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Devocional «En ti confiaré» | Romanos

Romanos| por Alberto Solano

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18). 

A lgunos más, algunos menos, pero todos sufrirán en esta vida. Es inevitable. Por más amistades, preparativos o seguros que tengas, ya sea directa o indirectamente, padecerás en algún momento. 

Para unos, esto puede ser causa de miedo. Pero el cristiano reconoce que, aunque en este mundo habrá aflicciones ( Jn. 16:33), un día Jesús traerá justicia y libertad de toda tristeza. Hay una esperanza que debe animarte y alentarte en medio de las pruebas: Aunque en la vida sufrirás, algún día estarás con Cristo para siempre, libre de dolor y pesar, segando los beneficios de tus pruebas en este mundo. 

Puedes estar convencido de ello, y encontrar esperanza y fortaleza. 

La realidad del pecado

Precisamente de esto escribe Pablo en Romanos 8:18, proveyendo verdades en las que puedes pensar en medio de las pruebas momentáneas que experimentes, para así poder confiar en la fidelidad de Dios.

Primero, el tiempo presente es pasajero y está contaminado por el pecado. Dios creó al mundo perfecto y bueno para su gloria (Gn. 1:31), pero cuando entró el pecado por medio de Adán, la creación fue corrompida y expuesta a maldad (Ro. 8:20; Gn.3:18), dando lugar a las atrocidades que vemos a nuestro alrededor. 

La creación está esclavizada a la corrupción (Ro. 8:21) y gime, esperando que la presente condición pecaminosa a la cual fue sujetada —lo que Pablo llama “las aflicciones del tiempo presente” (8:18)— llegue a su fin. En este mundo hay tristezas y dolores, pues las cosas no están bien gracias al pecado que impera por el príncipe de este siglo (Ef. 2:2), de allí que experimentamos enfermedades, problemas, tentaciones, condenaciones y adioses. 

Además, la condición caída de la creación no solamente afecta lo que sucede a nuestro alrededor, como terremotos, pandemias e inundaciones, sino que, primordialmente, afecta el corazón humano, dando lugar a pleitos, problemas, presiones y un mundo de maldad. 

La certeza del cristiano

No obstante, en medio de todas estas aflicciones, tienes una seguridad inamovible: a pesar de que sufras en esta vida, algún día vivirás en un mundo restaurado, libre de pecado e injusticia, con cuerpos glorificados, libres de tentación y condenación, porque Dios así lo prometió. 

Un día “enjugará Dios toda lágrima de [tus] ojos. . . ; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Ap. 21:4; cp. 7:16-17). Vivirás con Jesús, serás libre de aquello que, por el pecado, causa muerte, llanto, clamor y dolor. 

Tu cuerpo y tus facultades no tendrán más corrupción, no habrá más abusos ni pleitos, sino que tendrás un cuerpo glorioso, perfecto e ideal para vivir en gozo y paz para siempre (1 Co. 15:42-50). A esto se refiere Pablo con la frase “la gloria venidera que en ti ha de manifestarse”(Ro. 8:18). Las promesas de esperanza que Dios te ha dado son mucho mayores, “no son comparables” (8:18), con lo que padecerás en esta vida. 

Pues, cualquier tribulación en este mundo no solamente es momentánea, sino que es para tu bien (8:28), para que crezcas en madurez y seas más como Cristo (8:29), produciendo “en [ti] un… más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17). 

La gracia de Dios

Pero ¿por qué prometería Dios todas estas cosas siendo como eres? Todo hombre, habiendo nacido con una naturaleza caída y perdida (Ro. 5:12), odia a Dios, ama el pecado y no puede hacer lo bueno (3:10-18). Por ende, merece un castigo eterno bajo la eterna ira del Señor (1:18; 3:23; 6:23). 

Pero, a pesar de que merecías la muerte y condenación (6:23), Dios, por su gracia y amor, te redimió del pecado (5:8), te declaró justo delante del Padre (3:24-25) y te adoptó por gracia mediante la fe (8:15). Ahora no te llama enemigo, sino “hijo de Dios” (8:13, 16, 19, 21), y como hijo, eres heredero, es decir, tienes derechoa la glorificación futura, cuando se completarán todas las promesas por las cuales Jesús te dio salvación (8:17, 30).¡Eso es la gracia de Dios! 

