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Una iglesia establecida

Al final de su primer viaje misionero, el apóstol Pablo invitó a Bernabé a recorrer de nuevo las regiones donde habían fundado iglesias. Su principal preocupación era saber «cómo estaban los creyentes» (Hec.15:36).  Esta actitud del apóstol hacia las iglesias recién fundadas estuvo presente durante toda su vida como misionero (Hec.18:23; 2Cor.11:28; 1Tes.2:17-3:5). 

¿Cómo esperaba Pablo que estuvieran las iglesias fundadas por él?, ¿cuáles eran los rasgos que debían mostrar los creyentes para evidenciar que permanecían en el evangelio?, ¿cómo podía saberse si una iglesia era todavía la iglesia de Cristo?

Sin duda que Pablo tenía una clara idea de cómo debía ser una iglesia según la voluntad de Dios. El instruyó a Timoteo acerca de cómo debía conducirse en la familia de Dios (1Tim.3.15). Todas sus cartas de alguna u otra manera ofrecen instrucciones acerca de lo que Dios espera que sepa y sea su iglesia (tanto lo que debe conocer como lo que debe hacer). 

No sólo Pablo mostró esta preocupación, también lo hicieron los otros escritores del Nuevo Testamento.[1]  Se podría decir que todo el Nuevo Testamento fue el resultado de la preocupación que sus escritores tuvieron de que la iglesia llegara a ser la comunidad madura y victoriosa que Dios deseaba.  Cada libro refleja esta misma preocupación.  Aunque fueron escritos para diferentes destinatarios y en contextos diferentes, tienen en común el deseo de que la iglesia de Dios mostrara el perfil bíblico.

Entonces, es posible para nosotros recuperar el perfil de una iglesia madura o establecida si estudiamos con atención el Nuevo Testamento buscando estos rasgos.  El resultado de un estudio así sería una serie de valores o principios que deben ser seguidos por cualquier iglesia que quiera marchar hacia la madurez.      

Identificar estos rasgos permitirá a la iglesia tener una definición clara de hacia dónde debe ir. Provee sentido, dirección, seguridad y ánimo.  En un tiempo donde la confusión y el conformismo amenazan con ahogar el potencial de las iglesias locales, se hace más necesario este tipo de definición.

Los rasgos de una iglesia establecida

Cuando el apóstol regresó de nuevo a las iglesias fundadas por el equipo misionero durante su primer viaje, Lucas relata que iban «confirmando las iglesias» (Hec.15:41).  El término confirmar (gr. epiesteridso) que emplea Lucas en este texto tiene la idea de hacer a alguien firme, sólido, fuerte, establecido.  La raíz de esta palabra (y sus derivados) se usa varias veces en el Nuevo Testamento con ese mismo sentido (Hec.14:22; 15:32; 15:41; 18:23; Rom.1:11; 16:25; 1Tes.3:2; 2tes.2.17; 2Ped.1:12). Por eso, cuando usamos la frase «iglesia establecida» estamos hablando de una iglesia sólida, fuerte, firme, madura.  En otras palabras, una iglesia que ha desarrollado un nivel de crecimiento estable y evidencia los rasgos de madurez que Dios espera de su iglesia en cualquier tiempo y lugar de la tierra.

Para Pablo no era suficiente fundar las iglesias, era necesario establecerlas.  De allí su empeño en instruir, orientar, exhortar y corregir cualquier problema que se presentara en las congregaciones a fin de ayudarlas en el proceso de ser iglesias consolidadas.  Hasta el último momento de su ministerio se dedicó a esta labor. 

Es posible describir algunas características que, de acuerdo al estudio de los libros del Nuevo Testamento, uno esperaría ver en las iglesias como evidencia de madurez.  Permítanos compartir algunas de ellas como un acercamiento inicial. 

1. Vida Piadosa

Uno de los aspectos que se destaca en los escritos del Nuevo Testamento es su énfasis en la vida diferente que deben llevar aquellos que han sido llamados a formar parte del pueblo de Dios (Mat.5:43-48; Rom.6:11-14; 12:1-2; 1Cor.6:9-11; Gal.5:1).  Se establece un «antes» y un «después» en la vida del cristiano.  Términos como santidad, piedad, temor y reverencia se usan con frecuencia para describir la nueva actitud que el creyente debe asumir como hijo de Dios. ¿Qué se apreciará en una iglesia cuyos miembros cultiven una vida piadosa?   

  • Los creyentes rechazan el pecado en cualquiera de sus formas y se comprometen a una vida de santidad creciente (Rom.6:12-13).
  • El pecado es confrontado oportunamente en la comunidad cristiana y el creyente es exhortado a dejar las antiguas practicas pecaminosas (Hec.5:1-11; 1Cor.5:1-13; Gal.6:1-2, 1Ped.4:1-4).
  • La nueva conducta del creyente se construye sobre los principios éticos y morales de las Escrituras, las cuales son consideradas normativas (Mat.28:20; Fil.2.14-16; 2Ped.1:19).  

2. Dependencia del Espíritu Santo

    La iglesia es dinamizada por el Espíritu Santo. Cristo prometió la presencia y acción del Espíritu Santo en sus discípulos como la fuente del poder que operaría en sus vidas (Hec.1:8).  Por eso, todas las funciones que la iglesia realiza las hace gracias a la provisión del Espíritu (1Cor.12:7-11). La iglesia depende del Espíritu como una linterna depende de las baterías para poder iluminar.  Es necesario el contacto permanente y fluido de los creyentes con el Espíritu Santo para que se hagan realidad las promesas de Dios para  Su pueblo.  ¿Qué apreciaremos en una iglesia que depende del Espíritu Santo?

    • La practica de la oración permanente como recurso para buscar la voluntad de Dios (Mat.26:41; Hec.13:1-3; 14:23; Rom.12:12; 4:2; Fil.4:6; 1Tes.5:17; 1Ped.4:7).
    • El desarrollo de ministerios basados en los dones espirituales (1Cor.12:4-11; 1Ped.4:10).
    • Las manifestaciones del Espíritu Santo durante el culto son reconocidas con claridad, contribuyen a la edificación de toda la iglesia y se producen en el marco del orden y la decencia (1Cor.14:26-40; 1Tes.5:19-22).  

    3. Comunión Fraternal

      La iglesia es esencialmente una comunidad.  A diferencia de una empresa, en la iglesia el activo más importante es la relación con otros.  Esta  relación debe ser preservada por encima de las diferencias de opinión (Rom.14-15:4). Debemos agotar todos los recursos para vivir y permanecer unidos como hermanos (Jn.17:20-21). Actitudes como el perdón, la tolerancia, la paciencia y el amor deben caracterizar nuestras relaciones y preservar la vida en la comunidad cristiana (Col.3:12-14). ¿Qué mostrará una iglesia que vive en comunión fraternal?

