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Devocional «En ti confiaré» | Romanos

Romanos| por Alberto Solano

“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Ro. 8:18). 

A lgunos más, algunos menos, pero todos sufrirán en esta vida. Es inevitable. Por más amistades, preparativos o seguros que tengas, ya sea directa o indirectamente, padecerás en algún momento. 

Para unos, esto puede ser causa de miedo. Pero el cristiano reconoce que, aunque en este mundo habrá aflicciones ( Jn. 16:33), un día Jesús traerá justicia y libertad de toda tristeza. Hay una esperanza que debe animarte y alentarte en medio de las pruebas: Aunque en la vida sufrirás, algún día estarás con Cristo para siempre, libre de dolor y pesar, segando los beneficios de tus pruebas en este mundo. 

Puedes estar convencido de ello, y encontrar esperanza y fortaleza. 

La realidad del pecado

Precisamente de esto escribe Pablo en Romanos 8:18, proveyendo verdades en las que puedes pensar en medio de las pruebas momentáneas que experimentes, para así poder confiar en la fidelidad de Dios.

Primero, el tiempo presente es pasajero y está contaminado por el pecado. Dios creó al mundo perfecto y bueno para su gloria (Gn. 1:31), pero cuando entró el pecado por medio de Adán, la creación fue corrompida y expuesta a maldad (Ro. 8:20; Gn.3:18), dando lugar a las atrocidades que vemos a nuestro alrededor. 

La creación está esclavizada a la corrupción (Ro. 8:21) y gime, esperando que la presente condición pecaminosa a la cual fue sujetada —lo que Pablo llama “las aflicciones del tiempo presente” (8:18)— llegue a su fin. En este mundo hay tristezas y dolores, pues las cosas no están bien gracias al pecado que impera por el príncipe de este siglo (Ef. 2:2), de allí que experimentamos enfermedades, problemas, tentaciones, condenaciones y adioses. 

Además, la condición caída de la creación no solamente afecta lo que sucede a nuestro alrededor, como terremotos, pandemias e inundaciones, sino que, primordialmente, afecta el corazón humano, dando lugar a pleitos, problemas, presiones y un mundo de maldad. 

La certeza del cristiano

No obstante, en medio de todas estas aflicciones, tienes una seguridad inamovible: a pesar de que sufras en esta vida, algún día vivirás en un mundo restaurado, libre de pecado e injusticia, con cuerpos glorificados, libres de tentación y condenación, porque Dios así lo prometió. 

Un día “enjugará Dios toda lágrima de [tus] ojos. . . ; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor” (Ap. 21:4; cp. 7:16-17). Vivirás con Jesús, serás libre de aquello que, por el pecado, causa muerte, llanto, clamor y dolor. 

Tu cuerpo y tus facultades no tendrán más corrupción, no habrá más abusos ni pleitos, sino que tendrás un cuerpo glorioso, perfecto e ideal para vivir en gozo y paz para siempre (1 Co. 15:42-50). A esto se refiere Pablo con la frase “la gloria venidera que en ti ha de manifestarse”(Ro. 8:18). Las promesas de esperanza que Dios te ha dado son mucho mayores, “no son comparables” (8:18), con lo que padecerás en esta vida. 

Pues, cualquier tribulación en este mundo no solamente es momentánea, sino que es para tu bien (8:28), para que crezcas en madurez y seas más como Cristo (8:29), produciendo “en [ti] un… más excelente y eterno peso de gloria” (2 Co. 4:17). 

La gracia de Dios

Pero ¿por qué prometería Dios todas estas cosas siendo como eres? Todo hombre, habiendo nacido con una naturaleza caída y perdida (Ro. 5:12), odia a Dios, ama el pecado y no puede hacer lo bueno (3:10-18). Por ende, merece un castigo eterno bajo la eterna ira del Señor (1:18; 3:23; 6:23). 