La fidelidad de Dios 

Por eso, aunque en medio de los sufrimientos sea difícil pensar en otra cosa que “las aflicciones del tiempo presente” (8:18), puedes estar seguro de que Dios es fiel (Dt. 7:9) aun en tu debilidad (2 Ti. 2:13). Puedes, como dice Pablo, “[tener] por cierto” (Ro. 8:18) que esta esperanza es verdadera e inquebrantable,aunque el llanto continúe por un momento más. 

Aun frente al trago de tristeza más amargo, puedes estar convencido d e que “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,ni potestades,ni lo presente,ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada [te] podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús [tu] Señor…” (Ro. 8:38-39). 

Así que, resumiendo lo que Romanos 8:18 enseña, cuando te encuentres en medio de sufrimiento y pruebas, recuerda que los pesares y problemas en este mundo son pasajeros y momentáneos, ninguno de ellos está por encima del control y autoridad de Dios. 

Recuerda que, si has creído en Jesús para salvación, tienes una esperanza prometedora que se manifestará cuando Jesucristo regrese, trayendo justicia perfecta a un mundo pecaminoso. Dicha esperanza es infinitamente mejor que tus aflicciones presentes. Y, finalmente, recuerda que, aunque estés en el valle de sombra de muerte más tenebroso, puedes tener por cierto que nada podrá separarte del amor de Dios que es en Jesucristo. 

Para reflexionar 

Así como puedes estar seguro de que habrá aflicción en tu vida, puedes estar seguro de la fidelidad de Dios en tu vida. Nada podrá separarte de él. Un día él hará todo nuevo y estarás con él.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Alegría en medio de la prueba

Devocional Semanal (Coordinación Regional ASIGEO R6 Z2) 29082020
Título: ALEGRÍA EN MEDIO DE LA PRUEBA
Autor: Wilmando Hernández
Texto: Santiago 1:1-4

Santiago 1:1-4 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud. Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

CONTEXTO HISTÓRICO

Santiago (Jacobo, el hermano del Señor Jesucristo, hijo de María y José), escribe a los judíos cristianos esparcidos por las naciones circundantes; otros comentaristas argumentan que escribe al nuevo Israel, la Iglesia Cristiana.

Lo cierto es que…

el primer punto que debe notarse es que fue escrita a una iglesia que estaba bajo presión. Los cristianos no estaban siendo llevados al martirio, pero estaban sufriendo persecución económica y opresión (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) y, bajo esta presión, se estaba destruyendo la iglesia.

Hay dos formas en las cuales los miembros de la iglesia pueden responder a la presión extrema. Pueden tirar juntos y ayudarse entre sí o pueden entrar en compromiso con el mundo y dividirse en facciones de disputas ociosas. Santiago quería que sus lectores hicieran lo primero, pero lo que en realidad estaba pasando era lo segundo, pues la gente estaba luchando por abrirse paso en el mundo. Estos problemas hacen que la carta tenga mucha relevancia para la iglesia actual.

CONTEXTO TEXTUAL

En los versículos 2 al 12 del capítulo 1, Santiago expone algunos consejos prácticos para soportar bien las pruebas; después de indicar a sus lectores qué, deben gozarse cuando pasen por las pruebas, ya que esto produce paciencia y posteriormente, madurez espiritual en el creyente (1:2-4), invita en los próximos cuatro versículos (1:5-8) a pedir con fe, sabiduría a Dios en caso de faltarle a alguno, indicando que Dios la dará en abundancia y sin ningún reproche, además hace énfasis en pedir con fe, sin dudar, y compara a la persona que duda como las olas del mar que van y vienen, personas de doble ánimo y que por ser así, no recibirán nada de parte de Dios por ser inconstantes en todos sus caminos. Luego habla del pobre y el rico ante la prueba (1:9-11), y la recompensa prometida a la prueba (1:12).

INTRODUCCIÓN

Cada cristiano debería tener una clara comprensión de la teología del sufrimiento. Esto es algo sobre lo cual se ha hablado poco, pero en la medida que entendamos que el sufrimiento también está dentro de los propósitos de Dios, entonces vamos a tener una mejor aceptación de la necesidad de pasar por las pruebas de nuestra fe. Como dijo Lutero: «a menos que vivas la experiencia del sufrimiento, no puedes saber lo que significa tener esperanza».