      • Los creyentes están pendientes de satisfacer las carencias de los miembros más necesitados (Hec.2:44-45; Gal.2:10; 1Tim.5:16). 
      • Los creyentes se conocen entre si, no solo de cara, también se conocen a un nivel mas profundo: intereses, necesidades, luchas (1Cor.12:25-27).
      • Si alguno cae en una falta, es restaurado por los demás con amor, paciencia y mansedumbre (Gal.6:1-2).
      • Los miembros utilizan sus dones, habilidades y recursos para el crecimiento de la comunidad cristiana (1Cor.14: 12; Ef.4:11-16).
      • Las personas recién convertidas reciben atención inmediata y son incorporados lo más pronto posible a la comunidad cristiana (Hec.2:42; 11: 23-26).  

      4. Crecimiento permanente de todos los creyentes

        La iglesia es comparada con un edificio viviente en constante crecimiento (Ef.2: 21).  Por otro lado, y siguiendo la misma figura, los creyentes son comparados con piedras vivas que están formando el edificio del pueblo de Dios (1Ped.2:1-5).  Esta figura, lejos de mostrar una comunidad estática y pasiva, indica un cuerpo de personas que está experimentando un movimiento constante hacia la madurez espiritual.   Cada creyente (desde el primero que se convirtió hasta el que lo hizo mas recientemente) está llamado a crecer de manera continua y constante (Col.1.9-10).  ¿Qué mostrará una iglesia que está creciendo en forma permanente?

        • Los creyentes son instruidos consistentemente como discípulos, manteniendo el equilibrio entre las áreas del conocimiento bíblico, el desarrollo del carácter y las habilidades ministeriales (Mat.28:19-20; Hec.11:23-26; 2Tim.2:2; Tit.2:1-15).
        • Los creyentes son orientados a descubrir y desarrollar adecuadamente sus dones espirituales para la edificación de toda la comunidad cristiana (1Cor.12; 1Ped.4:10).
        • Los líderes se dedican a la formación de otros líderes emergentes para asegurar el relevo ministerial (2Tim.2:1-2).
        • Permanentemente la Escritura es expuesta en forma clara y fiel a la congregación con el resultado que los creyentes son retados a conducir sus vidas de acuerdo a los principios bíblicos (1Tim.4:13; 2Tim.3:16; 4:1-5).

        5. Visión reproductora

        La iglesia, como un organismo vivo que es, se reproduce en forma permanente. De esta manera garantiza su permanencia en la tierra.  Hoy tenemos iglesias porque otras en el pasado se reprodujeron en nosotros.   No cabe dudas que la Gran Comisión apunta a este concepto de reproducción constante (Mat.28:19-20). Esta reproducción tiene dos dimensiones: la individual (los creyentes ganan a otras personas para Cristo) y colectiva (la iglesia funda nuevas iglesias). El reino de Dios crece gracias a esta visión reproductora que la iglesia desarrolla. ¿Qué evidenciará una iglesia que tiene una visión reproductora? 

        • Los miembros desarrollan el evangelismo relacional como un hábito permanente (Hec.10: 24,27; 16:15, 34).
        • La iglesia tiene un impacto positivo y evidente en la comunidad que sirve de plataforma para un evangelismo eficaz (Hec.4:4; 5:11, 13; 1Tes.1:7-10).
        • La iglesia se reproduce en nuevas iglesias prioritariamente en lugares donde hace falta el testimonio de una comunidad cristiana (Hec.13:1-3; 19: 10; Rom.15: 20; 1Tes.1:1-8
        • La iglesia participa en el envío de misioneros a lugares no alcanzados del mundo (Hec.13: 1-3; 2Cor.10: 15-16).

        6. Adoración en espíritu y verdad

        El pueblo de Dios puede acercarse con plena certidumbre de fe al lugar santísimo, según el escritor de Hebreos (Heb.10:19-25). La liturgia restringida del Antiguo Testamento ha dado lugar a un culto pleno de confianza y libertad. La iglesia ha sido habilitada para adorar a Dios de una manera auténtica y profunda.  A esto se refirió Jesús cuando dijo a la mujer samaritana que Dios buscaba adorares que le adoraran en espíritu y verdad.  ¿Qué veremos en una iglesia que cultiva la adoración en espíritu y verdad?  

        • La adoración se entiende, no sólo como un culto público, sino  como un estilo de vida en trasformación constante (Rom.12:1-2).
        • Los creyentes se reúnen periódicamente para celebrar culto al Señor (1Cor.14:26)
        • Las expresiones de adoración pública y privada están en total armonía con la Escritura y parten de una clara comprensión de ella (Jn.4:23-24).
        • Cada creyente y familia cultiva una vida devocional permanente (Mr.1:35). 
        • Las formas de adoración son vehículos eficaces de expresión espiritual, culturalmente relevantes y bíblicamente consistentes (Ef.5:18-20; Col.3:16; 1Cor.14.26).

        7. Liderazgo bíblico

        El cuerpo de Cristo necesita dirigentes que la conduzcan hacia la obediencia a la voluntad de Dios.  Desde un principio, Pablo se preocupó por establecer ancianos en cada congregación fundada (Hec.14:23; 20:17; 1Tim.3:1-7; Tit.1:5-9).  Estos hombres eran responsables por la enseñanza, cuidado y supervisión de toda la comunidad cristiana, por lo que debían reunir los requisitos exigidos por el Señor.  Otras funciones ministeriales fueron añadiéndose según lo determinaba la necesidad de la comunidad (Hec.6:1-7). ¿Qué mostrará una iglesia que tiene un liderazgo bíblico?

        • Los Pastores/ancianos/obispos son hombres fieles que reúnen las condiciones establecidas en 1Tim.3:1-7; 5:17; Tito 1:5-9; 1Ped.5:1-4.
        • El liderazgo pastoral trabaja como un auténtico  equipo evidenciando armonía, consenso, co-dependencia y co-responsabilidad (Hec.20:28; 1Ped.5:1-4; Fil.2:1-4).   
        • Los ancianos o pastores ganan el respeto, consideración y sujeción de la congregación (1Tes.5:12-13; Heb.13:17).
        • Hay hombres y mujeres que evidencian un auténtico compromiso con el ministerio en todos los niveles de liderazgo donde Dios los ha establecido (Hec.20: 28; Rom.12:6-8; 1Tim.4:14; 1Ped.4:10).
        • El liderazgo evidencia una profunda vida espiritual y un constante perfeccionamiento de su carácter como base de su ministerio. Lo que son llega a ser la plataforma de lo que hacen (1Cor.9:24-27; 1Tim.4:12; 2Tim.2:15; Tito 2:6-8).
        • Los creyentes son colocados en el ministerio sobre la base de sus dones espirituales, su carácter y su fidelidad (1Tim.4:14; 2Tim.2:2; 1Ped.4:10).