Pero, a pesar de que merecías la muerte y condenación (6:23), Dios, por su gracia y amor, te redimió del pecado (5:8), te declaró justo delante del Padre (3:24-25) y te adoptó por gracia mediante la fe (8:15). Ahora no te llama enemigo, sino “hijo de Dios” (8:13, 16, 19, 21), y como hijo, eres heredero, es decir, tienes derechoa la glorificación futura, cuando se completarán todas las promesas por las cuales Jesús te dio salvación (8:17, 30).¡Eso es la gracia de Dios! 

La fidelidad de Dios 

Por eso, aunque en medio de los sufrimientos sea difícil pensar en otra cosa que “las aflicciones del tiempo presente” (8:18), puedes estar seguro de que Dios es fiel (Dt. 7:9) aun en tu debilidad (2 Ti. 2:13). Puedes, como dice Pablo, “[tener] por cierto” (Ro. 8:18) que esta esperanza es verdadera e inquebrantable,aunque el llanto continúe por un momento más. 

Aun frente al trago de tristeza más amargo, puedes estar convencido d e que “ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,ni potestades,ni lo presente,ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada [te] podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús [tu] Señor…” (Ro. 8:38-39). 

Así que, resumiendo lo que Romanos 8:18 enseña, cuando te encuentres en medio de sufrimiento y pruebas, recuerda que los pesares y problemas en este mundo son pasajeros y momentáneos, ninguno de ellos está por encima del control y autoridad de Dios. 

Recuerda que, si has creído en Jesús para salvación, tienes una esperanza prometedora que se manifestará cuando Jesucristo regrese, trayendo justicia perfecta a un mundo pecaminoso. Dicha esperanza es infinitamente mejor que tus aflicciones presentes. Y, finalmente, recuerda que, aunque estés en el valle de sombra de muerte más tenebroso, puedes tener por cierto que nada podrá separarte del amor de Dios que es en Jesucristo. 

Para reflexionar 

Así como puedes estar seguro de que habrá aflicción en tu vida, puedes estar seguro de la fidelidad de Dios en tu vida. Nada podrá separarte de él. Un día él hará todo nuevo y estarás con él.


Nota del Editor: Este escrito forma parte del Libro: «En ti Confiaré» Meditando en la Fidelidad de Dios en el Nuevo Testamento, publicado por Editorial Bautista Independiente | Usado con permiso | Puedes descargar gratis este y otros recursos aquí

En Ti Confiaré En Ti Confiaré te ayudará a pensar bíblicamente acerca de la fidelidad de Dios de tal manera que confíes más en él. Dios es fiel y su Palabra lo declara. El libro En Ti Confiaré, escrito por más de veinte teólogos y pastores hispanohablantes brinda veintisiete reflexiones basadas en cada libro del Nuevo Testamento. Estos devocionales te ayudarán a meditar profundamente sobre la fidelidad de Dios. Te animarán, cuando estés pasando por pruebas y dificultades, a acudir a él. Él es fiel y te sostendrá. | Josué Pineda Dale, editor general.

Alegría en medio de la prueba

Devocional Semanal (Coordinación Regional ASIGEO R6 Z2) 29082020
Título: ALEGRÍA EN MEDIO DE LA PRUEBA
Autor: Wilmando Hernández
Texto: Santiago 1:1-4

Santiago 1:1-4 Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están en la dispersión: Salud. Hermanos míos, gozaos profundamente cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

CONTEXTO HISTÓRICO

Santiago (Jacobo, el hermano del Señor Jesucristo, hijo de María y José), escribe a los judíos cristianos esparcidos por las naciones circundantes; otros comentaristas argumentan que escribe al nuevo Israel, la Iglesia Cristiana.

Lo cierto es que…

el primer punto que debe notarse es que fue escrita a una iglesia que estaba bajo presión. Los cristianos no estaban siendo llevados al martirio, pero estaban sufriendo persecución económica y opresión (cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia) y, bajo esta presión, se estaba destruyendo la iglesia.

Hay dos formas en las cuales los miembros de la iglesia pueden responder a la presión extrema. Pueden tirar juntos y ayudarse entre sí o pueden entrar en compromiso con el mundo y dividirse en facciones de disputas ociosas. Santiago quería que sus lectores hicieran lo primero, pero lo que en realidad estaba pasando era lo segundo, pues la gente estaba luchando por abrirse paso en el mundo. Estos problemas hacen que la carta tenga mucha relevancia para la iglesia actual.

