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Devocional «En ti confiaré» | Juan

Juan |por Josué Pineda Dale

«No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí» ( Jn. 14:1).

Irónicamente, el ser humano es más susceptible a preocuparse por lo que desconoce que a tener confianza en lo que conoce que es verdad.

Es más fácil dudar y tener temor que confiar. No es diferente para el creyente. Aún y cuando sepas que eres hijo de Dios, que estás seguro en sus manos, que nadie puede separarte de él y que él te sostendrá hasta el final, puedes fácilmente sucumbir ante la duda en el momento de la prueba.

Por esa razón el salmista habla a su alma en el Salmo 103. David recuerda las bendiciones que Dios le ha dado como combustible para seguir adorando a Dios. Recordar la fidelidad de Dios es fundamental porque él nunca cambia. La memoria de su fidelidad revelada en el libro de Juan te dará ánimo, fe y fortaleza en el momento de prueba y angustia.

El mandato

En Juan 14, Jesús consuela a sus discípulos con estas palabras: «No se turbe vuestro corazón» ( Jn. 14:1). Lo que vendría sería muy duro. Aunque él sufriría y moriría en la cruz, es Jesús quién los consuela a ellos. Él estaba a punto de morir (13:1), Judas lo traicionaría (13:26), Pedro lo negaría (13:38) y los discípulos no podrían acompañarlo adonde iba (13:36).

Por eso Juan 14:1 comienza de esa manera. Jesús quiere que sus discípulos piensen correctamente, no en las circunstancias, sino en la verdad de Dios. Jesús no solo manda a los discípulos a no turbarse —a no preocuparse— sino a creer en él como el Hijo de Dios: «…creéis en Dios, creed también en mí» (14:1) La base de su fe, de su confianza, era él mismo. No se trataba de no turbarse simplemente, sino de confiar en él porque es Dios y es fiel.

Su palabra es verdad y era necesario que él partiera para cumplir el propósito de Dios. Jesús no dejaría a sus discípulos solos. Él iría «a preparar lugar para [ellos]»(14:2). Por eso afirmó ante lo siguiente: «A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después» (13:36).

El hecho de que Jesús subiese al Padre no cambiaba las cosas, sino que cumplía el plan y propósito de Dios. Jesús cumplió al pie de la letra la obra que el Padre le encomendó (17:4). Por eso podían confiar en él. Jesús se fue para preparar lugar para los suyos (14:2), pero vendrá otra vez (14:3).

La revelación

Los discípulos no entendían a plenitud adónde iba Jesús ni qué quiso decir cuando afirmó que sabían el camino (14:4). Solo sabían que tenían temor por lo que vendría. Por eso Tomás le pregunta acerca de cómo llegar a ese lugar (14:5). Jesús respondió con una frase que millones de personas han escuchado, proclamado y aún memorizado: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí» (14:6).

Él es el camino. Él es la verdad. Él es la vida. Fuera de él es imposible tener acceso al Padre y a la vida eterna. Si eso no era suficiente, Jesús afirma su deidad diciendo que ahora había visto al Padre también (14:7), porque él y el Padre son uno. Dios mismo estaba en medio de los discípulos, había habitado en medio de ellos, y estaba mostrándoles el camino. Por eso debían creer en él y no tener temor.

Jesús es Dios y estaba revelándose claramente a sus discípulos para que creyeran en él, fortaleciendo su fe para lo que vendría. Jesús continúa aclarando la confusión que tenían.

Seguramente era mucho que procesar. Felipe se conformaba con ver al Padre (14:8), a lo que Jesús respondió: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (14:9). Jesús no actuaba por su cuenta, sino que, como afirmó: «…el Padre que mora en mí, él hace las obras» (14:10).

Si no creían sus palabras, Jesús les apunta a sus obras, las cuales daban testimonió de quién era él en verdad (14:11-12). No actuaba por su cuenta, así como tampoco lo haría el Consolador que enviaría luego de su partida (14:16).

Dios envió a su Hijo unigénito para cumplir su propósito salvífico para dar esperanza a los que estaban sin esperanza. Él sería fiel en cumplir al pie de la letra. La verdad de Dios revelada en Jesucristo es y debe ser una fuente inagotable de esperanza y fe. Debe combatir la incredulidad y la desesperanza porque él es fiel y cumplió su palabra y seguirá cumpliéndola hasta el final.

No dudes ni un instante que él es fiel y te sostendrá. Así como Jesús dio ánimo a sus discípulos, motivándolos a creer y confiar en él, así debe su palabra darte ánimo hoy. No te turbes, confía en él. Él es fiel y no te dejará. Él estará contigo hasta el final. Que su palabra te sostenga siempre.

Para reflexionar

Aunque haya pruebas y dificultades en tu vida, no te turbes ni pierdas la esperanza. Él es fiel. Cree y confía en él. Aférrate a su palabra, su verdad, y no mires las circunstancias, sino a Cristo.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Devocional «En ti confiaré» | Lucas

Lucas | por Héctor Salcedo

«¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos» (Lc. 12:6-7).

Hace algunos años, a mi suegra le fue diagnosticado un cáncer de pulmón. Para toda la familia fue un evento inesperado porque hasta ese momento ella había disfrutado de una excelente salud. Tanto mi esposa como su hermana se entregaron “en cuerpo y alma” al cuidado de su madre.