        8. Sana interdependencia

        Las iglesias en el Nuevo Testamento se apoyaban unas a otras en un apropiado modelo de interdependencia. La iglesia de Jerusalén mandó a un hombre clave hasta la recién fundada comunidad cristiana en Antioquia para fortalecer el trabajo allí (Hec.11:22).  Posteriormente, los hermanos de Antioquia enviaron recursos materiales para ayudar a los hermanos que vivían en Judea (11:27-30). Este modelo de apoyo mutuo fue evidente en las iglesias del primer siglo.  Ellas se animaban mutuamente a través del ejemplo, enviaban hombres claves a apoyar el trabajo en otros lugares, recogían ofrendas para ayudar a otros creyentes. En este apoyo nunca se perdía la centralidad e identidad de cada iglesia local.  ¿Qué mostrará una iglesia que tiene sana interdependencia con las demás?

        • La iglesia es un modelo para otras iglesias (1Tes.1:7)
        • Provee recursos para ayudar a otras iglesias y ministerios, aun más allá de sus fronteras (Hec.11:22; 27-30; Rom.15:26; 1Cor.16:1; Fil.2:25; 4:14-16).
        • Reconoce su interdependencia con otras iglesias y participa con ellas para hacer avanzar el reino de Dios en el mundo (2Cor.8:1-4; 9:1-5; Fil.2: 25; 4:14-16).

        9. Sostenimiento apropiado

        La iglesia asume el compromiso de sostener de una manera apropiada el avance del reino.  Por ello se muestra una clara conciencia del valor y compromiso de la ofrenda para el desarrollo permanente de la obra lo cual incluye el sostenimiento adecuado de los ministros que lo requieran, el socorro a los creyentes necesitados, el apoyo a otras iglesias y la ejecución de proyectos ministeriales, entre otros. (Hec.2: 42; 4: 34; 11: 27-30; Ef.4: 28; 1Tim.5:9; 1Cor.9: 13-14; 1Tim.5: 17-18). ¿Qué evidencia una iglesia que asume el sostenimiento apropiado de sus ministerios?

        • La ofrenda se asume como un compromiso personal con Dios para el sostenimiento de la obra y se celebra bajo los principios de regularidad, espontaneidad (es voluntaria), orden y proporcionalidad (cada uno da de acuerdo a cómo el Señor le ha prosperado). El diezmo no aparece como normativo para la iglesia en el Nuevo Testamento sino la ofrenda voluntaria (1Cor.16:1-2; 2Cor.9:7)
        • La responsabilidad del manejo administrativo en la iglesia debe ser entregado a hombres espirituales que evidencien los dones y carácter necesarios para tal responsabilidad (Hec.6:1-7).
        • La iglesia debe sostener a los ministros y ministerios que así lo requieran (1Tim.5:17-18; Tit.3:14).
        • La iglesia debe enfocarse prioritariamente en ayudar a aquellos creyentes que en verdad tienen necesidades evidentes y no pueden por ningún otro medio recibir ayuda económica (1Ti.5:3, 5-10). Al mismo tiempo debe animar a los creyentes a sostener a los de su casa para no ser carga a la iglesia (1Tim.5:8).
        • La iglesia debe exhortar a todos a trabajar honradamente para ganarse la vida, sostener a sus propias familias y tener para ayudar a otros (2Tes.3:6-15). 

        10. Familias sanas

        La iglesia es una familia de familias, es decir, es una comunidad compuesta por familias individuales. Frecuentes son las instrucciones en el Nuevo Testamento dirigidas a los miembros de la familia para que vivan de acuerdo a la voluntad de Dios (Mat.5.27-28; Mat.19:1-9; Ef.5:21-6:4; 1Ped.3:1-7). Cada familia está comprometida a obedecer las directrices bíblicas acerca del papel de cada miembro como familias individuales y como parte de la iglesia como «familia de familias». ¿Qué podríamos apreciar en una iglesia que tiene familias sanas?

        • Los hombres de la congregación son entrenados para ser los líderes espirituales de su familia (Ef.5:22-33; Col.3:18-19).
        • Las mujeres mayores aconsejan a las más jóvenes en su rol como esposas y madres (Tit.2:4-5).
        • Cada miembro de la familia natural se preocupa por obedecer las directrices bíblicas: Esposos (Ef.5:22-33; Col.3:18-19; 1Ped.3:7); padres (Ef.6:4; Col.3:21); hijos (Ef.6:1-3; Col.3:20).

        Las ventajas de que una iglesia pueda identificar con claridad los rasgos de madurez presentados en el Nuevo Testamento son evidentes:

        1. Permite una guía o agenda para establecer metas y proyectos a corto, mediano y largo plazo.
        2. Provee un marco para la organización de la iglesia bajo estructuras realmente funcionales y totalmente armonizadas con la visión de una iglesia establecida.
        3. Permite enfocarse en tareas prioritarias para alcanzar la madurez eclesial.
        4. Posibilita la evaluación bajo criterios de salud bíblicos y medibles
        5. Desafía permanentemente a la iglesia a la superación
        6. Protege a la iglesia de desviaciones doctrinales y prácticas

        Tal y como lo señalamos al comienzo, cada iglesia debe hacer su mejor esfuerzo en identificar los rasgos que el Nuevo Testamento señala de lo que Dios espera de ella. Una vez que estos rasgos han sido identificados, entonces será necesario dedicarnos con empeño en evidenciarlos en nuestra comunidad cristiana.

        Este artículo es un intento por mostrar algunos de esos rasgos.  Es una tarea que usted, amado pastor, misionero o líder debe continuar haciendo junto a su equipo de trabajo. No hay gozo comparado al de aquel que sabe lo que Dios espera que haga y dedica todo su esfuerzo, tiempo y recursos a hacerlo.


        [1] Aun los evangelios y el libro de Hechos, que son relatos históricos, fueron escritos para instruir acerca de lo que la iglesia debía creer acerca de Jesús y los apóstoles, y de los ejemplos que debía imitar (vea el prologo de Lucas en Lc.1.1-4 y el epílogo de Juan en Jn.20:31). También el libro de Apocalipsis tiene un mensaje para las iglesias proveyendo ánimo, exhortación y esperanza.

        El AMA fue una actividad totalmente inútil

        El AMA (Acción Misionera de Asigeo)

        Pensando en la Acción Misionera de ASIGEO y sus eventos del pasado, podemos decir que fue una actividad totalmente inútil … si solo se piensa en ella como una simple actividad evangelística. Al contrario, el AMA fue un movimiento de renovación eclesial y misional en las iglesias de ASIGEO solo comparable a los movimientos de Evangelismo a Fondo de los años 60 y 70. 

        Este movimiento de evangelización concentrada e intencional afectó no solamente a las iglesias de ASIGEO sino a las de otras denominaciones tanto dentro como fuera de Venezuela y sus efectos pueden constatarse hasta el día de hoy. Las iglesias que participaron en este mover de Dios fueron literalmente estremecidas por el impulso recibido de un ejército de creyentes de todas las edades que invadían ciudades y pueblos para comunicar el único mensaje que puede realmente transformar el corazón del ser humano: las buenas nuevas del evangelio.  

        Resultados del AMA

        Parte de estas iglesias nacieron como resultado del AMA, otras fueron resucitadas y establecidas, pero todas fueron afirmadas en uno de los valores más importantes de la eclesiología como es la visión reproductora.

