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Matrimonio de ejemplo

Serie ¿Cómo ejercer influencia es nuestros hijos? Parte II

El juego preferido de algunos niños, es el de «la familia». Consiste en que el niño llama esposa a la niña, ella lo llama esposo y los peluches se convierten en sus hijos. Es sorprendentemente divertido verlos tratarse, regañar y enseñar a «sus hijos» tal cual lo ven en sus padres. ¿Has visto ese juego en tus hijos o en otros niños?

Y es que nosotros, como matrimonio, somos el primer modelo de relaciones interpersonales que nuestros hijos verán. Dependerá, en gran manera, de nosotros cómo ellos se desarrollarán en sus relaciones familiares, personales y sociales.

En muchas ocasiones, creemos que solo influirá cómo los tratamos directamente a ellos (esto será tema de otra publicación), pero el cómo tratamos a nuestro esposo (a), familiares, amigos y vecinos, es de mucha influencia en la formación del carácter  de nuestros vástagos.

A veces nos convertimos en padres «fariseos» (Mt. 23:1-4)

Reiteradas veces, nos encontramos pidiéndoles a nuestros hijos algo que ni tan siquiera nosotros mismos logramos controlar, ¿no les pasa? Cosas como el  no contradecir a nuestros esposos en las órdenes que nos dan. Del mismo modo,  la resistencia es algo que le pedimos a nuestros retoños no hacer, sin embargo, nosotros actuamos, muchas veces, con terquedad.

Amados lectores, ustedes podrán decir que eso es algo tan insignificante, pero podemos  notar esa misma «testarudez» en nuestros hijos, al pedirle hacer alguna cosa en específico.

Entonces, nos encontramos como los fariseos y escribas de la época de Jesús, exigiéndoles a nuestros hijos comportamientos que nosotros mismos no estamos dispuestos a erradicar de nuestra vida.

  • Padres que exigen respeto de sus hijos, pero son irrespetuosos en el trato con su cónyuge.
  • Padres que exigen cero gritos a sus hijos, pero entre ellos suelen tener discusiones subidas de tono.
  • Padres que exigen amabilidad y ternura de sus hijos, pero ellos son ásperos entre ellos.

Y esto por dar ejemplo de lo más básico en la relación padres – hijos.

Muestre afecto a su cónyuge (Co. 3:19, Ef. 5:28)

El papel que Dios asigna al esposo, es el de cuidar y proteger a su esposa. Esto no tiene que ver solo con ser proveedor de su casa; implica también demostrar a sus esposas un amor lleno de afecto, fiel y tierno.

¡Papá es contigo! sé un esposo afectuoso con tu esposa frente a tus hijos; abrázala, bésala. Ofrécele agua cuando lleve mucho tiempo cocinando, lavando, limpiando. Tómate un momento y dale un masaje en los pies (1 Pe. 3:7), tú la conoces muy bien, pues te dedicaste a enamorarla antes de ser tu esposa; sabes lo que la hace sentir amada. Recuerda, ella será tu compañera de camino hasta que la muerte los separe.

Enséñales a tus hijos el valor de su mamá en el hogar y el amor con el que se le debe tratar.

Obedezca y respete a su cónyuge (Co. 3:18, Ef. 5:24)

El papel que Dios asigna a la esposa, es el de honrar y afirmar el liderazgo de su esposo, ayudándolo a ejercer su función en la familia. No se trata de una rendición absoluta de su voluntad, porque Cristo es la autoridad absoluta, no su esposo. El aceptar su lugar bajo el orden constituido por Dios, le permitirá a la esposa cumplir con amor su rol.

¡Mamá, esto es contigo! no contradigas las decisiones de tu esposo, frente a tus hijos. Si es necesario dar una opinión contraria, hazlo a solas con él. Sé amorosa con tu esposo al hablar. Pide su opinión antes de otorgar algún permiso o ejecutar una decisión familiar.Tu esposo debe ser tu guía, Dios lo diseñó para eso. El ser amorosa en tu trato con él, también debe ser una característica esencial en ti. (Tit. 2:5)

Enséñales a tus hijos el valor de su papá y el respeto con el que se le debe tratar.

Estos papeles no los seleccionan los casados, tampoco se asignan de acuerdo a la cultura en la cual viven, sino que son dispuestos por Dios como un medio a través del cual se manifiesta la vida de Cristo en la tierra. Recordemos que toda sumisión y obediencia la debemos a él.