VERDAD CENTRAL

El creyente debe entender que las pruebas son necesarias para poder madurar espiritualmente. En nuestro caminar con Cristo las pruebas son parte importante de nuestra vida cristiana, el apóstol Pedro dijo sobre las pruebas: «Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo».
1 Pedro 1:6-7

REFLEXIÓN

Es posible que no entendamos inmediatamente el propósito de la prueba que nos ha sobrevenido, por tanto, en esta oportunidad es importante recordar que sea cuál sea la prueba:

DEBEMOS ESTAR ALEGRES (V2)

No se trata de estar alegre por la circunstancia por la cual estamos pasando, porque sería un poco hipócrita de nuestra parte fingir un estado emocional que no corresponde coN nuestra actual realidad, se trata de estar alegres porque sabemos que al final es Dios quien está detrás de la prueba.
Sabiendo esto, debemos antes que nada, guardar la calma, porque las pruebas tienen un propósito divino de parte de Dios, están dentro de sus planes que pasemos por ellas.
Debemos mantener una buena actitud durante todo el proceso de la prueba porque solo asi podemos recibir la bendición de parte de Dios.

LA PRUEBA NOS DA OPORTUNIDAD DE PRACTICAR NUESTRA FE (V3)

Cuando Santiago dice que la prueba de la fe produce paciencia, está queriendo decir que la misma prueba es una oportunidad para esperar en Dios, para ser perseverante, para resistir con paz, con alegría, con gozo lo que Dios está permitiendo que suceda en nuestra vida.

La meta final no es soportar la prueba con resignación y aires de derrota, sino con la plena convicción de que finalmente todo está bajo el control de Dios y su resultado será completamente glorioso.

SOPORTAR CON ÉXITO LA PRUEBA NOS AYUDARÁ A MADURAR ESPIRITUALMENTE (V5)

Es importante cuidarnos de no perder la bendición de glorificar a Dios aún en medio de la prueba, ya qué, por ser capaces de soportar la prueba con la debida actitud, no sólo vamos a tener la fuerza para soportar aún más y conquistar en batallas todavía más duras, sino que además, seremos de fortaleza y bendición para los que nos rodean.

Debemos ver el final de la prueba, no con la esperanza de obtener lo que nosotros anhelamos que suceda, sino con la esperanza de que Dios hará conforme a su santa y divina voluntad lo que Él sabe que es mejor para nosotros.

CONCLUSIÓN

  1. Es un privilegio dado al creyente el ser sometido a pruebas, sabiendo que tienen un propósito divino y un fin glorioso.
  2. Recuerda, el Señor nunca nos pondrá una prueba mayor de lo que podamos resistir y siempre nos dará la salida para poder soportarla. (Ver 1Cor 10:13).
  3. Lo más importante no es alcanzar la meta, sino la actitud durante toda la carrera, la pregunta no es, cuándo acabará, sino cómo terminará.
  4. Vale la pena sufrir por algo eterno que descansar por algo temporal.
  5. Como dice mi hermano y amigo, el Pastor. Renso Bello, «se vale llorar, pero no dejes de creer en Él».

ORACIÓN

Padre Santo, vengo a ti en el precioso nombre de tu amado hijo Jesucristo, mi Señor y Salvador, pidiendo tu ayuda para poder soportar la difícil situación que estoy atravesando en estos momentos, gracias por mostrarme que es necesario que mi fe sea probada, para que mi carácter sea perfeccionado en la paciencia, quiero glorificar tu nombre aún en medio de esta prueba, al resistirla con gozo, sabiendo que al final tú tienes el control. Sea lo que sea que resulte finalmente, te alabaré porque tú eres Dios Soberano, y Digno de recibir toda la gloria, la honra y el poder, por los siglos de los siglos, Amén.

Devocional «En ti confiaré» | Hechos

Hechos | por Roberto Sánchez 

«Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;… Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra…»

(Hch. 4:24b-30). 

Las pruebas pueden ayudarte a crecer en tu relación con Dios o pueden hundirte en amargura y desolación. Todo depende de tu perspectiva y respuesta al sufrimiento. Recordar la soberanía de Dios en esos momentos es vital para afrontar bíblicamente las dificultades de la vida.  Hechos 4:24b-30 relata una de las oraciones más dramáticas en el Nuevo Testamento que puede servirte de modelo en momentos de prueba y angustia.

Es en el momento de la prueba donde la fe es pulida, donde eres santificado y donde Cristo es exaltado. Lo que sucedió como antesala de esta oración modelo es que Pedro y Juan sanaron a un cojo (Hch. 3:1-10) y, a continuación, predicaron el evangelio de Jesucristo (3:11-26). Como consecuencia, muchos creyeron (4:4). 