        Algunos de los soldados de este ejercito ya no están con nosotros. Se nos adelantaron en su encuentro con nuestro Capitán. Otros se han desanimado y han colgado sus armas espirituales en la pared, mirándolas con nostalgia de vez en cuando como un hermoso recuerdo de épocas pasadas.

        A ellos es bueno recordarles que el Dios de las nuevas oportunidades está listo para escuchar de ti esa honesta y humilde oración: «Ten piedad de mi Oh Dios y ayúdame a renovar mi comunión contigo». ¿Acaso no ardía tu corazón cuando Dios te usaba para que muchas personas conocieran de Cristo? , ¿no se estremecía tu alma de alegría cuando en los cultos de cierre tantas personas y familias enteras venían rendidas a los pies del Salvador? Mientras tengamos vida, la mano amorosa de Dios sigue extendida hacia nosotros invitándonos a ponernos a cuentas con él. 

        Nuevas estrategias para el mismo ejército 

        La gran mayoría de este ejercito aún está activo, acuartelados por el momento, esperando el llamado para seguir avanzando en el cumplimiento de la misión. Seguro que el Señor de la mies nos dará la sabiduría y visión para seguir haciendo presencia en estos tiempos de pandemia y distanciamiento físico, para crear nuevas estrategias de modo que el mensaje del evangelio siga llegando a toda persona posible con la misma contundencia de siempre. 

        Finalmente, si algo representa el AMA es la demostración más palpable de lo que Dios puede hacer cuando un hombre tiene visión y pasión por los perdidos. Ese hombre fue Hageo Herrera. El miraba los campos listos para la ciega, nosotros solo veíamos personas rebeldes, alejadas de Dios y hasta peligrosas.

        Visión y pasión por los perdidos

        En una ocasión, llegamos a un pequeño pueblo y me dijo: «Te voy a presentar al pastor de la iglesia». Yo estaba confundido porque minutos antes me había dicho que en ese pueblo no había iglesias. Me mostro un señor mayor recostado de un poste, visiblemente borracho.  Yo le pregunté: ¿Cómo es que ese señor es el pastor de la iglesia si esta borracho? Él me dijo, «ahora lo ves borracho pero Dios puede hacer de ese hombre un pastor si nosotros le damos la oportunidad de conocerle a través de la predicación del evangelio».

        Un hombre fue usado por Dios para contagiarnos con su visión y pasión por los perdidos y esa marca seguirá con nosotros a cualquier lugar donde vayamos. El AMA nos ha marcado para siempre.

        Los Pastores de la Iglesia 2/2

        Este es la segunda entrada del estudio acerca del significado de los pastores en la iglesia realizando por el hermano Samuel Marcano. Para ver el artículo anterior, presiona  Aquí


        Liderazgo y Reforma Protestante. Continuación

        Las siguientes ramificaciones que se dividieron de los primeros grupos reformados, mantuvieron de una u otra forma esta imagen de tener una sola persona al frente de la iglesia. Para las iglesias salidas de la Reforma se asumió que lo natural era tener un solo pastor. Sin embargo, por la misma exigencia del trabajo pastoral, se buscó conciliar la idea de un solo pastor con un equipo de apoyo.  

        Con algunas variantes, las iglesias tenían un pastor junto a un cuerpo directivo, en otras con grupo de ancianos, o un ministro titular con  otros auxiliares. Se crearon diferentes nombres para referirse a los niveles de compromiso o autoridad dentro del trabajo pastoral: pastor titular, pastor auxiliar, obrero, reverendo, encargado.

        En todo este proceso se puede notar el esfuerzo que la iglesia hacía para volver a lo que fue su diseño original establecido por los apóstoles, pero no ha sido fácil lograrlo del todo.

        A esto debe sumarse el hecho de que la idea que muchas iglesias tienen acerca de quiénes pueden ser pastores y cuáles son sus responsabilidades a veces no se corresponde con lo que dice la Escritura o, en el mejor de los casos, se observa una tendencia preocupante a la institucionalización de este ministerio.

        Los Pastores a la luz del  Nuevo Testamento

        De acuerdo a lo que enseña el Nuevo Testamento, los pastores eran creyentes de la misma congregación. Pablo, en su primer viaje misionero, estableció pastores o ancianos en las iglesias de Derbe, Listra, Iconio y Antioquia.

        Estos pastores eran hermanos de estas iglesias, conocidos por todos, vivían en esas ciudades, tenían sus familias allí y trabajaban allí (Hec.14:21-23). La misma instrucción es dada a Timoteo y Tito sobre los pastores/ancianos de Éfeso y Creta respectivamente (1Tim.3:1-7 y Tit 1:5-9).

        De hecho, uno de los rasgos que debían poseer, era el de buen testimonio con los de afuera (los no creyentes), lo cual no sería posible si el creyente no perteneciera a esa misma comunidad.

        Requisitos que deben cumplir 

        Cualquier hermano de la congregación podía ser elegido para asumir la responsabilidad de cuidar la iglesia siempre que su vida reflejara de manera apropiada y madura el carácter de Cristo. Es por eso que Pablo cuando escribe a Timoteo señala que, si alguien de la congregación deseaba ser pastor, era algo bueno, pero antes debía mostrar esos rasgos de madurez (1Tim.3:1-7).

        En forma resumida, esos rasgos incluyen:

        a) Tener una familia bien afirmada (fidelidad a su esposa, hijos amorosamente guiados bajo la voluntad de Dios), b) Poseer un carácter íntegro (no se deja dominar por ninguna pasión sino más bien cultivar en forma permanente las virtudes cristianas) y c) estar capacitado en el manejo adecuado de la Escritura (usa con propiedad la Palabra para enseñar y orientar a los creyentes).

        No solo para Pastores

        De hecho, estos son rasgos que todos los creyentes deben evidenciar en sus vidas. Es algo que Dios espera de todos nosotros, no solo de los que dirigen la iglesia. Se les pide de manera especial, estos rasgos a los pastores porque ellos deben ser ejemplos de ese estilo de vida y servir de modelo ante la congregación de lo que debe ser un discípulo de Cristo.

        Es muy probable que haya varios creyentes con este nivel de madurez espiritual en la congregación. No todos ellos gobernarán la iglesia, pero los que van a ser pastores si deben necesariamente mostrar dicho perfil.

        Cantidad y sostenimiento de Pastores

        Se debe añadir en este punto que el Nuevo Testamento no establece un número fijo para los pastores en una iglesia local de modo que pueden ser mínimo dos hasta la capacidad que la iglesia necesite tener.

        Por otro lado, es evidente en 1 Tim 5:17 que no todos los pastores o ancianos eran sostenidos por la iglesia.

        Esto aplicaba para aquellos que se dedicaban al ministerio de la Palabra y que ejercían apropiadamente el cuidado de la congregación a tiempo completo. Pero también había pastores que tenían sus fuentes regulares de ingreso y no necesitaban de tal ayuda.