CONTEXTO TEXTUAL

En los versículos 2 al 12 del capítulo 1, Santiago expone algunos consejos prácticos para soportar bien las pruebas; después de indicar a sus lectores qué, deben gozarse cuando pasen por las pruebas, ya que esto produce paciencia y posteriormente, madurez espiritual en el creyente (1:2-4), invita en los próximos cuatro versículos (1:5-8) a pedir con fe, sabiduría a Dios en caso de faltarle a alguno, indicando que Dios la dará en abundancia y sin ningún reproche, además hace énfasis en pedir con fe, sin dudar, y compara a la persona que duda como las olas del mar que van y vienen, personas de doble ánimo y que por ser así, no recibirán nada de parte de Dios por ser inconstantes en todos sus caminos. Luego habla del pobre y el rico ante la prueba (1:9-11), y la recompensa prometida a la prueba (1:12).

INTRODUCCIÓN

Cada cristiano debería tener una clara comprensión de la teología del sufrimiento. Esto es algo sobre lo cual se ha hablado poco, pero en la medida que entendamos que el sufrimiento también está dentro de los propósitos de Dios, entonces vamos a tener una mejor aceptación de la necesidad de pasar por las pruebas de nuestra fe. Como dijo Lutero: «a menos que vivas la experiencia del sufrimiento, no puedes saber lo que significa tener esperanza».

VERDAD CENTRAL

El creyente debe entender que las pruebas son necesarias para poder madurar espiritualmente. En nuestro caminar con Cristo las pruebas son parte importante de nuestra vida cristiana, el apóstol Pedro dijo sobre las pruebas: «Por lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que, sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, se prueba con fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo».
1 Pedro 1:6-7

REFLEXIÓN

Es posible que no entendamos inmediatamente el propósito de la prueba que nos ha sobrevenido, por tanto, en esta oportunidad es importante recordar que sea cuál sea la prueba:

DEBEMOS ESTAR ALEGRES (V2)

No se trata de estar alegre por la circunstancia por la cual estamos pasando, porque sería un poco hipócrita de nuestra parte fingir un estado emocional que no corresponde coN nuestra actual realidad, se trata de estar alegres porque sabemos que al final es Dios quien está detrás de la prueba.
Sabiendo esto, debemos antes que nada, guardar la calma, porque las pruebas tienen un propósito divino de parte de Dios, están dentro de sus planes que pasemos por ellas.
Debemos mantener una buena actitud durante todo el proceso de la prueba porque solo asi podemos recibir la bendición de parte de Dios.

LA PRUEBA NOS DA OPORTUNIDAD DE PRACTICAR NUESTRA FE (V3)

Cuando Santiago dice que la prueba de la fe produce paciencia, está queriendo decir que la misma prueba es una oportunidad para esperar en Dios, para ser perseverante, para resistir con paz, con alegría, con gozo lo que Dios está permitiendo que suceda en nuestra vida.

La meta final no es soportar la prueba con resignación y aires de derrota, sino con la plena convicción de que finalmente todo está bajo el control de Dios y su resultado será completamente glorioso.

SOPORTAR CON ÉXITO LA PRUEBA NOS AYUDARÁ A MADURAR ESPIRITUALMENTE (V5)

Es importante cuidarnos de no perder la bendición de glorificar a Dios aún en medio de la prueba, ya qué, por ser capaces de soportar la prueba con la debida actitud, no sólo vamos a tener la fuerza para soportar aún más y conquistar en batallas todavía más duras, sino que además, seremos de fortaleza y bendición para los que nos rodean.

Debemos ver el final de la prueba, no con la esperanza de obtener lo que nosotros anhelamos que suceda, sino con la esperanza de que Dios hará conforme a su santa y divina voluntad lo que Él sabe que es mejor para nosotros.