En la próxima publicación, veremos cómo nuestro trato directo con nuestros hijos son de influencia en su carácter y futuras relaciones. 

El Altar Familiar | Parte II

Para ver el artículo anterior de Altar Familiar presiona aquí 

El Altar Familiar debe convertirse en una Prioridad Espiritual en nuestra Casa

«Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.»
‭‭Deuteronomio‬ ‭6:4-7‬ ‭RVR1960‬‬

Honrar a Dios en el núcleo familiar, de forma permanente, es parte de nuestro reconocimiento a su autoridad, soberanía y poder sobre nosotros.

La adoración en casa comienza por nuestro ejemplo

Desde el momento en que el creyente recibe a Cristo como Señor de su vida, él viene a residir en su corazón, se convierte en dueño de su ser, y debe honrarle con sus acciones. Nuestra Vida es el testimonio que afirma nuestra fe. La familia es impactada por lo que ve en nosotros. Por la forma en que rendimos adoración a Dios, es que los nuestros son motivados a formar parte del altar familiar.

La familia se integra en la adoración por el mover del Espíritu Santo en casa

Si el hogar se vuelve un centro de adoración a Dios, definitivamente la presencia del Altísimo llenará el lugar por completo. El Espíritu Santo comenzará a transformar los corazones y las Vidas de nuestros padres, pareja, hijos, y demás personas que habiten con nosotros.

En ocasiones, comenzamos solos nuestras reuniones en casa, pero poco a poco, con el favor divino, veremos cómo nuestra familia se irá integrando en la adoración. Clamemos por la presencia del Espíritu Santo en nuestros hogares. Preparemos el ambiente adecuado para que el Consolador se sienta a gusto en casa.

Dejemos que él mueva las piezas del rompecabezas como sabe hacerlo. Cuando menos lo imaginemos gozaremos de la bendición de tener un altar familiar con la participación de todos. Por medio del culto familiar se puede mostrar a los hijos que el cristianismo auténtico es un estilo de vida, es algo de todos los días a cada instante del día, es una forma de encarar la vida en dependencia absoluta del Señor.

La importancia del altar familiar

En el hogar donde la familia se reúne para adorar a Dios, su presencia es sensible. Vivimos en una época dominada por el pensamiento de que hay tiempo para todo. Esto puede ser real si nos disponemos a ser fieles administradores de nuestro tiempo y de nuestros recursos.

Sin embargo, aunque reina dicho pensamiento, la gente, aun los creyentes, rara vez dedican tiempo para consagrarlo a Dios, no sólo de manera personal, sino especialmente con su familia. Pensamos en hacer miles de cosas, incluso con nuestra familia, y luchamos por consolidar las ideas que vienen a nuestra mente, pero siendo sinceros, ¿qué tanto pensamos y hacemos por el crecimiento espiritual de los nuestros?

Consagración Familiar

El altar familiar debe convertirse en una prioridad espiritual en nuestra casa. El Señor no sólo nos pidió consagración individual a nosotros, sino que también incluyó en esa entrega a nuestra casa. Tenemos que educar a nuestra familia en el temor de Dios, haciendo parte constante de nuestra vida la enseñanza de los principios bíblicos a los miembros del hogar. Y estas palabras… estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa… (Deuteronomio 6:6, 7). ¡Para eso sirve el altar familiar!

Debemos llegar a decir, junto a nuestra familia, como decía el salmista, Salmo 119:103 “¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca”

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN O APLICACIÓN:

¿En qué grado le ha dado importancia al altar familiar? ¿Será que necesitan replantear sus convicciones como miembros de la familia y, en virtud de lo que son, empezar a honrar a Dios con su casa, con su cuerpo y con todos los miembros de la familia?

Vivamos el cristianismo en toda su magnitud en el seno de la familia, en cada decisión que debemos tomar, en cada actividad que debemos realizar. De ninguna manera podemos edificar familias cristianas sin dar importancia al culto familiar o al altar familiar. En cuanto al cuándo y al cómo del altar familiar, esto depende de las circunstancias específicas de cada familia.


Autor desconocido 

Corrigiendo en el Señor a nuestros hijos

Parte V |SERIE: Corrección conforme a la Palabra de Dios. Para ver las entradas anteriores, presiona aquí.

Corrigiendo en el Señor a nuestros hijos.