        Funciones de los Pastores

        Finalmente, se evidencia que la tarea de los pastores según el Nuevo Testamento estaba relacionada básicamente con tres funciones principales:

        1) La enseñanza de la Escritura

        2) El cuidado personal de los creyentes y

        3) La supervisión del avance de la iglesia.

        Estas funciones están bien representadas en los tres sustantivo empleados mayormente en el Nuevo Testamento para referirse a los que dirigen la iglesia:

        • pastor (cuidado de la vida personal de los creyentes, así como el pastor del campo cuida de las necesidades de cada oveja); 
        • anciano (enseñanza de la Escritura, la figura del anciano representa a alguien que por su madurez ha adquirido sabiduría y asertividad para guiar apropiadamente con la Escritura a otros) y
        • obispo (supervisa, el obispo alude a la figura de alguien que sabe la meta a la que el grupo debe llegar y se esfuerza por conducirlos hasta llegar allá).

        Así como en la historia, el concepto de la pluralidad de pastores en cada iglesia se fue perdiendo, también eso ocurrió en  la naturaleza y función de la tarea pastoral. Durante los primeros siglos de la iglesia, los pastores eran levantados y formados en la misma iglesia local. Tal y como Pablo instruye a Timoteo: “Lo que has oído de mi ante muchos, esto mismo encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2Tim.2:2).

        Preparación teológica de Los Pastores. Historia

        La tarea de formar a los creyentes en el mismo contexto de la iglesia local se fue traspasando con el correr de los siglos a Escuelas Teológicas que llegaron a especializarse en esa tarea.

        Estas escuelas terminaron haciendo énfasis en una educación que privilegiaba la adquisición de conocimiento y no el desarrollo de un carácter cristiano maduro. El resultado fue que los egresados eran por lo general inmaduros e inexpertos en el trabajo pastoral, pero fueron absorbidos rápidamente por las iglesias debido a la gran demanda.

        Conocimiento sin carácter 

        Tenían un título en la mano, pero no habían forjado a través de la experiencia ministerial en sus iglesias locales, un modelo de vida cristiana como base del trabajo pastoral que iban a desarrollar.

        Probablemente estos candidatos también habían asimilado el modelo tradicional de trabajar solos en el pastorado. En el mejor de los casos, quizás podían estar acompañados por un grupo de ancianos de la propia iglesia, lo cual no garantizaba la ausencia de conflictos entre ellos.

        Hoy parece natural pensar que para que alguien sea pastor debe tener estudios teológicos especializados como requisito indispensable. Los estudios teológicos son un recurso importante, pero cuando estos son más valorados que el carácter del candidato o la manera como este conduce a su familia, tenemos un problema.

        Egresados de Escuelas Teológicas

        También se ve con cierta frecuencia que los egresados de Escuelas Teológicas son asignados a iglesias que no les conocen. Estas iglesias receptoras reciben al candidato al pastorado y lo invitan a predicar por varios días.

        Sobre la base de este criterio y algunas preguntas para conocerlo “un poco mejor” se decide darle la oportunidad de pastorear la iglesia, muchas veces empujados por la necesidad de tener un pastor. Nada se sabe de manera profunda sobre el carácter de este candidato, su manejo de los conflictos, su santidad personal, sus relaciones interpersonales, la conducción de su familia (a veces son jóvenes solteros a quienes no se les ha dado la oportunidad de guiar una familia).

        Con esta decisión, la iglesia ha tomado un gran riesgo que en ocasiones no ha terminado bien,  ni para la iglesia ni para el nuevo pastor. Esta ha sido la tumba de muchos nuevos pastores y la vuelta a cero de muchas iglesias frustradas.

        Errores comunes

        En esos casos cuando el candidato queda instalado como pastor, se desarrollan varios tipos de tensiones debidas a las expectativas que tanto la iglesia como él  tienen acerca de lo que es el trabajo pastoral.

        Para algunas iglesias, el pastor era quien debía  hacer la obra del ministerio: evangelizar, administrar, aconsejar, predicar, visitar, etc. Desde esa perspectiva, los miembros de la iglesia son solo espectadores y evaluadores de cómo él  hacía el trabajo.

        En el pasado hubo a veces la expectativa que el mismo mantenimiento físico de la iglesia era responsabilidad del pastor porque para eso recibía un sustento.

        Por otro lado, para algunos pastores su papel era más como la de un gerente que administraba los recursos tanto humanos como materiales de la iglesia. Su espacio de trabajo era una oficina y sus logros se medían por la cantidad de nuevos miembros o el aumento de los ingresos de la iglesia.

        Éxito  ministerial y distorsiones

        El éxito ministerial era cuantitativo con poca preocupación por el crecimiento espiritual de los creyentes. Las organizaciones de iglesias, en lugar de corregir estas desviaciones, las reglamentaron haciendo oficial lo que ya estaba desviado desde un principio.

        Todas estas distorsiones tienen su origen en un alejamiento progresivo del modelo bíblico claramente evidenciado en el Nuevo Testamento. Tanto nos hemos alejado de ese modelo que no sería extraño que al intentar volver a él se entendería como algo escandaloso y fuera de lugar.

        Forma natural de establecer Pastores

        Imagínate  por un momento que en tu iglesia existe un creyente adulto y este, es invitado por el misionero que fundó la congregación  a ser pastor junto a otros creyentes locales que han mostrado un carácter maduro, familias bien constituidas, tienen  pasión por el estudio de la Biblia y la usan apropiadamente; es decir,  han sido reconocidos por la iglesia como creyentes de buen testimonio y de ejemplo para la congregación.

        Tú eres testigo de que un  domingo en la mañana estos creyentes pasan adelante, se arrodillan y hacen un compromiso público de cuidar la iglesia como cuidan sus propias familias.  

        El misionero impone sus manos sobre ellos y los presenta a la iglesia como sus nuevos pastores. Luego, él  sigue su camino y estos creyentes quedan desde ese momento responsables de cuidarse entre ellos y a la iglesia.  ¿Qué tan escandaloso te sonaría esto,  si pasara en tu iglesia hoy?, ¿acaso, no fue esto lo que hizo el apostol Pablo?

        El  Modelo  Bíblico 

        Volver al modelo bíblico no es una opción sino una necesidad. Muchos problemas se pueden evitar si tan solo miramos de nuevo lo que nos enseña la Escritura sobre el pastorado en la iglesia.
        ➖¿Cuántos  pastores podrían ser librados de ceder bajo la presión
        de la tentación y convertirse en escándalo público y escarnio de Satanás si tan solo pudieran pastorear junto a hombres irreprensibles que como sus pares sean capaces de amonestarle a las primeras señales de debilidad?

        ➖¿Cuántos pastores pueden ser librados de enfermedades causadas por el estrés debido al exceso de trabajo si contaran con otros pastores que llevan la carga pastoral de la iglesia igual que él?

