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Hilda | Donde abundó el pecado, sobreabundó la Gracia

Recintos escolares que servirían de centros para las misiones

Las Escuelas Públicas Primarias no eran un elemento común en la Venezuela de principios del siglo XX. Aunque el presidente Guzmán Blanco había decretado el 27 de junio de 1870 la educación primaria, gratuita y obligatoria, el Estado no proveyó lo conducente para poblar de centros educativos al país.

Con el decreto guzmancista se procuraba brindar a la población «la enseñanza gratuita de principios generales de aritmética, sistema métrico, idioma castellano, moral ciudadana y fundamentos de la Constitución Federal».

Lo que si existía era una red de escuelas primarias particulares. Un Maestro acondicionaba un salón en su casa y allí, a cambio de un modesto estipendio, brindaba sus primeras, y a veces, únicas luces a un grupo de alumnos. Estas escuelas funcionaban generalmente durante el día.

Pero las hubo también nocturnas para los niños y adolescentes que trabajaban jornada diurna. Se decía entonces que el pago era para «el kerosene de la lámpara».

Acciones de los misioneros

Los misioneros pioneros se encontraron con esta realidad cuando llegaron a Oriente y crearon varias escuelas de este tipo, donde doquiera abrían una estación evangelizadora. Fueron un vehículo para compartir el Evangelio, porque en el pensum se incorporaba la enseñanza de la Biblia.

La hna. Fe de Turner, a pesar de su limitado español, se encargó de la Escuelita Primaria en Carúpano para marzo de 1922. Ella tuvo convicción de que el Señor quería lo hiciera así. Pronto vio copado su salón de niños y niñas del pueblo. Era un servicio gratuito. En su autobiografía «Out of Weakness Strength», la hermana Fe cuenta que varios de los niños de la Escuela se animaban a asistir también a la Escuela Bíblica Dominical. Hilda, fue una de estas niñas. Provenía de uno de los tantos hogares disfuncionales de la ciudad. Mayor de varios hermanos, cada uno con un padre diferente. Pero la Gracia Salvadora del Señor la alcanzó a ella y a su madre.

Alumna destacada

Hilda era una estudiante muy aplicada tanto en la escuela primaria como en la Iglesia. Se ganó el cariño y afecto de los creyentes. En la Navidad de 1922 recitó un emotivo poema basado en Juan 3:16 y dio un impactante mensaje a la audiencia que plenó el salón que servía de Capilla en la Casa Misionera, la acera y la calle. E hizo un vibrante llamado de salvación.

Ya alcanzada la pubertad, Hilda cayó gravemente enferma. El mal que la hirió mortalmente retorció su cuerpo y la hacía caer en largos períodos de inconsciencia. Su diligente Maestra acudió presta a brindarle su benefactora presencia y ayuda espiritual. Pero dejemos que sea la propia hna. Fe, la que nos cuente aquella experiencia:

«Fui una tarde a visitarla. Por momentos estaba consciente, pero luego ella perdió la consciencia por completo. Todos los que estábamos allí presentíamos que el deceso ocurriría en cualquier momento.
En eso entró a la habitación una señora italiana vecina de la familia. Amaba a Hilda, pero era una señora de baja reputación moral. De repente, Hilda recobró el sentido y sus ojos se iluminaron cuando vio a su amiga, a la que todos llamaban Madama. Entonces Hilda le dijo: ¡Oh, Madama, mira! ¿Ves esa hermosa mansión blanca? Tiene muchas flores a su alrededor. ¡Esa es mi mansión a la cual me voy a ir! Dios la ha preparado para mí. Madama, ven conmigo a mi mansión.

Parecía que Hilda iba a perder el sentido de nuevo, pero volvió en sí y agregó: ¡No, Madama, no puedes venir conmigo así como estás. Estás llena de pecado. Madama, recibe a Jesucristo como tu Salvador y deja que Él te limpie de tu pecado, entonces podrás venir y vivir en esa hermosa mansión conmigo.

La Madama tomó asiento. Su rostro estaba bañado en lágrimas. Luego se fue. Solo en la Eternidad sabremos que fruto tuvo aquel testimonio dado por aquella adolescente en las postrimerías de su vida a su querida amiga».

Pero la chica no murió en aquel momento, pasaron unos días. Y el domingo, mientras oraban por ella en la Escuela Dominical, llegó el aviso de que estaba agonizando. La hna. Fe salió apresuradamente a la casa de su aventajada discípula. Esta la llamaba. Al llegar, se impresionó con el estado físico de la moribunda.
Su cabeza estaba deformada, hinchada a casi el doble de su tamaño normal. Aunque la misionera le habló, no se percató de su presencia. Estaba inconsciente de nuevo. Jadeaba al respirar. Pero de pronto, su cuerpo retorcido se relajó, y su cabeza agrandada, volvió a su normalidad. La belleza de la gloria celestial fue derramada en aquel cuerpo en el que Hilda había vivido por doce años.

Hilda, levantó sus manos hacia el cielo y dijo: ¡Señor Jesús! y luego las dejó caer. Se había marchado a la Escuela Dominical Celestial. ¡Se había ido a la presencia del Señor!