Hemos estado estudiando sobre la corrección de nuestros hijos conforme a la palaba de Dios, basándonos en Efesios 6:4 ya vimos algunos consejos para evitar provocar a ira a nuestros pequeños, también lo fundamental que es la disciplina en la crianza, la segunda frase a estudiar es: La corrección.

«Corrección» Es apartarlos del mal, enseñándolos por medio de palabras.Ef. 6:4b

Tiene que ver más con la enseñanza verbal o formación que el padre da al hijo continuamente, y no tanto el castigo que le dispensa. Como ya vimos, esto último se refiere a la disciplina. El padre cristiano como cabeza y guía espiritual de la familia, instruirá a su hijo cristiano en las cosas del Señor y en su Palabra, siendo guiado por el contenido de la fe mutua que abrazan y por el mismo Espíritu que los guía. (Pr 1:8)

¿Cuándo aplicar la corrección?

La corrección también debe aplicarse desde pequeños, aunque será la forma más usada después que nuestros hijos ya tengan 5 años. Muchos padres suelen creer que cuando son bebés no entienden lo que se les dice, y nada está más lejos de la realidad. Nuestras palabras y reacciones ante sus acciones, les transmiten mucho a nuestros pequeñitos.

¿No has notado que un bebe muerde y el padre o madre se ríe y el bebé lo vuelve a hacer y esta vez con una sonrisa? Pues tu reacción ante su acción le hace creer al bebé que es aprobado lo que está haciendo. Por el contrario, observa a un bebé que es regañado (sólo  con palabras y con una actitud seria), y si vuelve a morder, volteará a ver si consigue la misma reacción, de ser así no lo hará más.

Los hijos llegan a una edad donde deja de funcionar la disciplina de una paleta o  correa, antes bien, se logra más convenciéndolos de lo que está bien y lo que está mal, con palabras llevándolos hacia la reflexión.

Procuremos no ser legalistas

Por el contrario, intentemos que sea más analítica del por qué debe comportarse como le decimos que debe hacerlo. Que aprenda a diferenciar el bien y el mal por lo que Dios limita y limpia de nuestro ser. Tomamos el «Dios dice que» como una forma de obligar a nuestros hijos a hacer lo que le exigimos. Muchos padres solemos caer en el legalismo con nuestros hijos porque resulta más fácil imponer que dialogar y enseñar.

En Salmos 119:11 dice «En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.» Enseñemos a nuestros hijos a no hacer las cosas que ofenden a Dios por amor, no solo por temor de recibir juicio.

Perseveremos en la corrección (Pr. 29:17)

La corrección, al igual que la disciplina, debe ser consecuente, ya que el efecto no es tan rápido como el de la disciplina y cuesta un poco más de repetición hasta lograr el objetivo.

Normalmente los padres nos cansamos muy rápido con esta aplicación en la crianza, y por eso creemos que no funciona el hablar con el muchacho, sin embargo, ¿si nos cansamos de repetir la enseñanza, cómo podremos averiguar si de verdad funciona?

La corrección debe ser amorosa. (Pr. 16:6)

La corrección debe aplicarse demostrando amor. Las palabras suelen herir mucho más que los golpes. Podemos asegurar, que muchos de nosotros, hemos sido ofendidos al momento de recibir alguna amonestación. Sí, debemos reprender a nuestros hijos cuando se salen del «carril», pero debemos tener mucho cuidado con las palabras que decimos y la forma en que las decimos, esto puede marcar aún más a nuestros pequeños.

¿Qué objetivo perseguimos con disciplinar y corregir en el Señor a nuestros hijos?

Nuestra meta y propósito al aplicar el chaparrito y las palabras que provienen del Señor, debe ser conducirlos al punto en que puedan tomar decisiones inteligentes y bíblicas por sí mismos, y que no dependan de nosotros para hacerlo.

«Nuestro objetivo debe ser lograr una separación madura e independiente, la cual se dará con la constancia y firmeza en la disciplina y reflexión. No se trata de disciplinarlos para que mantengan un apego a nosotros, y una dependencia forzada y servil.»

Disciplinando a nuestros hijos en el Señor

Parte IV de la SERIE: Corrección conforme a la Palabra de Dios. Para  ver el artículo anterior, presiona aquí.

Disciplinando a los hijos en el Señor 

Bien, ya hablamos bastante de lo que Efesios 6:4 nos dice que no debemos hacer al momento de aplicar la corrección y disciplina a nuestros pequeños para evitar provocarlos a ira, ahora el aspecto positivo de este consejo tiene que ver con la segunda parte del verso: «Más bien, críenlos con la disciplina y amonestación que proviene del Señor».