        ➖¿Cuántos pastores más jóvenes pueden nutrirse de la experiencia y sabiduría de otros pastores más maduros trabajando juntos en un equipo pastoral?

        ➖ ¿Cuántas iglesias se beneficiarían de ser guiadas por un grupo de creyentes con múltiples dones, pasiones y perspectivas sobre el desarrollo de la iglesia?

        Reflexionemos

        Piensa en Tito, sentado junto al pozo de agua de una de las ciudades de Creta, abriendo el pergamino que su tutor y amigo Pablo le había enviado. En las primeras líneas de la carta una frase resalta por su carácter de urgencia: “corrige lo deficiente y establece ancianos, así como yo te mandé. Si nuestro error ha sido no establecer el modelo bíblico para cuidar la iglesia, así como ha sido mostrado en el Nuevo Testamento, aún estamos a tiempo de enmendarlo.  

        No somos responsables de los errores que otros han cometido en el pasado, pero si lo somos de nuestras decisiones en el presente y seguramente de los resultados que estas decisiones tendrán en las futuras generaciones de la iglesia. Volver al modelo bíblico es una decisión que podemos tomar aquí y ahora.  


        Autor: Hno. Samuel Marcano | Vicerrector Académico del Ministerio ProMETA y profesor de Biblia

        Bibliografía:

        Keeran, Daniel (s.f.). A chronology of primary sources for theemergence of the hierchical church.(s.l)
        Padilla, Rene (1989). Nuevas alternativas de Educación Teológica. Buenos Aires: Nueva Creación 
        Strauch, Alexander.  (2001).  Liderazgo Bíblico de Ancianos.  Littleton: Lewis and Roth Publishers.
        Taylor, Richard (editor general), s.f. Diccionario Teológico Beacon. Missouri: Casa Nazarena de Publicaciones.   
        Valverde, Manuel (2009). Breve historia del liderazgo cristiano. Trabajo de investigación no editado. Guatemala.

        Los Pastores de la Iglesia 1/2

        Los pastores son un regalo del Cristo resucitado a su iglesia (Ef.4:7-11). Como cabeza de la iglesia, Cristo tomo la previsión de proveerla de creyentes que cuidaran de ella y la guiaran en el desarrollo de una vida que glorifique a Dios (1Tes.5:12-13).

        En el Nuevo Testamento se usan diferentes palabras para describir a estos creyentes responsables por el cuidado de la iglesia. En ocasiones se les llama ancianos (Hec.14:23; 1Tim.5:17); otras veces obispos (Fil.1.1) y también se les llama pastores (Ef.4:11). Hay ocasiones donde, en un mismo texto, se usan todas estas palabras (o sus verbos equivalentes) y se aplican a las mismas personas de manera intercambiable:

        ​ «…hizo llamar a los ancianos» (Hec.20:17)

        ​«…el Espíritu Santo os ha puesto por obispos» (Hec.20:28)

        ​«…para apacentar/pastorear al rebaño de Dios» (Hec.20:28)

        Liderazgo en Equipo. Modelo Apostólico

        Desde un principio, la iglesia entendió la importancia de que el trabajo pastoral, dadas sus exigencias, no fuese dejado bajo la responsabilidad de una sola persona. Por eso leemos que la iglesia de Jerusalén tenía varios ancianos/pastores (Hec.11:30).

        Igualmente, el apostol Pablo en todas las iglesias que fundó siguió este mismo patrón de dejar al frente un grupo de pastores que la cuidaran (Hec.14:23; 1Tim.3:1-7; Tit.1:5-9). También Pedro y Santiago en sus cartas reflejan esta misma comprensión de la importancia de que cada iglesia tuviera un liderazgo plural (Stg. 5:14; 1Ped.5:1-3).

        Pablo señala que una de las ventajas de hacer el trabajo pastoral en equipo, es que los pastores pueden cuidarse y apoyarse entre ellos (Hec.20:28). La expresión «mirad por vosotros» tiene esta idea de que los pastores se cuiden mutuamente proveyendo una sana atmosfera de rendición de cuentas, oración unos por otro, transparencia y vigilancia doctrinal.

        A esto se puede añadir que en un cuerpo de ancianos que cuida una iglesia estarán presentes varios dones que ayudarán a mantener un balance apropiado en el cuidado de la congregación, como se muestra en la iglesia de Antioquía (Hec.13:1-3).

        Cambios en el Liderazgo

        Después que los apóstoles murieron, fue emergiendo poco a poco una estructura de liderazgo diferente en las iglesias. A partir del siglo II, se empezó a hacer una diferencia entre las palabras obispo y anciano, dándole al primero un lugar de mayor jerarquía que al segundo.

        Ignacio de Antioquia, por ejemplo, enseñaba que la iglesia debía sujetarse al obispo como a Jesucristo mismo, que sin el obispo no se podía celebrar ni la cena del Señor ni los bautismos y estableció tres niveles de jerarquía en la iglesia: el obispo (singular), los ancianos (plural) y los diáconos.

        Liderazgo Hegemónico

        El pensamiento de Ignacio pronto fue seguido por otros líderes locales como Justino, Ireneo de Lyon, Clemente de Alejandría y Tertuliano. Ya en este momento, el modelo establecido por los apóstoles se había distorsionado avanzando hacia una mayor escala de jerarquización que terminó en la estructura piramidal que actualmente tiene la iglesia católica.

        Además de pasar por alto que las palabras pastor, anciano y obispo se referían al mismo oficio en el Nuevo Testamento, se hizo diferencia entre unos y otros y, lo más grave, se estableció una jerarquía de unos sobre otros que Cristo hubiera condenado como lo hizo en Mateo 20:25-28.

        Liderazgo y Reforma Protestante

        La Reforma Protestante del siglo XVI ciertamente reformó la doctrina hegemónica que hasta el momento se había sostenido acerca de la salvación, sin embargo, no pudo regresar al modelo del Nuevo Testamento sobre el ministerio pastoral.  

        Lutero, aunque defendió en teoría el sacerdocio universal de todos los creyentes, en materia de liderazgo, estableció que las iglesias debían designar un ministro ordenado para celebrar los sacramentos (Cena del Señor y bautismo).

        De esta manera seguía distinguiendo, al igual que la iglesia católica, entre cleros y laicos. Calvino, por su parte, quiso trasladar el concepto de gobierno eclesial a la ciudad misma (Ginebra) y estableció un sistema donde los líderes de la iglesia eran también líderes de la población.

        Estableció cinco pastores sobre toda la ciudad de Ginebra que debían velar por el cuidado espiritual de los ciudadanos; un grupo de maestros (mayor cantidad) que debía enseñar doctrina a todo el pueblo; un grupo de doce ancianos (siguiendo el modelo de los doce apóstoles) que se encargaban de vigilar la conducta de las personas en la ciudad y un grupo de diáconos que, de acuerdo a Hechos 6, se encargaban de cuidar a las viudas, enfermos, ancianos y pobres de la ciudad.

        Es evidente que este modelo ginebrino de Calvino no era la idea bíblica de creyentes que se encargaran de cuidar la iglesia del Señor.