Médicamente hablando la situación era complicada porque el cáncer había avanzado. Hubo días difíciles, en los que todo parecía indicar que el tratamiento no estaba dando resultado. Lo más angustiante para nosotros y sobre todo para mi esposa era que hasta el momento del diagnóstico, su madre no había puesto su fe en Cristo para la salvación de su alma, y eso era peor que el cáncer mismo.

En momentos como estos, la inclinación natural es el temor y la angustia. Aunque teníamos la teología correcta, no pudimos evitar sentirnos agobiados con el dolor de que mi suegra pudiera partir de este mundo sin Cristo. Es precisamente ahí, donde la enseñanza de Jesús en Lucas 12:6-7 es como «agua fresca en medio del desierto».

La proclamación del mensaje del evangelio traería aflicción a los discípulos, pero Jesús les exhorta a temer a Dios más que a los hombres (12:5). Lo peor que el hombre puede hacer es matar el cuerpo y, si eso ocurre, el alma va a Dios. Pero Dios puede hacer que tanto el cuerpo como el alma perezcan (12:5).

Al declarar esto, queda la sensación de que el dolor experimentado en nuestro cuerpo no es importante para Dios. Pero Jesús, anticipando lo que sus discípulos pudieran pensar en ese momento, les da dos razones por las que ellos no deben tener temor.

El cuidado del Señor

La primera razón para no temer es cuando les dice: «más valéis vosotros que muchos pajarillos» (12:7) Jesús enseña esta reconfortante verdad mostrando la manera minuciosa en que Dios cuida de su creación, específicamente de los pajarillos.

Dos cuartos por cinco pajarillos (12:6). Ese era su valor en el mercado.Un cuarto era equivalente a una hora de salario de un obrero. De manera sorprendente, Jesús afirma que «ni uno de ellos está olvidado delante de Dios» (12:6). Es muy alentador pensar que Dios se ocupa aún de cosas que para muchos no tienen ninguna importancia. Si Dios cuida aún de estos pajarillos de «poco valor», cómo no se ocupará de ti que, según Jesús, vales más.

Esto es así porque llevas en ti la imagen de Dios (Gn. 1:26-27) y además, «él [te] compró con su propia sangre» (Hch. 20:28, LBLA).

El control del Señor

Hay una segunda razón por la que Jesús afirma que sus discípulos no deben temer: “Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” (Lc. 12:7). Dios conoce a los suyos de manera personal y detallada. Es la misma lógica de los pajarillos. Si tus cabellos están contados, Dios tiene conocimiento y control de todos los demás detalles de tu vida.

En sus manos estás seguro y bajo su cuidado puedes descansar. Él nunca te fallará y está siempre en control.

La fidelidad del Señor

Volviendo a la salud de mi suegra, la situación no mejoraba y sentíamos a Dios distante.En ese momento pasó algo en mi trabajo que llamó nuestra atención hacia el cuidado de Dios por nosotros. Un viernes en la noche habíamos terminado un trabajo importante en la oficina. Eran pasadas las nueve de la noche y todos se fueron a casa.

Por error, alguien se llevó documentos importantes de todo lo que habíamos hecho. Esta persona se detuvo a comer algo y su vehículo fue violentado y le robaron su computadora y todos los documentos. Esa noche, yo no me enteré de nada porque la persona había decidido dejar pasar el fin de semana para ver si encontraba alguna solución al problema.

Precisamente, al día siguiente, mi esposa llegaba del extranjero luego de haber estado casi 20 días con su madre, mientras recibía el cuidado médico que requería. El lunes en la mañana, mi esposa tuvo que ir conmigo a la oficina.

En ese momento, recibí una llamada de mi padre, con quién, es importante decir, compartimos el mismo nombre. En esa llamada mi padre me informó que un empleado de seguridad de un establecimiento que está cerca de nuestra iglesia, lo llamó porque encontró dos carpetas con documentos que parecían importantes y que tenían el nombre de “Héctor Salcedo”.

Increíblemente, los documentos robados el viernes anterior, fueron depositados por los vándalos en un depósito de basura cercano a nuestra iglesia. El empleado los vio y, en la providencia de Dios, conocía a mi padre. Cuando mi padre me trajo los documentos, yo aún no estaba enterado de lo que había pasado el viernes.

A los pocos minutos, recibí la llamada de la persona a la que le fueron sustraídos los documentos y me informó del hecho. En ese momento,pude decirle que no se preocupara,que tenía los documentos en mis manos. Demás está decir que se quedó sin palabras.

En todo momento, durante ambas llamadas, mi esposa estaba en mi oficina frente a mí. Ella fue testigo de todo. En ese momento, me percaté del claro mensaje de Dios para nosotros. Si él tenía control de unos documentos que se pierden, también tenía control de la situación de salud de su madre y de su destino eterno.

¡Él nos estaba animando a confiar en él! Mi suegra no está más con nosotros, ¡pero la veremos en gloria! Nuestro bondadoso Señor se ocupó de abrir su mente y corazón y, aunque murió físicamente de cáncer, tal y como pasó con Lázaro, «[su] enfermedad no fue para muerte, sino para la gloria de Dios» ( Jn. 11:4).

Para reflexionar

Dios tiene control de cada detalle de tu vida. Confía en él. Nunca te dejará, ni te abandonará. Puedes creer en su palabra que es verdad, sabiendo que él te ama y que eres importante para él.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré
En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.