Algo resaltante del texto, «Críenlos». Este mandato indica que debemos procurar preparar a nuestros hijos para dejar el nido y volar exitosamente solos. Esto es bastante difícil para las madres, sobre todo, porque  normalmente somos las más apegadas a los hijos y no queremos ni pensar en el momento en que tengan que partir de nuestro lado para formar su propia familia.

Vamos a estudiar la frase anterior en dos partes: La disciplina y La corrección.

«Disciplina» significa inducir a bien, castigar, en el acto cuando sea necesario. Los niños no hacen lo correcto por naturaleza (Pr. 22:15) ni tampoco están impacientes por escoger lo bueno y santo (Ro. 7:17-23) de hecho es todo lo contrario.
En cierta ocasión mi hija
Anna me dijo en medio de la corrección: «mamá yo quiero ser obediente pero siempre termino haciendo lo malo»  —sus palabras me recordaron inmediatamente al apóstol Pablo—. En consecuencia, Dios dice que necesitamos disciplinarlos para ayudarlos a escoger correctamente y para que aprendan a hacer lo bueno y vivir rectamente, tal como lo expresa la escritura.

«Lo castigarás con vara, Y librarás su alma del Seol.»
‭‭Proverbios‬ ‭23:14‬ ‭RVR1960‬‬

La disciplina tiene que ver con formarlos de tal modo que sus pensamientos,
acciones y actitudes comiencen a reflejar y a manifestar una semejanza al estilo de vida del cristiano descrito en la Palabra de Dios.

La vara es una forma misericordiosa de disciplina (Proverbios 23:13)

¡Sí, lo es! porque si se administra rápidamente y la lección se aprende prontamente; vendrán muy pronto los abrazos y los besos para promover la reconciliación y restauración de las relaciones normales entre padres e hijos.Para muchos puede ser algo inaceptable, el aplicar una paleta o regla, pero usarlas les enseña a nuestros hijos que con los límites de sus padres no hay negociación.

Hay, sin embargo, otras formas legítimas de disciplina.

Dios no siempre nos castiga de la misma forma, el acomoda el castigo a nuestra necesidad. Por lo tanto, el castigo debe administrarse con instrucción y previo acuerdo de los padres.

Muy importante es que los hijos deben saber que sus padres están de acuerdo, si sienten que uno de los padres es «blando» y que el otro es «estricto», los resultados pueden ser desastrosos.

Si uno de los padres niega el permiso, los hijos siempre buscarán obtenerlo del otro progenitor.

Acaso ¿enojarme con mi hijo cuando desobedece es pecado?

No. Es legítimo enojarnos con nuestros hijos cuando no obedecen. Pero al mismo tiempo, no debemos expresar ese enojo de maneras pecaminosas (con gritos, alaridos, con rencor, irritabilidad, jaloneos y otros parecidos) sino más bien, debemos esforzarnos en mantener el dominio propio, dirigiéndonos a ellos siempre en forma cariñosa por su bien y el bien de la relación padres – hijos.

La disciplina no producirá crecimiento ni corrección a menos que sea consecuente.

Si una acción es considerada errónea una vez, lo será también, la segunda, la tercera y aun la décima vez, a no ser, por supuesto, que comprendas como padre humano, que la norma estaba equivocada.

«La vara y la corrección dan sabiduría; mas el muchacho consentido avergonzará a su madre». Proverbios 29:15 RV2960

Nuestro objetivo con la aplicación de la disciplina debe ser, lograr una madurez en nuestros hijos para que ellos vayan independizándose de manera voluntaria de nosotros. No se trata de aplicar la corrección para que ellos se somentan a nosotros como esclavos de una manera obligada y servil.

Para la última parte de esta serie estaremos estudiando ¿qué significa amonestación del Señor? No te la pierdas.


Publicado originalmente en su blog 1 Día de mamá

Consejos prácticos para no irritar a nuestros hijos

Este artículo corresponde a la III Parte de la SERIE Efesios 6:4: Corrección conforme a la Palabra de Dios. Puedes leer la segunda parte aquí


¿Cómo no hacer de nuestros hijos unos malcriados, pero tampoco niños llenos de odio?