        Continuará…

        Nuestros maestros, verdaderos héroes espirituales

        Saludé a cada alumno cuando salía de la clase. Detrás de mí, el pizarrón todavía exhibía los últimos rastros de mis apuntes. Me preguntaba una y otra vez si habrían aprendido algo, y si de algo había servido esta lección para sus vidas. A juzgar por el rostro de algunos, no parecía haber ningún cambio en ellos. Simplemente sonreían agradeciendo el tiempo de enseñanza o saludándome con afecto y respeto. ¿Tiene sentido todo este esfuerzo que hago domingo tras domingo para compartir con mis alumnos las verdades divinas?

        No sé si usted como maestro de la iglesia ha tenido esta misma sensación. Yo la he vivido algunas veces. Es un sentido de soledad ministerial; nos parece que nuestro trabajo docente no está logrando el resultado esperado o que lo que hacemos no parece tener ningún efecto en aquellos a quienes anhelamos ayudar.

        En momentos como estos, me ha reconfortado pensar que Dios se ha servido de nosotros los maestros para comunicar Su Palabra a los hombres y que nos ha dado el honroso privilegio de explicarles a los demás Su voluntad. Somos maestros; somos un especial regalo que Dios le ha dado a su iglesia para el cumplimiento de su palabra.

        A diferencia del concepto popular que ve al maestro como un simple transmisor de conocimiento, la Biblia presenta al maestro cristiano como alguien que ha sido dotado por el Espíritu Santo con la capacidad de explicar la Palabra de Dios con claridad de modo que resulte en edificación de los creyentes (Ef. 4:11-16; Col.1:28; 1Cor.12:11; 14:12, 26). Enseñar, desde el punto de vista bíblico, no es simplemente informar sobre personajes y acontecimientos del pasado. Es un compromiso de explicar a todos cuál es la forma como Dios piensa, qué diría Dios de lo que hacemos, decimos o pensamos hoy en día. En una palabra, es actualizar nuestros sentidos al pensamiento siempre vigente de Dios. ¿Tiene Dios algo que decir sobre el SIDA, el terrorismo, la clonación, los niños de la calle, el maltrato en el hogar, la pobreza atroz, la inseguridad, la destrucción de la capa de ozono? Los problemas pueden cambiar su ropaje o tinte histórico cultural pero la eterna y siempre viva Palabra de Dios mantendrá en todo tiempo su inmarcesible pertinencia. Y le toca al maestro cristiano actualizar esa pertinencia.

        El papel del maestro en la historia del pueblo de Dios

        La misma misión de la iglesia no sería posible sin la existencia de los maestros. No sé si ha notado que la Gran Comisión está enfocada como una tarea docente. En Mateo 28:19-20 la orden principal es hacer discípulos. En este imperativo está implícito un proceso de enseñanza-aprendizaje. La raíz del verbo discipular incluye la idea de un aprendiz que está siendo formado por alguien. No se puede hacer discípulos sin “enseñarles que guarden todas las cosas que Jesús mandó”.

        Los discípulos de Cristo entendieron este sentido docente de la misión de la iglesia. Temprano se preocuparon por enseñar “todo el consejo de Dios” a los creyentes (Hec. 2:42; 5:42; 20:27). Los mismos libros del Nuevo Testamento tienen su origen en este deseo de enseñar a la iglesia la verdad que Dios había revelado, tal y como lo atestigua Lucas en el prólogo de su evangelio (Luc. 1:1-4), de manera que sin este empeño docente ni siquiera podríamos tener los libros del Nuevo Testamento. ¿Se imagina? Incluso se llegó a escribir en el siglo I una especie de manual de instrucción cristiana llamado la Didajé que consistía en un compendio de las verdades básicas que debía conocer todo nuevo creyente. Tal era la vehemencia con la que enseñaban los primeros seguidores de Jesús a la iglesia.

        Los maestros han sido auténticos propulsores del desarrollo espiritual del pueblo de Dios. En los mismos comienzos de la nación hebrea, Dios utilizó a Moisés, Aarón y otros líderes para enseñar la ley al pueblo. Posteriormente, líderes como Josué, los jueces y Samuel se convirtieron en instructores de la voluntad de Dios para los judíos. En tiempos de crisis Dios levantó profetas que enseñaron al pueblo cuál era Su voluntad y cuándo más lo necesitaron, un maestro llamado Esdras inició un proceso de renovación espiritual basado en una clara y contundente exposición de las Escrituras.

        En tiempos del Nuevo Testamento el modelo de Jesús como maestro marcó el paradigma para el nuevo pueblo de Dios. La iglesia durante su primer siglo de vida pasó por tiempos difíciles también, pero nunca faltaron maestros que con profunda convicción expusieran la Palabra. Las Escrituras dan fe de cómo Pedro, Jacobo, Juan, Pablo y los otros apóstoles enseñaron con denuedo lo que Jesús a su vez les había enseñado. Posteriormente, hombres como Ignacio de Antioquía, Justino Mártir, Ireneo, Tertuliano y Orígenes figuran en la historia como los que dieron continuidad a la doctrina de los apóstoles que la iglesia había recibido en el primer siglo. Muchos de ellos pagaron con su vida la osadía de enseñar tales doctrinas.

        La sana doctrina se mantuvo unida por finos eslabones que a veces parecían demasiado delgados, especialmente cuando la apostasía y la religiosidad popular parecieron extinguir la verdadera piedad cristiana durante la llamada Edad Media. Pero Dios siempre se reservó un remanente fiel.

        El tiempo de la Reforma levantó hombres como Lutero, Zwinglo, Cramer, Tyndale, Knox, Calvino y otros, quienes fueron como faros en medio de una auténtica tormenta de ideas y luchas radicales. El tiempo nos faltaría para hablar de otros que, en épocas más recientes como Wesley, Whitfield, Spurgeon, Moody y Lewis se empeñaron en ser voces proféticas a una sociedad que, desenfrenada en la búsqueda de la satisfacción material bajo la religión de la industrialización, había olvidado los verdaderos valores espirituales.

        Hemos mencionado sólo algunos maestros, tal vez los más conocidos, pero obviamente en muchas comunidades cristianas Dios levantó a hombres y mujeres que guiados por el Espíritu Santo comunicaron con claridad y certeza Su Palabra, todos igualmente preciados maestros de Dios.

        El maestro, portavoz de la sana doctrina, portador de la Palabra de Dios

        ¿Y qué de nuestros tiempos? Le ha tocado al maestro cristiano ser de nuevo portavoz de la sana doctrina en medio del caos que ha traído consigo la postmodernidad. El individualismo (creer que no necesitamos de nadie), el relativismo moral (por un lado, no hay verdades absolutas y, por otro, nada es malo ni bueno en sí mismo; todo depende) y el eclecticismo (mezcla peligrosa de filosofías, religiones y pseudociencias para formar nuevas corrientes como la de la Nueva Era) están amenazando peligrosamente al Pueblo de Dios.