Sin embargo, la conmoción que causaron hizo que los líderes religiosos arrestaran a los dos apóstoles (4:1-4). Después de un intenso interrogatorio, los amenazaron y los dejaron ir (4:23-31). Pedro y Juan regresaron a los creyentes en Jerusalén y les relataron lo sucedido. 

Respondiendo adecuadamente

En lugar de atemorizarse y ceder, la iglesia oró. Esa es la actitud adecuada. Es lo que Dios desea que todo cristiano haga. Era la voluntad de Dios que predicaran y cumplieran su misión. No podían dejar de hacerlo, tal como Pedro y Juan afirmaron a los líderes religiosos (4:19-20). 

Por eso acudieron en oración al único que estaba en control. La iglesia estaba consciente del peligro de ser encarcelados y castigados. Jesús acababa de ser crucificado. El riesgo era latente. Realmente se estaban jugando la vida. Sin embargo, la iglesia no respondió con temor o ansiedad, sino que acudió al Señor en oración. 

La base de la oración 

Lo primero que la iglesia reconoció en su oración es que Dios es soberano (4:24). “Soberano Señor” viene de la palabra “déspota”que implica pleno poder y autoridad.Ellos sabían quién era Dios y quiénes eran ellos. “Déspota”, cuando se atribuye a un humano, tiene una connotación negativa; sin embargo, cuando es dirigida a Dios es positiva, ya que enfatiza el poder ilimitado de Dios (Lc. 2:29; 2 Ti. 2:21; 2 P. 2:1; Jud. 4; Ap. 6:10).

Lo segundo que la iglesia reconoció es que el Dios soberano es el Creador, relacionando la soberanía de Dios con la creación (Hch. 4:24). Dios hizo “el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay”. Nada se escapa de su poder. 

Él había creado a los hombres que estaban intentando detener el avance del evangelio, y orar así haría que recordaran quién está verdaderamente en control. 

Lo tercero que la iglesia reconoció es que el Dios soberano ha hablado. Al orar, citan la palabra de Dios, el Salmo 2:1-2 (Hch. 4:25-26). La oración está saturada de la palabra de Dios. Recuerdan lo dicho por David y afirman que —a lo largo de la historia— siempre que el reino de Dios ha amenazado al reino de los hombres, “los reyes de la tierra” han fracasado en desafiar la soberanía absoluta de Dios. Al final, Dios prevalece de acuerdo a su palabra. 

Lo cuarto que la iglesia reconoció es que el Dios soberano estaba en control al enviar a Jesús para cumplir su propósito. A pesar de que tal como el Salmo 2 afirmaba, muchos conspiraron contra Jesús, sus enemigos hacían “cuanto su mano y su consejo habían antes determinado que sucediera” (4:28). 

Ahora su iglesia estaba comenzando a sufrir parte de lo que sufrió el Hijo de Dios. Al recordar esto en su oración, reconocieron que todo cuanto sucedía era parte del plan y propósito de Dios. 

La petición 

Con base en lo anterior, presentan su caso: 

«Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús»
(4:29-30). 

La iglesia oró sabiendo que él estaba en control y que era su voluntad que los apóstoles siguieran predicando la palabra. Por eso pidieron valentía y que Dios estuviese con ellos validando el mensaje que proclamarían. 

Dios respondió fielmente: 

«Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios»

(4:31). 

Ellos no pidieron ser librados de la hora de la prueba, no pidieron juicio para sus opositores, sino pidieron valentía para hacer su labor. El sufrimiento es inevitable ( Jn. 16:33), pero puede ser sobrellevado y abrazado entendiendo y afirmando la soberanía de Dios. 

Como cristiano, necesitas afirmar su soberanía y vivir a la luz de esta verdad, confiando tu vida en sus manos. En el momento de la prueba, acude a él en oración, sabiendo que está en control y confiando que hará su voluntad. Él será fiel en tener cuidado de ti. 

Para reflexionar 

En el momento de la prueba no permitas que la duda y la incredulidad asechen tu mente. Busca depender de Dios en oración sabiendo quién es él y reconociendo que será fiel en cuidar de ti.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Devocional «En ti confiaré» | Juan

Juan |por Josué Pineda Dale

«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí» ( Jn. 14:1).

Irónicamente, el ser humano es más susceptible a preocuparse por lo que desconoce que a tener confianza en lo que conoce que es verdad.

Es más fácil dudar y tener temor que confiar. No es diferente para el creyente. Aún y cuando sepas que eres hijo de Dios, que estás seguro en sus manos, que nadie puede separarte de él y que él te sostendrá hasta el final, puedes fácilmente sucumbir ante la duda en el momento de la prueba.