Testimonio de la hermana Fe

La hna. Fe dice en su libro que, a pesar de la tristeza, se sintió confortada y animada por haber venido a Venezuela a comunicar las Buenas Nuevas a niñas como la fallecida. Se sintió feliz de haberla ganado para Cristo por medio de la Escuela Primaria y de haber obedecido a Dios cuando aún su español no era suficientemente amplio. Y, aunque predicar el Evangelio en Carúpano desataba las furias del Infierno, el Poder es de Dios y las tinieblas nunca prevalecen ante la Luz de Cristo.

Si bien la Sra. Engracia de Eddings llegó a afirmar que en Carúpano se probaba que Satanás era real, Carúpano también mostró que la Gracia Salvadora de Dios es Irresistible y hace que las almas se rindan ante el asedio amoroso de Cristo Jesús.  

«A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.  Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios» Juan 1:11-12 


El Diablo existe, y Carúpano es la evidencia

1921 ya agonizaba. En el ambiente se percibía esa sensación especial que lleva aparejada el último mes del año. Carúpano, era un importante puerto y plaza comercial del país debido a la dinamización que a su economía le imprimió la inmigración corsa llegada aquí a mediados del siglo XIX.

Los cinco primeros

En aquel diciembre desembarcaron en la ciudad portuaria tres interesantes personajes: Una pareja de recién casados y una señorita. Venían de los Estados Unidos de América. Sus nombres: Donaldo D. Turner, su esposa Fe de Turner, y la señorita Roe Williams. Sumarían sus esfuerzos al equipo conformado por los Esposos Eddings y tres obreros nacionales a fin de alcanzar con el Evangelio al Oriente del país.

Primeros misioneros de la Misión Río Orinoco, recién llegados a Carúpano, Venezuela, para trabajar con los Eddings. De izquierda a derecha, Faith y Don Turner (Fe y Donaldo), Gara (Engracia) y Van V. Eddings, Roe Williams.

Los Eddings, Los Turner y la Srta. Williams fueron los cinco primeros misioneros de la Misión Río Orinoco. Eddings y su esposa se habían establecido en Carúpano en 1920. Todos los testimonios de aquellos años iniciales apuntan a que no fue fácil compartir las Buenas Nuevas en una ciudad que aunque tenía luz eléctrica, tranvía, servicio telefónico, acueducto y un cable submarino que la comunicaba con Europa; permanecía en densas tinieblas espirituales. La población, azuzada por los sacerdotes, se oponía fanáticamente a la presencia de los «herejes protestantes». «los perros protestantes».

La carta de Engracia Eddings

En su autobiografía «Out of Weakness Strenght», la hna Fe de Turner, cita una carta enviada por la Sra. Engracia a los hermanos que en EUA apoyaban con sus oraciones la obra en Venezuela. En la misiva, la esposa del Sr. Eddings relata algunos momentos álgidos en la persecución de aquellos días. Uno de estos lo vivieron cuando las Sras. Engracia y Fe, con la niña Alegría Esther debieron trasladarse a pie desde la Casa de la Misión hasta el puerto carupanero. La Sra. Fe y su niña irían en barco hasta Río Caribe a descansar unos días. Oigamos a la Sra. Eddings:

«Dado que el Tranvía no estaba funcionado por un problema mecánico, tuvimos que caminar un kilómetro y medio hasta el muelle. En el trayecto nos encontramos con una exposición de altares con imágenes religiosas. Frente a éstas había una muchedumbre de feligreses que copaban la calle y las aceras. Para poder seguir nuestro camino tuvimos que abrirnos paso por en medio de la calle: dos mujeres extranjeras, y una de ellas cargando un bebé de meses. Cuando habíamos cruzado la mitad del recorrido, el Diablo no pudo aguantar más. Aquellos hijos del enemigo comenzaron a burlarse de nosotros y a gritarnos todo tipo de palabras sucias e insultantes. El concierto maligno fácilmente podía haberse escuchado a varias cuadras. Pero hubo un hombre en aquella multitud enardecida que alzó su voz en defensa de nosotras para que cesara la agresión. El Señor nos libró y no nos ocurrió nada malo. Llegamos a salvo al puerto en donde nos esperaba mi esposo. Esto que nos sucedió fue una prueba para mí del Odio que estas personas sienten hacia Cristo y hacia sus siervos».

La Sra. Engracia ruega entonces a sus intercesores en EUA:

«Es por esto que les suplico que a diario, a cada hora, nos sostengan con sus plegarias y oren para que el Señor quebrante el poder de Satanás sobre esta ciudad dominada por el mal. Estoy segura de que Sodoma no podría haber sido mucho peor, y nos maravillamos ante el Poder de Dios que ha sido tan grande para rescatar a algunos de este fango mortal. Oren también por los creyentes nacionales: La persecución para ellos es terrible».

Y entre paréntesis, escribe: «(Y si alguien que lee esta carta no cree que el Diablo existe y es real, QUE VENGA A CARÚPANO Y PREDIQUE EL EVANGELIO)». ¡Fuertes palabras que revelan la intensidad de la persecución en aquellos lejanos días!

Carúpano, Venezuela, en 1921.

Honramos la memoria de aquellos aguerridos pioneros. Sembraron la Semilla del Evangelio en medio de la oposición más rotunda. Cien años después, miles de Carupaneros cantan el Cántico de la Redención porque Cristo es Rey de Reyes en sus corazones.