        Cuando un maestro prepara semana tras semana su estudio bíblico para compartirlo con profunda convicción a sus alumnos está afirmando que la Biblia es verdad absoluta y digna de toda confianza. De esta manera le hace frente al relativismo acomodaticio de nuestros días. Cada vez que enseña y modela los valores cristianos muestra lo que espera Dios de todo hombre y con ello le da una certera estocada al relativismo moral. Y, finalmente, al compartir sus dones con sus alumnos y animarlos a hacer lo mismo refuerza el concepto de comunidad donde la iglesia es una gran familia y donde todos nos necesitamos unos a otros. De esta manera destruye la prédica del individualismo como un ideal de nuestra sociedad contemporánea. Por eso cada maestro es un auténtico héroe anónimo de nuestra iglesia. Un heredero auténtico de esa estirpe de hombres y mujeres que durante siglos han sido los defensores de uno de los frentes más importantes de la iglesia: la sana doctrina.

        Así que, estimado colega, si sientes que tu trabajo posiblemente no esté siendo valorado por otros, si muy pocos te han dicho cómo el Señor los ha cambiado gracias a lo que has enseñado, si pocos están dispuestos a mostrar el mismo compromiso que tú muestras y si tú mismo has perdido algo de fe en lo que estás haciendo, recuerda lo más preciado de esta breve reflexión:

        Dios te ha llamado de entre muchos para dotarte con el extraordinario don de la enseñanza, no para que cambies a los demás (déjale eso al Espíritu Santo), sino para que comuniques de manera paciente, dinámica y constante las verdades preciosas de Su Palabra sin lo cual no sería posible el establecimiento, crecimiento y expansión de la iglesia.

        He aquí una sencilla pero suficiente razón para que tu ministerio docente en la iglesia sea revitalizado por la acción del Espíritu Santo. Permite que Dios, al igual que lo hizo con Zorobabel, Josué y el resto del pueblo, despierte tu espíritu y te anime a cumplir con fidelidad el llamado que te ha hecho para enseñar a su pueblo (Hag.1: 14).

        Ánimo y adelante.


        Publicado originalmente en el Blog de Samuel Marcano

        La Educación Teológica en el Oriente de Venezuela | Reseña

        Los primeros intentos de formación teológica en el oriente venezolano tomaron la forma de educación no formal. Los primeros misioneros, impulsados por el deseo de una expansión más acelerada, empezaron a entrenar a líderes que estaban surgiendo en distintos lugares del oriente. Al principio seria más como un discipulado personal y básico pero después se incluyeron aspectos sobre la doctrina en general y la eclesiología en particular.

        Se ofreció entrenamiento más concentrado para atender a la vez a varios de estos líderes emergentes y surgieron las llamadas “Conferencia Bíblicas”, que eran una especie de retiro espiritual para estudiar temas o materias de formación ministerial de manera intensiva. Estas conferencias se rotaban de región en región para alcanzar a un cada vez más creciente número de líderes en formación, los cuales fueron llamados “obreros nacionales” para distinguirlos de los misioneros de la Orinoco River Mission (ORM).

        Había centros de formación para obreros nacionales en varias ciudades importantes del oriente como Carúpano, Margarita, Ciudad Bolívar, Barcelona y Maturín. Esto supuso un esfuerzo importante para los misioneros de la ORM porque al tiempo que seguían avanzando en la expansión de nuevos “centros de predicación” debían viajar para entrenar a los obreros nacionales.

        Con el tiempo, se le cambió el nombre a estas Conferencias y fueron llamadas “Institutos Bíblicos Ambulantes”. Lewis explica la naturaleza de estos institutos:

        “…no era una institución educativa que estaba establecida en un solo lugar con alumnado residente; sino mas bien, una actividad de adiestramiento que duraba pocos días, o cuando más, pocas semanas. Se fijaban horas de estudio y cursos, según los maestros que estuvieran disponibles, el local que consiguiera y los alumnos que se inscribieran”. (p.257)

        Estos institutos fueron el antecedente más cercano a lo que posteriormente fue el Instituto Bíblico las Delicias (IBLD), este último llegó a ser por más de 50 años la única institución de educación teológica formal de la ASIGEO.

        Un buen grupo de los pastores, misioneros, maestros de Biblia y evangelistas que atendieron a las iglesias de ASIGEO entre la década de los 40 y los 80 fueron egresados de esta institución. Era una institución residencial, interna y presencial que combinaba, especialmente en los primeros años, los estudios de Biblia y ministerio con estudios en áreas como lengua española, aritmética, historia general, matemáticas y formación social. Esto se debió a que la mayoría de los alumnos que ingresaban al instituto no tenían educación primaria y requerían estos cursos de nivelación para avanzar con sus estudios bíblicos.

        Debido a varias razones, en la década de los noventa el instituto cerró sus puertas como centro de formación residencial e interna. A partir de ese tiempo, las iglesias de la organización han buscado formas alternas de ofrecer preparación teológica a sus líderes. Estas formas van desde la búsqueda de programas foráneos hasta la creación de centros de adiestramientos en las propias iglesias locales. Recientemente, el IBLD está ofreciendo entrenamiento no residencial (por extensión) en algunas iglesias que funcionan como centro de adiestramiento regionales para varios líderes de la ciudad.

        Un resumen entonces de lo que ha sido la experiencia de educación teológica en nuestras iglesias sería el siguiente:

        1. En una primera etapa (1917-1920): Educación no formal personalizada y enfocada mas a la formación doctrinal (mas al estilo de un discipulado o mentoría)

        2. En una segunda etapa (1920-1930): Educación no formal colectiva y regionalizada enfocada más al manejo de destrezas y habilidades para el ministerio.

        3. En una tercera etapa (1939-1990): Educación formal centrada e institucionalizada, enfocada más en los tipos de ministerio necesarios para el establecimiento y expansión de la obra: pastores, misioneros, evangelistas, maestros.

        4. En una cuarta etapa (1990 al presente): Coexistencia de varios modelos de formación teológica: Educación formal descentralizada (IBLD), Educación Teológica basada en la iglesia local, Educación Teológica a distancia.

        Mucho se puede decir de los aciertos o errores de esta experiencia de formación teológica que abarcó los primeros cincuenta años de historia del evangelio en el oriente. Pero algo que es innegable es el esfuerzo de los lideres (misioneros primeros y después los obreros nacionales) para enfrentar los desafíos que le presentaban aquellos tiempos siendo fieles y consecuentes con los principios bíblicos. A mi entender ellos lograron la meta de proveer la mejor formación teológica disponible en su tiempo para el liderazgo emergente. Y esto es un excelente ejemplo para nosotros que debe animarnos en la búsqueda de modelos eficientes que también nos ayuden en enfrentar con éxito nuestros propios desafíos. Ellos convirtieron esos desafíos en oportunidades.


        Bibliografía | Lewis, Alvin y Minnie de Lewis (1994). Historia de la iglesia Evangélica del Oriente de Venezuela. s.l.