Por esa razón el salmista habla a su alma en el Salmo 103. David recuerda las bendiciones que Dios le ha dado como combustible para seguir adorando a Dios. Recordar la fidelidad de Dios es fundamental porque él nunca cambia. La memoria de su fidelidad revelada en el libro de Juan te dará ánimo, fe y fortaleza en el momento de prueba y angustia.

El mandato

En Juan 14, Jesús consuela a sus discípulos con estas palabras: «No se turbe vuestro corazón» ( Jn. 14:1). Lo que vendría sería muy duro. Aunque él sufriría y moriría en la cruz, es Jesús quién los consuela a ellos. Él estaba a punto de morir (13:1), Judas lo traicionaría (13:26), Pedro lo negaría (13:38) y los discípulos no podrían acompañarlo adonde iba (13:36).

Por eso Juan 14:1 comienza de esa manera. Jesús quiere que sus discípulos piensen correctamente, no en las circunstancias, sino en la verdad de Dios. Jesús no solo manda a los discípulos a no turbarse —a no preocuparse— sino a creer en él como el Hijo de Dios: «…creéis en Dios, creed también en mí» (14:1) La base de su fe, de su confianza, era él mismo. No se trataba de no turbarse simplemente, sino de confiar en él porque es Dios y es fiel.

Su palabra es verdad y era necesario que él partiera para cumplir el propósito de Dios. Jesús no dejaría a sus discípulos solos. Él iría «a preparar lugar para [ellos]»(14:2). Por eso afirmó ante lo siguiente: «A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después» (13:36).

El hecho de que Jesús subiese al Padre no cambiaba las cosas, sino que cumplía el plan y propósito de Dios. Jesús cumplió al pie de la letra la obra que el Padre le encomendó (17:4). Por eso podían confiar en él. Jesús se fue para preparar lugar para los suyos (14:2), pero vendrá otra vez (14:3).

La revelación

Los discípulos no entendían a plenitud adónde iba Jesús ni qué quiso decir cuando afirmó que sabían el camino (14:4). Solo sabían que tenían temor por lo que vendría. Por eso Tomás le pregunta acerca de cómo llegar a ese lugar (14:5). Jesús respondió con una frase que millones de personas han escuchado, proclamado y aún memorizado: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (14:6).

Él es el camino. Él es la verdad. Él es la vida. Fuera de él es imposible tener acceso al Padre y a la vida eterna. Si eso no era suficiente, Jesús afirma su deidad diciendo que ahora había visto al Padre también (14:7), porque él y el Padre son uno. Dios mismo estaba en medio de los discípulos, había habitado en medio de ellos, y estaba mostrándoles el camino. Por eso debían creer en él y no tener temor.

Jesús es Dios y estaba revelándose claramente a sus discípulos para que creyeran en él, fortaleciendo su fe para lo que vendría. Jesús continúa aclarando la confusión que tenían.

Seguramente era mucho que procesar. Felipe se conformaba con ver al Padre (14:8), a lo que Jesús respondió: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (14:9). Jesús no actuaba por su cuenta, sino que, como afirmó: «…el Padre que mora en mí, él hace las obras» (14:10).

Si no creían sus palabras, Jesús les apunta a sus obras, las cuales daban testimonió de quién era él en verdad (14:11-12). No actuaba por su cuenta, así como tampoco lo haría el Consolador que enviaría luego de su partida (14:16).

Dios envió a su Hijo unigénito para cumplir su propósito salvífico para dar esperanza a los que estaban sin esperanza. Él sería fiel en cumplir al pie de la letra. La verdad de Dios revelada en Jesucristo es y debe ser una fuente inagotable de esperanza y fe. Debe combatir la incredulidad y la desesperanza porque él es fiel y cumplió su palabra y seguirá cumpliéndola hasta el final.

No dudes ni un instante que él es fiel y te sostendrá. Así como Jesús dio ánimo a sus discípulos, motivándolos a creer y confiar en él, así debe su palabra darte ánimo hoy. No te turbes, confía en él. Él es fiel y no te dejará. Él estará contigo hasta el final. Que su palabra te sostenga siempre.

Para reflexionar

Aunque haya pruebas y dificultades en tu vida, no te turbes ni pierdas la esperanza. Él es fiel. Cree y confía en él. Aférrate a su palabra, su verdad, y no mires las circunstancias, sino a Cristo.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
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