CONCLUSIÓN

  1. Es un privilegio dado al creyente el ser sometido a pruebas, sabiendo que tienen un propósito divino y un fin glorioso.
  2. Recuerda, el Señor nunca nos pondrá una prueba mayor de lo que podamos resistir y siempre nos dará la salida para poder soportarla. (Ver 1Cor 10:13).
  3. Lo más importante no es alcanzar la meta, sino la actitud durante toda la carrera, la pregunta no es, cuándo acabará, sino cómo terminará.
  4. Vale la pena sufrir por algo eterno que descansar por algo temporal.
  5. Como dice mi hermano y amigo, el Pastor. Renso Bello, «se vale llorar, pero no dejes de creer en Él».

ORACIÓN

Padre Santo, vengo a ti en el precioso nombre de tu amado hijo Jesucristo, mi Señor y Salvador, pidiendo tu ayuda para poder soportar la difícil situación que estoy atravesando en estos momentos, gracias por mostrarme que es necesario que mi fe sea probada, para que mi carácter sea perfeccionado en la paciencia, quiero glorificar tu nombre aún en medio de esta prueba, al resistirla con gozo, sabiendo que al final tú tienes el control. Sea lo que sea que resulte finalmente, te alabaré porque tú eres Dios Soberano, y Digno de recibir toda la gloria, la honra y el poder, por los siglos de los siglos, Amén.

Los enemigos de nuestro matrimonio

Los enemigos de nuestro matrimonio NO son nuestras suegras, familiares, vecinos o hermanos. Es necesario saber identificar cuáles son esos verdaderos enemigos que quieren destruir lentamente nuestra unión matrimonial. El plan de Dios es que cuidemos nuestra sagrada unión. Para nosotros los casados no es un secreto que la convivencia es un arte. Todo arte merece su técnica y trabajo diario. Todo matrimonio necesita de esfuerzo mutuo para que ambas partes puedan convivir sanamente. Nunca tendremos un matrimonio perfecto, pero sí podemos constituirnos en un equipo ganador que se esfuerza por llegar hasta la meta final. 

Nuestro deseo es ayudarte a evitar ese punto donde digas: «No aguanto más, este matrimonio, se terminó»; ese no es el plan de Dios para ti Mateo 19:6. Entendamos que Dios no nos dio a nuestra familia para que la perdiéramos. Él nos dio una hermosa familia para que cuidáramos de ella cada día. A veces la carreta que decidimos llevar juntos se nos hace pesada, y ese peso nos puede llevar a abandonarla en medio del camino, pero es por nuestro duro corazón. Esa carreta muchas veces se llena de piedras porque le damos lugar a los enemigos del matrimonio.

Pero Dios nos dice que podemos vencer cualquier obstáculo si tan sólo le damos a Él el primer lugar en nuestras vidas. Mateo 6:33

¿Cómo identificar y vencer esos enemigos?

Yo nuestro principal enemigo somos nosotros mismos. Somos nosotros quienes muchas veces impedimos la obra de Dios en nuestro matrimonio. A veces nos convertimos en los principales obstáculos para que nuestro matrimonio sea más llevadero y feliz. Palabras como «yo soy así y nadie me cambia», «así me criaron y así me muero», «si no te gusta cómo soy igual te la tienes que aguantar», «no voy a dejar de ser así y punto», «no me importa lo que dice Dios», «si quieres déjame, pues me da igual».

Cuando nuestro matrimonio está lleno de cosas carnales como estas, es difícil que podamos avanzar hacia la meta. Lo mejor sería arrodillarse ante Dios, reconocer que estamos siendo de tropiezo para nuestra familia, y clamar a Dios por auxilio y una transformación inmediata, Salmos 25:1 «A ti oh Jehová levantaré mi alma». Ningún matrimonio podrá ser feliz si alguna de las dos partes, o ambas, actúan de esta manera.

El orgullo este enemigo se levanta a diario para destruir nuestro matrimonio. Su propósito es impedir que perdonemos a nuestro cónyuge de alguna falta que hayan cometido. Permitir que el orgullo se arraigue en nuestro matrimonio es un grave peligro porque poco a poco levantamos muros de contención que impiden perdonar y pedir perdón. Tengamos cuidado.

