la suegra de Pedro (Mr. 1:31), a muchos que padecían diversas enfermedades (1:34), a un leproso (1:40-45), a un paralítico (2:1-12), a un sordo y tartamudo (7:31-37) y a un ciego (10:46-52). Esto ha￾bla de que Jesús tiene absoluta autoridad, incluso sobre las enfermedades. Por supuesto, eso no quiere decir que siempre sanarás cuando te enfermas. Hay creyentes fieles que padecen enfermedades crónicas, o incluso mueren debido
a una enfermedad.

Dios, en su soberanía, puede permitir que te enfermes, y que glorifiques a Dios por medio de tu sufrimiento. Pablo claramente habló de sus sufrimientos en 2 Corintios 11:23-29. Sin embargo, incluso con todas esas adversidades, el apóstol escribe: «…por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co. 12:10). De la misma manera, por la gracia de Jesucristo tú puedes poner tu fe en el Dios que está en control de todo, incluso de tus necesidades físicas.

La deidad de Jesús

Tercero, Jesús tiene autoridad para perdonar tus pecados. En el capítulo 2 de Marcos se cuenta la historia de unos amigos que llevan a un paralítico para ser sanado por Jesucristo. Cuando el hombre baja por el techo, Jesucristo lo mira y pronuncia: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (2:5). Al escuchar esto, los religiosos de la época lo acusan de blasfemo en sus pensamientos.
Así que, para demostrar su autoridad no solamente sobre la enfermedad, sino también para perdonar pecados, Jesucristo sana al paralítico y dice para que todos oigan: «Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa» (2:10-11). Jesús es el único que tiene el poder para perdonar tus pecados. Por medio de su obra en la cruz obtienes el
perdón. Cuando pases por una adversidad, recuerda que tu alma está segura en Jesús. Puedes estar seguro de eso. No debes temer. Él mismo lo prometió cuando dijo: «y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arre￾batará de mi mano» ( Jn. 10:28). Si tu misma alma está segura en las manos de Dios, ¿cuánto más lo estarán tus situaciones? Tú puedes confiar en él.
Puesto que Jesucristo tiene toda autoridad, puedes depositar en él tu fe y te￾ner completa confianza porque él es fiel y es digno de confianza. Indudable￾mente pasarás por adversidades. Pero a diferencia del mundo, si eres cristiano, tienes a Jesucristo morando en ti (Ef. 3:17). ¿Confiarás en él hoy?

Para reflexionar

No hay nada como confiar en Aquel que es digno de confianza. Él tiene toda autoridad y es fiel. No dudes ni por un instante. Él está contigo hasta el final.
Que tu fe sea alentada por esta verdad.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
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