6. Comuniquemos libremente nuestro amor y aprecio.

Debemos crear el hábito de manifestar nuestro amor y aprecio por nuestros hijos en forma tangible. Hagámoslo de muchas maneras: con un abrazo, un beso, una palmada en la espalda, con palabras, por notas escritas, con un regalo, al jugar con ellos, al escucharles, y al respetar sus opiniones.

7. Seamos flexibles, aceptemos que tendrán faltas y que cometerán errores.

«El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas.» Proverbios‬ ‭10:12‬ ‭‬‬
La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.” Proverbios‬ 15:1

No esperemos al hijo perfecto. Debemos permitirles cometer errores y fallar sin darle la impresión de que serán rechazados o que carecen de valor. El hogar, para el niño, debe ser un lugar seguro, un lugar donde será comprendido y ayudado, donde nadie se burlará de él ni se reirá de sus fallas y debilidades. Sin embargo, sus defectos y fallas serias no pueden ignorarse, se le debe corregir y ayudar a mejorar.

8. Debemos hacerles conocer nuestras expectativas, reglas, y también las consecuencias de incumplirlas.

Puede ser una experiencia alarmante y frustrante para nuestros pequeños ignorar lo que sus padres esperan de ellos, e igualmente sucede si se les aplica un castigo o corrección que no se esperaban. Cuando esto ocurre, no tendrán certeza de que hacen lo que es debido, o lo que es incorrecto.

Nuestros pequeños no pueden leer nuestras mentes. Los límites y consecuencias deben estar claramente delineados y expuestos a ellos y, por supuesto, asegurarnos que los hayan entendido, pues esto les ayudará a escoger entre lo bueno y lo malo. La ausencia de los mismos promueve la inseguridad, la frustración, la hostilidad y el resentimiento.

9. Debemos reconocer nuestros errores, pedirles perdón cuando les hemos fallado, y procurar una reconciliación

«soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» Colosenses‬ ‭3:13‬ ‭‬‬

No seamos padres que se muestren perfectos o súper poderosos a sus hijos, incapaces de errar. Reconozcamos delante de ellos cuando fallemos en la corrección aplicada o en el trato dado; no seremos menos padres si lo hacemos.  Por ejemplo: nuestro hijo un día hace algo que no debía, y el regaño que le damos es brusco y violento. Con lágrimas en sus ojos y lleno de dolor sincero él nos expresa:Mamá estoy muy arrepentido y no lo quiero volver a hacer, pero también pídeme perdón porque eso que me hiciste me hizo doler mucho el corazón.

Allí debemos identificar si se trata de una manifestación honesta o manipulación, y luego reconocer que actuamos de mala manera. Pidámosle perdón a Dios y a ellos, y démosle un abrazo fuerte. Expresémosle además, que no somos perfectos, pero que así como ellos deben hacerlo, también pondremos todo nuestro esfuerzo para mejorar en el trato, pues somos un equipo y agradaremos a Dios juntos. Ten presente siempre que debemos reconocer nuestras fallas.

10. Debemos facilitarles el acercamiento cuando tengan problemas, dificultades y preocupaciones.

Aprendamos a escuchar a nuestros hijos cuando deseen hablar. En lo posible, estemos a su disposición. Démosles total atención, a menos que esto sea imposible. Evitemos adivinar lo que piensan, interrumpirles o criticarles. Tratemos de interesarnos de verdad en lo que a ellos les gusta. Ellos se dan cuenta si realmente los escuchamos o no.

Si no les damos total atención o si a menudo los ignoramos cuando desean hablarnos; pronto dejarán de intentarlo. Ellos interpretarán que no tenemos interés en ellos. Esto es devastador para nuestra relación con nuestros pequeños, pero, lo más serio, es que esta situación nos impedirá cumplir las metas que Dios nos ha dado como madres y padres en sus vidas.

No provocar la ira de nuestros hijos no significa que jamás haremos actos que les podrían molestar, desagradar o enojar. No significa que nunca debemos negarles cosas o impedirles ir a un lugar inadecuado. No provocar a ira a nuestros pequeños es tener la actitud correcta al corregirles. Amonestarles para salvarlos de su necedad, para  impedir que sus actos los puedan llevar a destruir sus vidas. Dios es nuestro fiel ayudador.

En una próxima publicación continuaremos con la 4ta parte de Efesios 6:4, ¡No te la pierdas! ¡Ánimo padres, que sí es posible educar y corregir de forma bíblica!


Algunas notas fueron tomadas de la página DesarrolloCristiano.org