Recordemos siempre que Dios nos perdonó todos nuestros pecados y los lanzó a lo profundo del mar (Miqueas 7:19) Pues ¿quiénes somos para no perdonar? Si no perdonamos, Dios tampoco nos perdonará nuestras fallas contra Él. El que es misericordioso, será tratado con misericordia. Sin perdón, ninguna relación humana puede subsistir pues somos imperfectos.

La negación el no reconocer en qué estamos fallando, es grave. Hay áreas en nuestro matrimonio, en la convivencia, que notamos alguna falla constante, y es necesario que las reconozcamos y no nos neguemos diciendo: «Yo no estoy fallando en eso, estás equivocado (a)». La negación nos lleva a seguir cometiendo los mismos errores y se va haciendo mucho daño a nuestra pareja. Lo mejor es reconocer en qué áreas estamos fallando y atacarlas de una vez. Pero seamos honestos (a) con nuestro cónyuge y afrontemos con madurez y responsabilidad nuestras áreas débiles.

Recordemos que Dios ama la verdad y quienes lo amamos a Él, practicamos siempre la verdad, pues así lo declara el Salmo 15:1-2. Hablemos verdad y de verdad con nuestro cónyuge para que podamos ser libres y nuestro matrimonio avance. Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón».

El postergar muchas veces queremos dejar todo para después. Después corrijo ese pecado, después hablo de ese tema con mi esposo (a), después vemos qué pasa, después vemos cómo arreglamos nuestras diferencias, después corregimos a nuestros hijos, después hablamos cara a cara sobre este error, después solucionamos ese problema, después paso tiempo de calidad con mi familia, después que termine de hacer mis cosas atiendo a mi familia, después que trabaje comparto con mis hijos y esposo (a), después, después y después.

El problema es que después se ven en el juzgado firmando su divorcio. Terrible este enemigo. No hay nada más saludable que sincerarse a diario con nuestro esposo (a) y no dejar poner el sol sobre nuestro enojo (Efesios 4:26 y 4:31). No dejes las cosas para cuando amanezca porque quizás puede ser demasiado tarde. Hablen las cosas con claridad y confianza. Dios nos bendice en nuestra comunicación cuando hablamos a tiempo, y nos ayuda a enfrentar nuestras diferencias cuando tenemos disposición humilde de resolver y no de empeorar.

Falta de comunicación este enemigo desata grandes problemas. Comunicar es la forma que Dios nos dio para dar a conocer lo que pensamos. Cuando la comunicación en nuestro matrimonio se traba, nos vamos tragando las palabras, acumulando en nuestra mente y corazón amargura, rencor, resentimiento, ira, y muchos sentimientos negativos que nos van enfermando. Es importante que, como esposos, desarrollemos una sana comunicación, escuchándonos y poniéndonos en el lugar del otro cuando quiere comunicar algo. Debemos sentir confianza de hablar con libertad y expresar lo que sentimos.

No tengamos miedo de expresar a nuestro cónyuge lo que sentimos o pensamos (Proverbios 27:5). Y si esto pasa, es necesario que aún eso se lo podamos decir y empecemos a trabajar en ello. Si Dios nos permite comunicarnos libremente y en confianza con Él, ¿Por qué no hacerlo con nuestros esposos (a)? Es la persona con quien compartiremos toda nuestra vida. La comunicación es libertad y trae grandes beneficios en un matrimonio. Cuando la practicamos a diario y lo hacemos con respeto, nuestro matrimonio se fortalece.

La irritabilidad hoy día es fácil andar irritados y amargados. Las muchas ocupaciones nos ahogan y llevan a que siempre estemos con una mala expresión facial o respuesta áspera a nuestro cónyuge e hijos. Cuando nos irritamos por todo y por nada, eso crea barreras en nuestro matrimonio. Esto puede hacer que siempre estemos de mal humor y la falta de respeto se puede adueñar de nuestra relación. Recordemos que debemos descansar en Dios y entregar nuestras cargas ante su presencia para que esa irritabilidad no la manifestemos en nuestro matrimonio. Debemos esforzarnos por echar toda nuestra ansiedad a los pies de la Cruz porque Él tiene cuidado de nosotras (o) (1 Pedro 5:7).

Todos estos enemigos pueden ser vencidos con la ayuda de Dios. La verdad es que sólo con su ayuda. En este mundo tenemos muchas aflicciones, pero confiemos porque Cristo ya venció a este mundo. Recordemos que nuestro duro corazón, el alejarnos de Dios diariamente y de su palabra, empeoran la convivencia. Vamos a esforzarnos por dejar en alto al diseñador de nuestra familia, Jesucristo. ¡Sí hay esperanza para nuestro m a t r i m o n i o!


Si tu esperanza aún no reposa en Jesús, quiero invitarte a hacer esta oración con fe y con todo tu corazón: Mi Dios y creador, perdona mis pecados, reconozco que no hay otro camino para acercarme a ti más que Jesucristo. Reconozco hoy que te necesito y que mi alma tiene sed de ti. Socórreme en este tiempo difícil y ayúdame a permanecer confiando en ti sin desmayar ni retroceder. Límpiame de toda mi maldad y ayúdame a poner mi esperanza en ti y en tu palabra viva. Te amo y quiero amarte hasta el fin.


Este artículo ha sido originalmente publicado en el Blog de la autora Vestigios en el Corazón

De pie frente al sufrimiento

 

De pie frente al sufrimiento

Por Roxana Rojas

(Roxana es licenciada en Contaduría y miembro fiel de nuestra congregación, por muchos años. El texto lo he editado, pero la esencia de su testimonio permanece y lo comparto con su autorización. Ps. Renso Bello, Centro Cristiano Roca de la Eternidad, Barcelona).


Sirva esta reflexión para alentar a algunos creyentes, especialmente jóvenes, que en estos difíciles tiempos, pueden estar luchando con la restauración de un enfermo o la posibilidad de tener que despedirse de ese ser amado.

UNA NOTICIA INESPERADA

Ante la pregunta, ¿cómo puedo permanecer en pie ante el sufrimiento? Creo que la mejor respuesta puedo darla con el ejemplo que me dejó mi padre, Apolinar Rojas, quien fue líder de nuestra congregación, y que cambió mi perspectiva del dolor y de la muerte.

Quizá, pocos actualmente en la iglesia lo conocieron en vida y en el estado terminal de su enfermedad: la muerte. Yo diría que, en vez de muerte, fue solo un «hasta luego a mi padre».

En mayo de 2015 lo llevamos al oncólogo, pues sus estudios arrojaron cáncer. Este tipo de enfermedad solo puede ser tratado por especialistas. El doctor al ver dichos estudios y otros análisis realizados, concluyó: «es metástasis». En otras palabras: no es un cáncer tratable, pues la enfermedad ya había minado su cuerpo. En su diagnóstico enfatizó: «tal vez le queden tres meses de vida».

¡Wow! Imagina el impacto de la noticia para mi padre, su esposa e hijos, y el resto de sus seres queridos.

LA LUCHA POR PERMANECER EN LA FE Y LA ESPERANZA

La ciencia médica lo había desechado. Sin embargo, nuestra fe nos mantenía a todos de pie. Pero, al ver cómo los días pasaban y no habían avances, muchos empezamos a perder las esperanzas. Aceptar el hecho de que «su vida se iría irremediablemente».

En esa triste situación, Dios me indicó: «pregúntale». Así que le dije: «Papá, ¿cómo te sientes?». Me respondió: «me duele aquí y también aquí». Mas yo le interrumpí diciéndole, «sé que para tú cuerpo, físicamente según veo, no hay solución. Lo que deseo saber es ¿cómo estás tú?». Él me observó, con una mirada distinta, y me dio esta respuesta: «Yo estoy en paz y Gozo». Esto, literalmente, abrió mis ojos. Mi corazón paró de sufrir y regresó en mí la esperanza.

Comprendí que la paz y el gozo que tenía mi padre, le fueron concedidas por el mismo Dios. El Señor también consoló desde ese momento mi alma. Transformó mis expectativas acerca del dolor, la vida y la muerte.

Pienso que mi padre llegó a comprender lo que Pablo dijo a los Filipenses, «regocijaos en el Señor siempre» (4:4), y supo vivir bajo este regocijo, a pesar de que su cuerpo estaba en gran sufrimiento.

Pocos días después, se despidió de nosotros con un ›Hasta Luego», partiendo así a la presencia del Señor el 14 de agosto del 2015.

PALABRAS PARA TI

Aprendí lo necesario que es permanecer en el Señor, porque separados de Él nada puedes hacer (Juan 15:5). En una parte cité que, «su vida se iría irremediablemente». No obstante, luego de esa conversación con mi padre y a través de estos cinco años, convencida estoy de lo siguiente: al marcharse de este mundo, en él se consumó el gozo de la vida eterna.

Cuándo mi padre partió, no le pregunté a Dios el por qué de esto. El Señor ya se había encargado de consolar mi corazón. Entendí que la muerte, como separación de este mundo, es total ganancia para el que cree en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén.  

Enseñando cordialidad a nuestros hijos

Serie: Ejerciendo influencia en nuestros hijos Parte III

«Hija, ser amable y educada siempre te abrirá puertas» es una frase que constantemente le recordamos a nuestras pequeñas. Y es que el trato amable hacia los amigos, vecinos, y hasta dentro de la familia, es algo que debe ser enseñado en esta generación que va creciendo.

¿Cuántas veces nos hemos topado con niños que dicen «buenos días» «por favor» «gracias» o simplemente un «hola» al pasar frente a otra persona? Probablemente han sido pocas.

¿Saludar es necesario?

Si constantemente les enseñamos los buenos modales, también aplica para nosotros como padres. Puede que en algunas ocasiones nos encontremos con personas que no respondan a nuestros saludos; aún así debemos continuar dando el ejemplo a nuestros hijos.

Relaciones exteriores…

Estas no son más que las relaciones que mantenemos con las personas fuera del hogar, ya sean familiares, amigos, compañeros y vecinos.

Aunque no lo creamos, somos una fuente de ejemplo vivo para nuestros pequeños en estas relaciones. ¿Eres educado al pasar o pasas más rápido que rayo veloz? ¿pides los favores con un amable «por favor» y das un sonriente «gracias» cuando recibes algo de estas personas? Recuerda, tu hijo te ve y actuará con su primo, amiguito y compañerito, así como tú le modeles.

Sin duda alguna, un creyente con una buena base de relaciones interpersonales que desarrolle la empatía y la sensibilidad por las necesidades de los de fuera, será un siervo de Dios más dispuesto al servicio de otros; una característica esencial para mostrar el amor de Dios a los perdidos.

¡Modela empatía y tendrás un hijo misericordioso!

«El hijo sabio alegra al padre, pero el hijo necio es tristeza de su madre» Proverbios 10:1.

A medida que el ser humano va cobrando conciencia de sus acciones, se vuelve más insensible en las relaciones a causa del pecado. Es tan cierto, que si no tienen una buena base para relacionarse con otros, nuestros pequeños corren el riesgo de volverse aislados y antipáticos, o desarrollar relaciones superficiales.

Cuando un padre invierte tiempo en demostrar empatía a otras personas, sin duda está sembrando en el corazón de su hijo sensibilidad a las necesidades de otros, amor hacia las personas, humildad y amabilidad, es decir, está formando en él o ella un corazón tierno y compasivo.

Establece como metas las siguientes recomendaciones, y si eres una persona que ya lo haces te animo a continuar modelando, pues tu hijo tendrá un buen maestro.

  • Saluda a las personas al salir o llegar a casa.
  • Utiliza sin pena y con alegría las palabras mágicas «Por favor» y «Gracias»
  • Pide la bendición a tus padres y dale la bendición a tus sobrinos.
  • Utiliza un tono de voz suave al dirigirte a las personas.
  • No hables mal de tu familia, amigos, compañeros o vecinos y menos frente a tus hijos.
  • Establece relaciones cordiales con tus vecinos.
  • Muéstrate compasivo ante las necesidades de estas personas.

El ejemplo es difícil de presentar, pero tú eres el mejor maestro.